De Howard y las industrias
Se nos va el año con la Asamblea Legislativa enredada otra vez en su propia desidia, con dos proyectos de ley que podrían ser cruciales para la clase de país que queremos en el nuevo siglo, si el mismo rural oscilante entre centroamericano y haitiano, maquillado con algo de Miami, u otro pujante y moderno camino hacia el primer mundo.
Son los proyectos de Howard y de fomento industrial. El primero busca convertir a la inmensa ex base aérea norteamericana en un emporio industrial de alta tecnología; y el segundo persigue dar a la industria nacional el mismo último respiro de oxígeno que todos entendemos requiere nuestra agricultura antes de la inevitable apertura de mercado que entraña la suscripción de tratados de libre comercio (TLC) como los celebrados con El Salvador y Taiwán y el que negociaremos con Estados Unidos.
De pronto, tras ser largamente discutidos, estudiados y consensuados se encuentran empantanados, en medio de un marasmo politiquero acicateado por la campaña electoral y la ignorancia extrema. Paralelo a eso, tenemos la indiferencia del Ejecutivo, donde se gestaron ambos proyectos a costo de millones de balboas en estudios para su elaboración. Y lo más sorprendente es descubrir que éste ni siquiera ha superado el problema conceptual sobre la conveniencia de uno y de otro.
Y es que el Ejecutivo, distrayendo las últimas energías de su mandato, en un inexplicable forcejeo por un camino selvático que se perderá al primer aguacero, no ha comprendido la importancia estratégica de Howard y su inmenso patrimonio valorado en más de mil millones de balboas que se está perdiendo de puro ocio. Entiéndase, por si no lo sabe, que no hay ninguna otra área del mundo con mejor ubicación y condiciones para convertirse en un Hong Kong, en un emporio de riqueza. Es la oportunidad dorada, tan anhelada por el millón de humildes panameños de Panamá Oeste, esto es, Arraiján, La Chorrera, Capira, Bejuco y más allá, ahora con la autopista.
Menos parece haber entendido que la industria nacional requiere de un mínimo de protección por los quince o veinte años que suelen imponer los TLC para garantizar la supervivencia de las plazas de empleo que tenemos por al menos los primeros años. Lo único que hay que cuidar es que no haya los negociados que hubo con los CATS y demás abusos del "club de exonerados". Otros países, líderes en el proceso de apertura, lo han hecho con su industria clave y estratégica. Es cuestión de hacer igual, pero hacerlo bien, a favor de las industrias que lo merezcan, de las que inviertan en exportación, reconversión, modernización y eficiencia, altas generadoras de buenos empleos, con un sacrificio fiscal gradual, descendente, controlado y razonable.
También advertimos, ante el despacho de la Procuraduría General de la República, que es menester que todos los panameños nos unamos en franca alianza de solidaridad por los pobres y necesitados de esta nación. Hay que exigir responsabilidad y entender, como dijo el Presidente Toledo en Perú, "...o pagamos la deuda externa o toleramos los contratos de UNION FENOSA, o nuestro pueblo se muere de hambre".
De eso se trata, señores del gobierno, entender que nunca jamás la tan cacareada seguridad jurídica podrá estar por encima de todo un pueblo y de su gente que anhela vivir digna y decorosamente -derecho de los pueblos al desarrollo individual y social-; a tener mejores niveles y condiciones de vida; a que sus hijos, hombres y mujeres puedan mantener un nivel de vida decente y atendiendo a la dignidad humana. Lo dicho por la Presidenta traduce un poco importa, una indiferencia, simple y sencillamente, "que los pobres se jodan".
Pero en todas estas causas, siempre al lado de los pobres y con ayuda de ellos, allí estará Poder Social Siglo XXI, defendiendo lo que Dios manda: ¡A los pobres!
Son los proyectos de Howard y de fomento industrial. El primero busca convertir a la inmensa ex base aérea norteamericana en un emporio industrial de alta tecnología; y el segundo persigue dar a la industria nacional el mismo último respiro de oxígeno que todos entendemos requiere nuestra agricultura antes de la inevitable apertura de mercado que entraña la suscripción de tratados de libre comercio (TLC) como los celebrados con El Salvador y Taiwán y el que negociaremos con Estados Unidos.
De pronto, tras ser largamente discutidos, estudiados y consensuados se encuentran empantanados, en medio de un marasmo politiquero acicateado por la campaña electoral y la ignorancia extrema. Paralelo a eso, tenemos la indiferencia del Ejecutivo, donde se gestaron ambos proyectos a costo de millones de balboas en estudios para su elaboración. Y lo más sorprendente es descubrir que éste ni siquiera ha superado el problema conceptual sobre la conveniencia de uno y de otro.
Y es que el Ejecutivo, distrayendo las últimas energías de su mandato, en un inexplicable forcejeo por un camino selvático que se perderá al primer aguacero, no ha comprendido la importancia estratégica de Howard y su inmenso patrimonio valorado en más de mil millones de balboas que se está perdiendo de puro ocio. Entiéndase, por si no lo sabe, que no hay ninguna otra área del mundo con mejor ubicación y condiciones para convertirse en un Hong Kong, en un emporio de riqueza. Es la oportunidad dorada, tan anhelada por el millón de humildes panameños de Panamá Oeste, esto es, Arraiján, La Chorrera, Capira, Bejuco y más allá, ahora con la autopista.
Menos parece haber entendido que la industria nacional requiere de un mínimo de protección por los quince o veinte años que suelen imponer los TLC para garantizar la supervivencia de las plazas de empleo que tenemos por al menos los primeros años. Lo único que hay que cuidar es que no haya los negociados que hubo con los CATS y demás abusos del "club de exonerados". Otros países, líderes en el proceso de apertura, lo han hecho con su industria clave y estratégica. Es cuestión de hacer igual, pero hacerlo bien, a favor de las industrias que lo merezcan, de las que inviertan en exportación, reconversión, modernización y eficiencia, altas generadoras de buenos empleos, con un sacrificio fiscal gradual, descendente, controlado y razonable.
También advertimos, ante el despacho de la Procuraduría General de la República, que es menester que todos los panameños nos unamos en franca alianza de solidaridad por los pobres y necesitados de esta nación. Hay que exigir responsabilidad y entender, como dijo el Presidente Toledo en Perú, "...o pagamos la deuda externa o toleramos los contratos de UNION FENOSA, o nuestro pueblo se muere de hambre".
De eso se trata, señores del gobierno, entender que nunca jamás la tan cacareada seguridad jurídica podrá estar por encima de todo un pueblo y de su gente que anhela vivir digna y decorosamente -derecho de los pueblos al desarrollo individual y social-; a tener mejores niveles y condiciones de vida; a que sus hijos, hombres y mujeres puedan mantener un nivel de vida decente y atendiendo a la dignidad humana. Lo dicho por la Presidenta traduce un poco importa, una indiferencia, simple y sencillamente, "que los pobres se jodan".
Pero en todas estas causas, siempre al lado de los pobres y con ayuda de ellos, allí estará Poder Social Siglo XXI, defendiendo lo que Dios manda: ¡A los pobres!