De Irán a Panamá
Las revueltas de estas últimas semanas ocurridas en Irán se han convertido en el mayor desafío y en un símbolo a la libertad que estamos obligados a defender en todo momento, particularmente cuando la legitimidad política de un país está en juego, y más tratándose de uno que, dada su importancia estratégica, crea una sucesión de conflictos que terminan por afectar la estabilidad y la paz mundial. Ninguna nación, inclusive Panamá, puede sentirse indiferente por lo que está ocurriendo en Irán ante las pretensiones de Mahmud Ahmadineyad de aislar las cientos de miles de voces que hoy protestan en ese país islámico ante los cuestionados resultados electorales que le dieron el triunfo a Ahmadineyad.
Irán es un eslabón fundamental del equilibrio mundial en esa vulnerable región. Contrasta su importancia geoestratégica con el pretendido aislamiento en que la desea convertir el presidente de esta república islámica, Ahmedineyad, quien reclama el triunfo desoyendo las voces de protestas que claman, a su vez, por un cambio.
El compromiso de todas las voces en el extranjero es hoy uno solo: la libertad de expresión para garantizar los derechos de todo un pueblo de conocer con claridad la voluntad expresada en las urnas. La solidaridad con esas voces es un compromiso ineludible de toda persona con vocación democrática.