De justicia poco queda
Hace unos meses conversaba con mi tío, el Dr. Bernardino González Ruiz, y salió a relucir el nombre de un personaje de hace muchos años. Me decía: "Hasta fue Magistrado de la Corte Suprema de Justicia"; lo dijo en un tono tal que yo le llamé la atención al respecto por la forma respetuosa en la que se refirió. ¿Ve usted lo que significaban aquellos hombres que ocupaban la posición de Magistrado? ¡Qué diferencia con los de hoy que no gozan de ninguna consideración del pueblo! Nos hemos acostumbrado a verlos envueltos en escándalos, en malos fallos, en actos de corrupción. No hay seriedad cuando se imparte justicia.
Luego de ser liberados en 1989, se nombró dizque una Corte de lujo. Creímos en ella; sin embargo, sé de un caso en el que tres de esos lujosos magistrados dieron un fallo injusto y nunca dieron la cara como debían (esto, sin entrar en detalles).
Los escándalos de los últimos años no tienen nombre: la morosidad legal, las porquerías a todo nivel, desde abajo hasta la cabeza que es por donde empieza a pudrirse el pescado. No creo saludable lo que sucede actualmente y los panameños nos preguntamos si son las personas que ocupan esos puestos o es la vulnerabilidad del sistema que permite la corrupción.
Se dice que las coimas, los vendidos y otras situaciones llevan a la justicia a una inseguridad que no permite el desarrollo del país.
Sin seguridad jurídica no veremos inversiones privadas, ni nacionales ni extranjeras. No conozco el programa económico de este gobierno, pero quiero pensar que está o estará dirigido a la creación de trabajo, sobre todo para la juventud. Con una justicia podrida no arrancaremos nunca.
En cuanto a si deben o no renunciar los nueve magistrados, es relativo. Sería un barrido de "por aquí pasa mi suegra"; sería un enmascaramiento de los vacíos existentes en la Constitución, en este caso, para el escogimiento de esos señores.
Imagínense que haya una renuncia colectiva, el Ejecutivo nombraría a todos a su manera y, desde luego, si no existen perfiles definidos, si no hay concursos, el Presidente lo haría de entre sus amigos y copartidarios, ya que su ambición de poder es tal que no le basta con el control de dos poderes, sino que busca el tercero para gobernar a sus anchas sin quien se le oponga nadie y, con el corte autoritario que muestra por herencia. Que Dios nos coja confesados. Y ¡ay! de alguien que se oponga.
Si en 1990 se hubiera elaborado una nueva Constitución en vez de seguir con la de corte castrense, otra cosa sería. Lamentablemente, no hubo decisión y seguimos con esa misma "porquericancha" llena de grandes baches y necesidades. Eso ya es pasado, pero no lo repitamos.
¿Qué de la Constituyente? Pienso también que una renuncia masiva traería un golpe fatal a la institucionalidad, aunque sin esta Corte andaríamos igualmente bien o mal. Ahora, ¿qué sucedería con los diputados a quienes les toca juzgar a los magistrados, pero éstos juzgan a aquéllos y forman así un bailecito de pareja en que sólo tienen que acoplarse, bailar correctamente y se ganan el concurso? Si el parejo va hacia atrás, la pareja lo sigue y viceversa. El país no soporta tantos golpes bajos y, si la gente pensante mostramos indiferencia, los aprovechadores nos robarán el mandado.
Esperamos una explosión social que no sería beneficioso para el país. Todos los que tenemos que ver algo con política somos mirados como leprosos y nadie quiere vernos. Pero, nuestros dirigentes son responsables. Nos hemos debilitado tanto que estamos volviendo a la época en que los gremios asumimos el papes de los políticos por el vacío existente.
Ahora, los gremios empresariales manejan en cierta forma la situación mientras los partidos callan, apartándose cada vez más de sus obligaciones sociales y morales con el pueblo. Los que están en el gobierno, callan también porque si se reabre el CEMIS, saldrán muchos embarrados.
¡Dios! No tenemos para dónde tomar dirección y la falta de liderazgo nos ahoga. ¿Qué haremos en un momento así? La situación es difícil y ojalá no aparezca un Chávez que se haga el líder y el pueblo, sediento de un personaje, lo siga. Mejor, actuar correctamente.
Luego de ser liberados en 1989, se nombró dizque una Corte de lujo. Creímos en ella; sin embargo, sé de un caso en el que tres de esos lujosos magistrados dieron un fallo injusto y nunca dieron la cara como debían (esto, sin entrar en detalles).
Los escándalos de los últimos años no tienen nombre: la morosidad legal, las porquerías a todo nivel, desde abajo hasta la cabeza que es por donde empieza a pudrirse el pescado. No creo saludable lo que sucede actualmente y los panameños nos preguntamos si son las personas que ocupan esos puestos o es la vulnerabilidad del sistema que permite la corrupción.
Se dice que las coimas, los vendidos y otras situaciones llevan a la justicia a una inseguridad que no permite el desarrollo del país.
Sin seguridad jurídica no veremos inversiones privadas, ni nacionales ni extranjeras. No conozco el programa económico de este gobierno, pero quiero pensar que está o estará dirigido a la creación de trabajo, sobre todo para la juventud. Con una justicia podrida no arrancaremos nunca.
En cuanto a si deben o no renunciar los nueve magistrados, es relativo. Sería un barrido de "por aquí pasa mi suegra"; sería un enmascaramiento de los vacíos existentes en la Constitución, en este caso, para el escogimiento de esos señores.
Imagínense que haya una renuncia colectiva, el Ejecutivo nombraría a todos a su manera y, desde luego, si no existen perfiles definidos, si no hay concursos, el Presidente lo haría de entre sus amigos y copartidarios, ya que su ambición de poder es tal que no le basta con el control de dos poderes, sino que busca el tercero para gobernar a sus anchas sin quien se le oponga nadie y, con el corte autoritario que muestra por herencia. Que Dios nos coja confesados. Y ¡ay! de alguien que se oponga.
Si en 1990 se hubiera elaborado una nueva Constitución en vez de seguir con la de corte castrense, otra cosa sería. Lamentablemente, no hubo decisión y seguimos con esa misma "porquericancha" llena de grandes baches y necesidades. Eso ya es pasado, pero no lo repitamos.
¿Qué de la Constituyente? Pienso también que una renuncia masiva traería un golpe fatal a la institucionalidad, aunque sin esta Corte andaríamos igualmente bien o mal. Ahora, ¿qué sucedería con los diputados a quienes les toca juzgar a los magistrados, pero éstos juzgan a aquéllos y forman así un bailecito de pareja en que sólo tienen que acoplarse, bailar correctamente y se ganan el concurso? Si el parejo va hacia atrás, la pareja lo sigue y viceversa. El país no soporta tantos golpes bajos y, si la gente pensante mostramos indiferencia, los aprovechadores nos robarán el mandado.
Esperamos una explosión social que no sería beneficioso para el país. Todos los que tenemos que ver algo con política somos mirados como leprosos y nadie quiere vernos. Pero, nuestros dirigentes son responsables. Nos hemos debilitado tanto que estamos volviendo a la época en que los gremios asumimos el papes de los políticos por el vacío existente.
Ahora, los gremios empresariales manejan en cierta forma la situación mientras los partidos callan, apartándose cada vez más de sus obligaciones sociales y morales con el pueblo. Los que están en el gobierno, callan también porque si se reabre el CEMIS, saldrán muchos embarrados.
¡Dios! No tenemos para dónde tomar dirección y la falta de liderazgo nos ahoga. ¿Qué haremos en un momento así? La situación es difícil y ojalá no aparezca un Chávez que se haga el líder y el pueblo, sediento de un personaje, lo siga. Mejor, actuar correctamente.