De la mezcolanza de muertes y política
Años atrás, los medios de comunicación recibieron, por parte de la Comisión de la Verdad, informes que sacaban a relucir "los crímenes de la dictadura". En tal ocasión, hace más de dos años, me invitó a ir al diario La Prensa su director de entonces, Stanley Muschett, para hablar sobre el caso de Héctor Gallegos, ante el famoso periodista peruano Gustavo Gorriti, además de la presencia de Edilma Gallegos, hermana del sacerdote cobarderdemente secuestrado y seguramente asesinado. El interés de los medios por esos asuntos pasados tenía de todo: desde reivindicar realmente los dolores de los deudos, hasta condenar una vez más al general Torrijos por aquellos hechos, y de paso, comprometer de alguna manera a Martín Torrijos, a fin de afectar su creciente liderazgo y control político del PRD, y su inminente candidatura presidencial.
La llamada Comisión de la Verdad ha tenido defensores y detractores, y su buena fe e imparcialidad está cuestionada luego de las renuncias de algunos de sus miembros iniciales y de los escándalos sobre los juicios en Estados Unidos (EU) sobre la labor del perro Eagle y su dueña, además de los cargos que hizo localmente un antropólogo que integró tal comisión, en el sentido de que "se manipularon osamentas para colocarlas en determinados lugares".
Escuché hace unas semanas a Patria Portugal, hija de Heliodoro Portugal, lamentarse de la forma como se venía manipulando y mezclando muertes con política.
En la reunión a la que me invitaron e hice referencia al inicio, en vista de que la presencia de la señora Gallegos hacía obligante hablar sobre el asunto del secuestro de su hermano , pregunté a los entonces presentes si recordaban quién ejercía como Obispo de Veraguas en aquellos días del hecho criminal. Nadie lo precisó. Les recordé que se trataba del Obispo Martín Legarra, un español de fogoso verbo y nada permisivo con los militares. Entonces les dije algo que nadie de ellos, ni la señora Edilma, habían escuchado: un íntimo amigo de Omar, piloto de aviación, ex gerente de la línea COPA y hombre probo a carta cabal, con gran militancia católica reconocida por la Iglesia, cuyo nombre expuse, recibió en tiempos anteriores al caso criminal contra el Padre Héctor, la visita del Obispo Martín Legarra, quien iba a solicitarle concretamente al íntimo del general Torrijos el gran favor de que el Jefe de Gobierno y Comandante consiguiera que el poderoso G-2, renuente a hacerlo, le renovara la visa de ingreso nuevamente al entonces seminarista avanzado (no estaba ordenado) Héctor Gallegos. El amigo del General Torrijos y de la Iglesia me contó concretamente cómo logró en el momento localizar telefónicamente al líder nacional, y éste le pidió quedarse en la línea mientras que él contactaba al responsable de recibir y hacer válida la orden de que a Héctor se le volviese a dar ingreso en Panamá y pudiese ir nuevamente a Santa Fe, en Veraguas.
Luego de esta anécdota, que podía ser confirmada con nombres y teléfonos, pregunté a los participantes, pero en especial a la señora Edilma, ¿creen que Omar Torrijos, en el evento de que el Padre Gallegos fuese un peligro para la seguridad interna del gobierno (cosa absurda para mí), iba a mostrar interés por dejar ingresar a Panamá al futuro sacerdote Gallegos, para luego mandarlo a secuestrar? ¿No habría sido más lógico y fácil dejar al religioso en Colombia, donde se encontraba y que no molestara en lo interno? Hay, además, fuertes indicios de que Omar había cruzado comunicación amistosa con Gallegos. Todos se sorprendieron en aquella reunión de esos hechos.
En estos tiempos electorales, aplicando la ley de la hamaca, vemos ir y venir el tema de los desaparecidos. Se hace mezcolanza de muertos con política. Buscamos cuáles son los propósitos de esa renovada campaña ahora en tiempo electoral, luego de la oportunidad plena de hacerlo con un gobierno arnulfista a partir de 1989. ¿Cristiana caridad y solidaridad con los familiares de los asesinados o desaparecidos? No me lo creo, salvo de muy pocos realmente solidarios en Cristo.
Sé que algunos lo hacen por el sano prurito jurídico de que se investiguen, como también lo creemos justo y necesario, todos los atentados contra los derechos humanos consagrados en nuestras leyes. Y un grupo, no menos numeroso y sin escrúpulos, lo hace buscando la carambola diabólica de relacionar a los desaparecidos con Martín, manchando primero a Omar Torrijos. Se utilizan, incluso, medios oficiales, pagados con impuestos de todos, excluyendo a testigos históricos que podrían aclarar lo acontecido.
Se ha querido hacer aparecer todas las investigaciones con el manto sagrado de la Iglesia. Sin embargo, esos "cristianos" no son capaces de leer y menos de repetir las palabras del extinto Monseñor Marcos McGrath en el funeral del General, cuando dijo públicamente (puede conseguirse el texto íntegro en una edición especial de la Revista Lotería): "Omar Torrijos fue un hombre compasivo y puedo decir sin temor a exagerar que él vivió el espíritu de misericordia del Señor. Amó a los pobres, no sólo de Panamá sino del tercer mundo, y trató de ayudarles a vivir su propia dignidad. Dios sabrá perdonarle sus errores y fallas, pero también sabrá reconocerle sus muchas virtudes"
Naturalmente tales frases, de un prelado que investigó profundamente el caso Gallegos y otros, chocan en la mente de algunos enemigos acérrimos de Omar, de los que quieren voltear patas arriba el Evangelio de Lucas (6) donde Jesús dice: "amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, recen por los que los injurien". Tales enemigos de Torrijos predican más bien, "odien con saña y para siempre a sus enemigos políticos, y más si están fallecidos, y aumenten ese odio contra sus hijos, especialmente si Dios les puede conceder el poder en el país".
Respetando el derecho jurídico y moral de cada deudo de desaparecido o asesinado de clamar por justicia y claridad en esos hechos bochornosos, reafirmados con la propia muerte por asesinato del General, provocado por poderes de afuera y adentro que ni él pudo controlar, sabemos que para muchos de los "justicieros" de hoy, lo único que está de por medio es el síndrome del terror paralizante debido a que un hijo del General Torrijos está próximo a gobernar, con la voluntad de las mayorías, Dios primero. Para ellos, el supuesto sentimiento de solidaridad con las penas de los familiares de las víctimas, no pasa de ser una hipocresía de baja ralea, un fariseismo bastardo, una excusa rabiosa.
(robmeldi2@cwpanama.net).
La llamada Comisión de la Verdad ha tenido defensores y detractores, y su buena fe e imparcialidad está cuestionada luego de las renuncias de algunos de sus miembros iniciales y de los escándalos sobre los juicios en Estados Unidos (EU) sobre la labor del perro Eagle y su dueña, además de los cargos que hizo localmente un antropólogo que integró tal comisión, en el sentido de que "se manipularon osamentas para colocarlas en determinados lugares".
Escuché hace unas semanas a Patria Portugal, hija de Heliodoro Portugal, lamentarse de la forma como se venía manipulando y mezclando muertes con política.
En la reunión a la que me invitaron e hice referencia al inicio, en vista de que la presencia de la señora Gallegos hacía obligante hablar sobre el asunto del secuestro de su hermano , pregunté a los entonces presentes si recordaban quién ejercía como Obispo de Veraguas en aquellos días del hecho criminal. Nadie lo precisó. Les recordé que se trataba del Obispo Martín Legarra, un español de fogoso verbo y nada permisivo con los militares. Entonces les dije algo que nadie de ellos, ni la señora Edilma, habían escuchado: un íntimo amigo de Omar, piloto de aviación, ex gerente de la línea COPA y hombre probo a carta cabal, con gran militancia católica reconocida por la Iglesia, cuyo nombre expuse, recibió en tiempos anteriores al caso criminal contra el Padre Héctor, la visita del Obispo Martín Legarra, quien iba a solicitarle concretamente al íntimo del general Torrijos el gran favor de que el Jefe de Gobierno y Comandante consiguiera que el poderoso G-2, renuente a hacerlo, le renovara la visa de ingreso nuevamente al entonces seminarista avanzado (no estaba ordenado) Héctor Gallegos. El amigo del General Torrijos y de la Iglesia me contó concretamente cómo logró en el momento localizar telefónicamente al líder nacional, y éste le pidió quedarse en la línea mientras que él contactaba al responsable de recibir y hacer válida la orden de que a Héctor se le volviese a dar ingreso en Panamá y pudiese ir nuevamente a Santa Fe, en Veraguas.
Luego de esta anécdota, que podía ser confirmada con nombres y teléfonos, pregunté a los participantes, pero en especial a la señora Edilma, ¿creen que Omar Torrijos, en el evento de que el Padre Gallegos fuese un peligro para la seguridad interna del gobierno (cosa absurda para mí), iba a mostrar interés por dejar ingresar a Panamá al futuro sacerdote Gallegos, para luego mandarlo a secuestrar? ¿No habría sido más lógico y fácil dejar al religioso en Colombia, donde se encontraba y que no molestara en lo interno? Hay, además, fuertes indicios de que Omar había cruzado comunicación amistosa con Gallegos. Todos se sorprendieron en aquella reunión de esos hechos.
En estos tiempos electorales, aplicando la ley de la hamaca, vemos ir y venir el tema de los desaparecidos. Se hace mezcolanza de muertos con política. Buscamos cuáles son los propósitos de esa renovada campaña ahora en tiempo electoral, luego de la oportunidad plena de hacerlo con un gobierno arnulfista a partir de 1989. ¿Cristiana caridad y solidaridad con los familiares de los asesinados o desaparecidos? No me lo creo, salvo de muy pocos realmente solidarios en Cristo.
Sé que algunos lo hacen por el sano prurito jurídico de que se investiguen, como también lo creemos justo y necesario, todos los atentados contra los derechos humanos consagrados en nuestras leyes. Y un grupo, no menos numeroso y sin escrúpulos, lo hace buscando la carambola diabólica de relacionar a los desaparecidos con Martín, manchando primero a Omar Torrijos. Se utilizan, incluso, medios oficiales, pagados con impuestos de todos, excluyendo a testigos históricos que podrían aclarar lo acontecido.
Se ha querido hacer aparecer todas las investigaciones con el manto sagrado de la Iglesia. Sin embargo, esos "cristianos" no son capaces de leer y menos de repetir las palabras del extinto Monseñor Marcos McGrath en el funeral del General, cuando dijo públicamente (puede conseguirse el texto íntegro en una edición especial de la Revista Lotería): "Omar Torrijos fue un hombre compasivo y puedo decir sin temor a exagerar que él vivió el espíritu de misericordia del Señor. Amó a los pobres, no sólo de Panamá sino del tercer mundo, y trató de ayudarles a vivir su propia dignidad. Dios sabrá perdonarle sus errores y fallas, pero también sabrá reconocerle sus muchas virtudes"
Naturalmente tales frases, de un prelado que investigó profundamente el caso Gallegos y otros, chocan en la mente de algunos enemigos acérrimos de Omar, de los que quieren voltear patas arriba el Evangelio de Lucas (6) donde Jesús dice: "amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, recen por los que los injurien". Tales enemigos de Torrijos predican más bien, "odien con saña y para siempre a sus enemigos políticos, y más si están fallecidos, y aumenten ese odio contra sus hijos, especialmente si Dios les puede conceder el poder en el país".
Respetando el derecho jurídico y moral de cada deudo de desaparecido o asesinado de clamar por justicia y claridad en esos hechos bochornosos, reafirmados con la propia muerte por asesinato del General, provocado por poderes de afuera y adentro que ni él pudo controlar, sabemos que para muchos de los "justicieros" de hoy, lo único que está de por medio es el síndrome del terror paralizante debido a que un hijo del General Torrijos está próximo a gobernar, con la voluntad de las mayorías, Dios primero. Para ellos, el supuesto sentimiento de solidaridad con las penas de los familiares de las víctimas, no pasa de ser una hipocresía de baja ralea, un fariseismo bastardo, una excusa rabiosa.
(robmeldi2@cwpanama.net).