De las medicinas
Definitivamente que el tema del costo de las medicinas está íntimamente ligado con el concepto de solidaridad humana. Mientras las medicinas no sean concebidas como un recurso para la salud humana y dejen de ser pensadas como una "mercancía" objeto de comercio, muy poco será lo que podremos hacer en beneficio de la globalización de sus beneficios. Hoy día "enfermarse es un lujo", ya que los medicamentos cada vez están más lejos del acceso del pueblo. Mientras los salarios y pensiones han subido por las escaleras, los precios de las medicinas lo han hecho por el ascensor.
Desde que el Gobierno Nacional liberó el precio de las medicinas se ha dado una carrera sin freno en el alza del costo para el consumidor, sin ninguna justificación. Este es otro favor que le debemos a los neoliberales, quienes manifestaron que con la libre oferta y demanda se lograría la reducción de sus costos para el consumidor. Pues, como es sabido, ocurrió todo lo contrario y hoy día el consumidor tiene que destinar una mayor parte de su escuálido presupuesto mensual para la adquisición de medicamentos necesarios para preservar su salud. Cuando existía la antigua Oficina de Regulación de Precios, se mantenían los márgenes de venta del 30 % para las distribuidoras y del 33 % para las farmacias, pero hoy día esos porcentajes han escalado a proporciones inconmensurables. No hay tope conocido y cada vez que recurrimos a una farmacia a adquirir un medicamento nos encontramos con la desagradable sorpresa de que su precio ha subido.
Debemos aplaudir los esfuerzos de la legisladora Balbina Herrera, quien ha hecho suya la lucha del problema del excesivo costo de las medicinas. Un largo recorrido se ha realizado. El documento del proyecto de Ley ha sido discutido en el seno de la Comisión de Comercio de la Asamblea Legislativa por casi dos años y han participado más de 25 organizaciones. El 12 de octubre entró a primer debate. El 30 de octubre se aprobó en segundo debate. El 6 de noviembre se aprobó en tercer debate. El 21 diciembre fue objetado por el Ejecutivo, mediante nota DP-MM-292-00. Ese mismo día fue remitido a la Comisión de Comercio y a la Comisión de Gobierno de la Asamblea Legislativa. El 22 de diciembre la Comisión de Comercio y la Comisión de Gobierno presentaron su informe. El 26 de diciembre fue aprobado en segundo debate. El 27 de diciembre fue aprobado en tercer debate. El 12 de enero del 2001, fue Ley 1 de 10 de enero del 2001, publicada en la Gaceta Oficial No. 24,218. Estimamos que los diferentes gremios del país, estudiantes y la ciudadanía en general, deben prestar su irrestricto apoyo a esta ley, pues mucho agua todavía pasará bajo el puente. Son muchos los intereses (léase millones de dólares) que hay en juego y todo es posible.
Consideramos que lo que definitivamente pondrá en jaque a todos estos distribuidores inescrupulosos que lucran con la salud del pueblo es que los médicos, al recetar medicinas de laboratorios reconocidos, lo hagan también designando el genérico en la receta. Esta práctica se da en los Estados Unidos y en centros de prestigio, como la Ochsner Clinic; hoy los médicos prescriben los medicamentos por su nombre comercial y genérico. De esta forma se acaba con la práctica monopolista de los distribuidores de medicinas y será el consumidor quien escoge entre el medicamento de marca reconocida o el producto genérico. El que desea pagar por empaque y publicidad que lo haga y el que desea pagar por el medicamento en sí, también es libre de hacerlo, claro que con un significativo ahorro económico.
Es usual que el Seguro Social carezca de las medicinas recetadas, suele ser muy frecuente escuchar que tal o cual medicina "no están dentro del cuadro general de medicamentos". Ante esta situación a los asegurados no les queda otra que recurrir a las farmacias privadas que es donde opera el desplume y hace que muy pocos sean los que pueden costearse los medicamentos prescritos que deben comprar cada año.
Las medicinas prescritas representan un alto en el porcentaje en los costos de la salud de las personas de la tercera edad. Es usual observar el deprimente cuadro que representan los ancianos cuando, frente a los mostradores de las farmacias, sacan de todas partes sus dólares y sencillo para completar el alto costo que se ven en la necesidad de paga por sus medicamentos, a pesar de sus constantes quejas.
Los productores de medicamentos han afirmado, en su favor, que el alto costo de los medicamentos obedece al incremento que significan las nuevas exigencias gubernamentales referente a la producción de los medicamentos, además que, en gran parte, el aumento de los gastos de los ancianos en medicamentos se debe a los nuevos fármacos que son más efectivos. Esos medicamentos mantienen a los pacientes alejados del hospital, fuera de la mesa de operaciones, trabajando y en su hogar, afirman en su defensa.
Lo cierto es que es un total abuso lo que los distribuidores de medicamentos cometen en Panamá. Precios más bajos de los medicamentos en otros países parecen así indicarlo, además que el alza desenfrenada de sus precios se originó casualmente desde el preciso momento en que dejó de considerárseles productos de primera necesidad y se liberaron sus precios.
Desde que el Gobierno Nacional liberó el precio de las medicinas se ha dado una carrera sin freno en el alza del costo para el consumidor, sin ninguna justificación. Este es otro favor que le debemos a los neoliberales, quienes manifestaron que con la libre oferta y demanda se lograría la reducción de sus costos para el consumidor. Pues, como es sabido, ocurrió todo lo contrario y hoy día el consumidor tiene que destinar una mayor parte de su escuálido presupuesto mensual para la adquisición de medicamentos necesarios para preservar su salud. Cuando existía la antigua Oficina de Regulación de Precios, se mantenían los márgenes de venta del 30 % para las distribuidoras y del 33 % para las farmacias, pero hoy día esos porcentajes han escalado a proporciones inconmensurables. No hay tope conocido y cada vez que recurrimos a una farmacia a adquirir un medicamento nos encontramos con la desagradable sorpresa de que su precio ha subido.
Debemos aplaudir los esfuerzos de la legisladora Balbina Herrera, quien ha hecho suya la lucha del problema del excesivo costo de las medicinas. Un largo recorrido se ha realizado. El documento del proyecto de Ley ha sido discutido en el seno de la Comisión de Comercio de la Asamblea Legislativa por casi dos años y han participado más de 25 organizaciones. El 12 de octubre entró a primer debate. El 30 de octubre se aprobó en segundo debate. El 6 de noviembre se aprobó en tercer debate. El 21 diciembre fue objetado por el Ejecutivo, mediante nota DP-MM-292-00. Ese mismo día fue remitido a la Comisión de Comercio y a la Comisión de Gobierno de la Asamblea Legislativa. El 22 de diciembre la Comisión de Comercio y la Comisión de Gobierno presentaron su informe. El 26 de diciembre fue aprobado en segundo debate. El 27 de diciembre fue aprobado en tercer debate. El 12 de enero del 2001, fue Ley 1 de 10 de enero del 2001, publicada en la Gaceta Oficial No. 24,218. Estimamos que los diferentes gremios del país, estudiantes y la ciudadanía en general, deben prestar su irrestricto apoyo a esta ley, pues mucho agua todavía pasará bajo el puente. Son muchos los intereses (léase millones de dólares) que hay en juego y todo es posible.
Consideramos que lo que definitivamente pondrá en jaque a todos estos distribuidores inescrupulosos que lucran con la salud del pueblo es que los médicos, al recetar medicinas de laboratorios reconocidos, lo hagan también designando el genérico en la receta. Esta práctica se da en los Estados Unidos y en centros de prestigio, como la Ochsner Clinic; hoy los médicos prescriben los medicamentos por su nombre comercial y genérico. De esta forma se acaba con la práctica monopolista de los distribuidores de medicinas y será el consumidor quien escoge entre el medicamento de marca reconocida o el producto genérico. El que desea pagar por empaque y publicidad que lo haga y el que desea pagar por el medicamento en sí, también es libre de hacerlo, claro que con un significativo ahorro económico.
Es usual que el Seguro Social carezca de las medicinas recetadas, suele ser muy frecuente escuchar que tal o cual medicina "no están dentro del cuadro general de medicamentos". Ante esta situación a los asegurados no les queda otra que recurrir a las farmacias privadas que es donde opera el desplume y hace que muy pocos sean los que pueden costearse los medicamentos prescritos que deben comprar cada año.
Las medicinas prescritas representan un alto en el porcentaje en los costos de la salud de las personas de la tercera edad. Es usual observar el deprimente cuadro que representan los ancianos cuando, frente a los mostradores de las farmacias, sacan de todas partes sus dólares y sencillo para completar el alto costo que se ven en la necesidad de paga por sus medicamentos, a pesar de sus constantes quejas.
Los productores de medicamentos han afirmado, en su favor, que el alto costo de los medicamentos obedece al incremento que significan las nuevas exigencias gubernamentales referente a la producción de los medicamentos, además que, en gran parte, el aumento de los gastos de los ancianos en medicamentos se debe a los nuevos fármacos que son más efectivos. Esos medicamentos mantienen a los pacientes alejados del hospital, fuera de la mesa de operaciones, trabajando y en su hogar, afirman en su defensa.
Lo cierto es que es un total abuso lo que los distribuidores de medicamentos cometen en Panamá. Precios más bajos de los medicamentos en otros países parecen así indicarlo, además que el alza desenfrenada de sus precios se originó casualmente desde el preciso momento en que dejó de considerárseles productos de primera necesidad y se liberaron sus precios.