De latas y heridas
Como diría Benjamín Franklin: "Educar en la igualad y el respeto es educar contra la violencia". Mal precedente para nuestra democracia y que encausa, al mismo tiempo, paradigmas equivocados de comportamiento político, es el hecho que ha acontecido a la señora Balbina Herrera: que un parroquiano, independientemente que sea del partido de los cambistas o no, le haya lanzado con todo dolo o intención perversa un objeto -lata- que la causó una grave lesión en la parte izquierda del labio superior.
Creemos que lo que está en juego, de por medio, es la puesta en peligro de las preciadas reglas y principios que deben conducir todo torneo electoral. Como bien lo dijo Balbina Herrera, para el día siguiente a las elecciones, cuando se conozcan los resultados, todos nos cruzaremos en las vías públicas y la vida seguirá su curso. Lo que no podemos permitirnos es que estas cosas, lamentables por cierto, ocurran.
Pasiones desbordadas, emociones sin diques, sentimientos políticos enfermizos gobernados por amarguras y enemistades que nunca superan los bajos instintos que impiden la interacción humana fecunda, son los que generan conductas negativas, harto reprochables como lo que aconteciera a doña Balbina.
Como abogado debo expresar que los rectores, las autoridades de los partidos políticos, tienen a su mano, aunque lamentable, una propicia ocasión, para hacer un enérgico llamado a sus seguidores para que se respete la pauta que predica la "no violencia" en ninguna de sus expresiones: ni física ni verbal.
Acontece que espíritus atosigados por posiciones políticas suelen fabricar la malquerencia, la ofensa y la diatriba, la injuria y la indisposición a los extremos de acudir a la violencia, al ataque físico, para denotar odios, resentimientos, y cuanta mala praxis social e inmoral puedan perpetrar.
Hay una agravante que media en todo esto: se trata, en primer lugar, antes que proyecto de próxima presidente del país, y por ende, de todos los panameños y panameñas que habitamos este suelo o que se encuentren en el extranjero, y es lo siguiente: Balbina Herrera es una dama, una fémina, una mujer, madre e hija. En consecuencia, debo expresar también que este hecho merece toda nuestra repulsa y la censura ciudadana, y no puede pasar por inadvertido por las autoridades y menos por las de la Fiscalía Electoral. Hay que recabar las pruebas, exigir las cintas o vídeos, e imponer las sanciones legales y de naturaleza penal que correspondan respetando el debido proceso. Mal precedente y funesta recuerdo que pasa a la historia electoral de nuestra nación lo que ha acontecido.
Se requiere tolerancia, capacidad y convencimiento pleno de que a través del diálogo, de los debates, de la comunicación, es que los seres humanos podemos entendernos, aún cuando no tengamos, tal vez, los mismos puntos de vista. Se impone el respeto. En ello siempre hemos insistido. Los hombres y las mujeres que militamos en el ejército de los prudentes estimamos que "hablando es que la gente se entiende".