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De libertarios y ultraderecha


Las recientes elecciones en Costa Rica culminaron con un avance impresionante del Movimiento Libertario, pero algunos políticos y medios de comunicación catalogaron a los libertarios como ultraderechistas. Quienes emitieron esos juicios demuestran profunda ignorancia y obsolescencia paradigmática que debemos remediar. De acuerdo con interpretaciones avanzadas del modelo lineal, a la izquierda del espectro político se sitúan aquellos que reconocen los derechos civiles o personales (libre expresión e inmigración, no discriminación, etc.), pero que rechazan los derechos económicos (libre mercado, libre comercio, libre contratación, etc.). A la derecha se sitúan los que, al revés, privilegian los derechos económicos, pero desdeñan los civiles o personales. A aquellos que abrazan fuertemente a uno de los dos tipos de derechos, se les sitúa en los extremos (a Jean-Marie Le Pen y Jörg Haider se les denomina ultraderechistas, porque, me imagino, al ser nacionalistas, xenófobos y racistas, niegan las libertades o derechos personales). A los demás, se les ubica en diferentes puntos de la secuencia, según su moderación: centro izquierda, centro derecha, etc.
La filosofía libertaria está basada en dos premisas fundamentales. La primera es que todos somos dueños de nosotros mismos, lo cual resguarda los derechos personales. La segunda es el derecho a la propiedad, lo cual implica el derecho a la libertad económica. En lugar de un punto en el espectro izquierda-derecha, los libertarios se ubican en el vértice o ángulo superior de un rombo. Ilustremos el comportamiento de dos modelos de políticos. Caso 1. El primero le dice al ciudadano: "Usted no es capaz de ahorrar para su vejez, así que tomaré parte de su salario mensual, lo ahorraré por usted, y cuando envejezca, lo devolveré (con interés compuesto) en forma de una pensión". Toma el dinero y en lugar de invertirlo, lo reparte entre sus camaradas por medio de un enjambre de subsidios empresariales. Cuando llega el momento de la devolución, recurre al dinero de los nuevos trabajadores para pagar a los viejos. Y cuando esta estratagema llega a su límite, comienza a subir la edad de jubilación. La estafa se completará cuando obligue a todos a jubilarse a partir de los 90 años. El segundo le dice: "Usted es más capaz de ahorrar para su vejez que cualquier político. El dinero ganado con su sudor es suyo y sólo usted debe decidir cómo y cuánto ahorrar. Si tiene dudas, asesórese con el mejor; nunca con un político. Siempre desconfíe de aquel que le obligue a entregar su dinero con promesas bonitas porque lo estafará.
Caso 2. El primero le dice a los jefes de hogar: "En este país ustedes no valen nada ni tienen derechos. No me importa que puedan resolver sus necesidades nutricionales comprando, con su dinero bien ganado, alimentos baratos producidos en el exterior. No señor. No permitiré que entre al país ningún alimento hasta que ustedes no compren el producto de mis colegas al precio elevadísimo que hemos fijado". El segundo, en cambio, les dice: "Todos tenemos el mismo valor y los mismos derechos. Ante la ley y ante mí ustedes valen tanto como los empresarios agrícolas, de tal forma que yo no puedo violar su derecho a comprar donde mejor les convenga, así como tampoco puedo violar el derecho de los productores a vender donde les resulte mejor. Tanto ustedes como ellos enfrentan un sinnúmero de distorsiones y situaciones difíciles y sólo es justo que todos queden libres para tomar sus propias decisiones". El primero es el político que tradicionalmente ha ejercido el poder en América Latina. El segundo es el libertario. ¿Cuál de los dos es el extremista?
Si usted, amable lector, se viera forzado a hacerlo, ¿a cuál de los dos dejaría al cuido de su negocio?
* Director ejecutivo del Instituto para la Libertad y el Análisis de Políticas.
(c) www.aipenet.com

Reiteramos que Carlos Barés no es amigo nuestro, pero sí cumplimos el deber insoslayable de exaltar los méritos de quien los posea en esa sociedad nuestra de hoy, inclinada no sólo a desconocerlos, sino a destruirlos, lo que ha provocado la peor crisis de valores de toda la historia republicana.
Resultados al canto. Allí están estadísticas pavorosas de los más espantosos delitos que se cometen diariamente en Panamá, mientras los detractores de Barés lo critican si actúa o no en materia de seguridad del Estado Nacional y de la propia ciudadanía. Como quien dice "palo porque bogas y palo porque no bogas", aunque "muera Sansón con todos los filisteos".
Con esa mentalidad liliputiense y evidentemente mediatizada de quienes atacan injustamente al Director de la Policía Nacional, asignándole epítetos ofensivos y propiedades de dudosa procedencia, además que falsean abiertamente la verdad, les hacen el juego a los enemigos del país, cuyo gobierno lucha a brazo partido para lograr su reactivación económica.
Como periodista, estoy seguro que Carlos Barés, desde su alta investidura oficial, seguirá generando noticias positivas en su área de competencia privativa, desoyendo falacias rumores y mentiras, ya que tiene como meta el fortalecimiento de la democracia y la seguridad de todos los panameños y sobre todo, plenamente consciente del rol que le ha tocado, de aportar luces y esfuerzos para construir un país más libre, justo y moderno.

101 años de Panamá América

 
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