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De mantas y brújulas


Ricardo Arias Calderón, en su artículo semanal del domingo 10 de enero, publicado en este medio, me acusó de contribuir con la privatización del canal. Para ello cita, fuera de contexto y de tiempo algnas reflexiones plasmadas en un artículo que publiqué el 27 de junio de 1996. Parece que la desesperación y ausencia de argumentos lo han llevado a arrastrar "viejas mantas" buscando se las pisen y con gusto lo haré, sobre todo por el respeto que me merecen nuestros lectores.
El contexto. Cuando escribí el artículo, el suscrito (como lo afirma Arias C.) no era dirigente dle PRD, ni alto funcionario del Gobierno y menos, asesor de nuestro candidato presidencial. En ese momento, trabaja como consultor en la formulaicón del Proyecto de Educación Básica y mis reflexiones fueron hechas como ciudadano, en un momento en que se abría el debate nacional al respecto de la administración nacional de nuestro canal. Debate que por cierto, nos llevó a la realización del encuentro de Coronado, en donde sociedad civil y gobierno acordaron el contenido del anteproyecto de ley de la Autoridad del Canal, que un año después, el 11 de junio de 1997 se convirtiera, por votación unánime de nuestra Asamblea, en Ley de la República.
El fondo. Mis reflexiones expresadas en el citado artículo, se dirigían a expresarle a la opinión pública algunas recomendaciones basadas en realidades observadas, que produjeron que la administración (no la propiedad) de los puertos terminales del Canal se transfirieran al sector privado y lo que ello represeentó en términos de aumento del volumen de contenedores manejados, productivicad y disminución de costos al usuario. También basé el análisis en experiencias propias y compartí las tesis de cómo con nuestro sistema de administración pública, aún vigente, se nos complicó la gestión del puerto de Cristóbal y cómo, los trabajadores de ese recinto portuario declararon a la adminstración panameña la primera huelga en su historia, situación que jamás se observó durante el período de gestión estadounidense.
La transición del sistema canalero del país más poderoso del mundo a un país pequeño y pobre como el nuestro producirá un espacio, que ya verán ustedes, intentará llenarse con los intereses que pululan al alrededor del Canal. Si no, observen cómo el año pasado apareció una organización de propietarios de tierras del canal que le "exigían" al gobierno nacional, indemnizaciones millonarias por el usufructo de sus propiedades desde principios de siglo, reclamos que por cierto jamás fueron atendidos por los norteamericanos. Fueron también notorias las posiciones expresadas por representantes de la industria naviera mundial, quienes en el marco del Congreso Universal del Canal, solicitaron su espacio en la definición de las políticas estratégicas del Canal (peajes incluidos) cuando Panamá sea responsable de su adminstración. Algo parecido está sucediendo con algunos grupos de trabajadores, que reconociendo nuestras debilidades, aprovechan el momento para exigirnos como país lo que nunca hicieron con el extranjero.
Por eso concluía en el artículo, invitando "a la reflexión, para que un corporativo mixto en el sentido más amplio del concepto, se encargue de su operación" (del Canal de Panamá). Estaba pensando en la exitosa experiencia de la operación del oleoducto transístmico, que mediante la empresa mixta (gobierno-sector privado) planificó y operó exitosamente dicho sistema. Sin embargo, la sociedad civil y el gobierno nacional, en el marco del encuentro de Coronado, optaron por el modelo de administración pública del Canal, alternativa que por cierto, quedó plasmada en la nueva ley de la Autoridad del Canal.
Para hacer viable a la empresa pública que administrará el Canal a partir de finales de este año, el legislador la dotó de un régimen especial, que la exceptúa de aplicar los mecanismos y procedimientos típicos de cualquier otra institución del Estado y que, sin lugar a dudas, le simplificará el cumplimiento de su misión. Lo otro, el manejo estratégico del Canal en el mar de contradicciones e intereses como los definidos, será materia a aflorar y que trascenderá en su momento.
Aclarado el tema, espero que Ricardo Arias Calerón busque mejores argumentos para combatirnos y mejore su errática conducta política, causante de la derrota electoral de su partido en 1994 y del rompimiento de su alianza histórica con el Arnulfismo. El problema es que cuando dogmatismo se junta con ansias de figurar, se produce fácilmente y como resultante, la pérdida de la brújula política y también, muchas ganas de arrastrar la manta, para que la sigamos pisando. Cambio y fuera.

101 años de Panamá América

 
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