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De pócimas, brebajes, clínicas curativas...


En mis anteriores escritos me he referido al fenómeno sociológico conocido como “soluciones mágicas”. Cuya tesis mantiene que los pueblos en proceso de decadencia moral buscan soluciones mágicas para sus problemas, las cuales se manifiestan por un anhelo de caudillos y la proliferación de loterías, pitonisas, astrólogos, “yerberos”, religiones exotéricas, predicadores fundamentalistas y otros embaucadores. Nuestro Panamá no se escapa de la presencia de estos personajes; solo hay que leer la prensa, escuchar la radio y ver televisión a cuyo nivel han logrado alcanzar estos farsantes para obtener sintonía a nivel nacional.

Un ejemplo palpables del fenómeno es la cotidiana presencia en los medios, prensa, radio y televisión, de los autoproclamados’ “doctores naturistas”, casi siempre procedentes de nuestros países vecinos del Sur. Estos bellacos, pues no les cabe otro adjetivo, hacen presa de la ignorancia e ingenuidad de nuestro pueblo llano para venderle falsas curas y esperanzas, a través de hierbas y remedios de dudosa procedencia, ausentes de toda sustentación científica. En general son individuos de baja cultura, con acentos extranjeros, que tienen la osadía de auto proclamarse “doctores”, título al cual no tienen derecho de ostentar, salvo si se aplica a sus especialidades en bellaquería. Y para mayor burla a la verdadera ciencia médica, operan y promueven “farmacias y clínicas curativas”.

Me causa perplejidad la falta de crítica y/o acción por parte de los gremios profesionales médicos para ponerle coto a las actividades de estos farsantes que obviamente atentan contra la salud pública y son un agravio a la profesión médica. ¿Cómo se lo “aguantan”?, no me explico, lo cierto es que si yo fuera doctor en Medicina, no descansaría en buscar la manera de evitar el daño que estos curanderos les causan a la sociedad. Aparte de la ofensa que me causaría su descomedida pretensión de ubicarse al mismo nivel académico de la profesión que involucra largos años de estudio, sacrifico, y continua práctica; mientras que la preparación académica de ellos, a lo sumo, es a nivel de escuela primaria, si alguna.

Si me sorprende la aparente ausencia de acción de los gremios, más estupor me causa la complicidad de las autoridades responsables de Salud Pública. ¿Cómo permiten esa actividad cuando estoy seguro que los profesionales de esa entidad saben bien que son embaucadores? ¿Por qué no detiene esta práctica dañina? ¿Cuánta falsa esperanza y muerte han vendido estos bellacos? ¿A cuántos han desvalijado?, pues es evidente que el “negocio” es rentable cuando permite el pago de tiempo de transmisión en radio y televisión. A propósito, ¿pagan impuestos? No me extrañarían que estén inscritos como religión u organizaciones sin fines de lucro. Tendrán poca educación formal, pero tontos no son; saben más de psicología y letra menuda que doctores en ciencia.

También tienen alta responsabilidad los propietarios y directores de programa de los radios y televisoras que auspician esta bellaquería. Esos falsos profetas y curanderos hacen tanto daño a la sociedad como las famosas novelas glorificando al narcotráfico. Los propietarios de medios y directores de programas saben bien de que se trata de embaucadores profesionales. Me pregunto si ellos o sus familiares ante situaciones médicas o emocionales someterían a sus seres queridos a las “curas” y “tratamientos milagrosos” que ofrecen estos nefastos bellacos. ¡Apuesto que no! Si las “curas” y “milagros”, no son válidas para sus allegados, ¿por qué los promueven en sus medios?

Médicos, autoridades de salud, dueños y directores de programación de medios a ser más responsables. Contribuyan al bienestar social.

Si de veras Uds. quieren mejorar la salud pública, promuevan programas serios con personal capacitados en la materia y apártense de curanderos materialistas.

No permitan que quede en vuestras conciencias el daño social y contribución al deterioro moral que causa la venta de soluciones mágicas de toda naturaleza.

101 años de Panamá América

 
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