De protestas y otros males
Cada día me conmociona más observar cómo las protestas legítimas, iniciadas por todos los males que aquejan el país, se tornan en turbas violentas que arrasan a su paso con todo lo que se les interponga, sin importar si es propiedad pública o privada.
Hace unas semanas los estudiantes del Instituto Nacional, so pretexto de exigir mejoras para su colegio, desataron un infierno en su propio plantel, acabando con equipos y mobiliarios que habían sido recién entregados al colegio. Las imágenes recogidas por los medios de comunicación eran dantescas, pero la explosión de violencia no es lo más grave. La falta de autoridad de quienes deben poner orden es mucho más lesiva, pues los estudiantes no fueron amonestados, ni sancionados por los desmanes, por órdenes del propio Ministerio de Educación, según los noticieros.
Hoy día vemos cuáles son las consecuencias de esa falta de autoridad, cuando una turba, mal llamada estudiantes del colegio Artes y Oficio, repite el patrón de destrucción de las instalaciones del plantel, exigiendo que se acondicione el mismo y lo más triste es que, según los medios de comunicación, se han identificado como el “Frente Artesano Terrorista”. Sólo de escucharlo me causa estupor.
El Artes y Oficios es un colegio que se ha distinguido en nuestro país por formar excelentes profesionales en las áreas técnicas, y estoy segura que existen hoy día estudiantes que, en efecto, honran dicha calidad tratando de forjarse un mejor futuro; sin embargo, si las autoridades no imponen el orden y disciplina que debe reinar en un colegio, iremos rumbo al despeñadero. Es inaudito que se hayan atrevido a agredir físicamente a transeúntes y profesores, incluyendo al rector. Esta situación no puede permitirse. Quien resulte responsable debe ser expulsado de inmediato y sin miramientos, pues es menester que las autoridades educativas retomen su rol, y recuerden que están formando estudiantes, no terroristas.
Definitivamente que el derecho a protestar es legítimo en cualquier sociedad moderna, máxime cuando existen miles de problemas que afectan a todos los panameños, desde el alza desmedida del combustible, hasta los problemas de alimentación, agua potable y el consabido estado de las escuelas pública; pero la protesta pierde legitimidad cuando no existe una visión coherente del protestante. Es inadmisible que se proteste por el alza de la gasolina y se paralice el tráfico por cuatro horas con un cierre de calle.
Es incongruente que se proteste por el acondicionamiento de un colegio y se destruyan los enseres existente y, además, la propiedad pública y privada con un brote de violencia que solamente logra la antipatía del ciudadano común.
No me queda más que hacer un llamado a las autoridades educativas para que asuman sus cargos y tomen las medidas necesarias para defenestrar el supuesto grupo terrorista de las aulas de clases y remitirlos a las autoridades judiciales para su investigación. Recordemos que el terrorismo en nuestro país en un delito grave.