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¿De qué moralidad estamos hablando?


He leído con mucha sorpresa el contenido de un artículo publicado por el Sr. Julio Yao, catedrático universitario, en el diario El Panamá América en su edición del viernes 21 de mayo de 1999.
Quiero ante todo aclarar que no he tenido el gusto de conocer al escritor del artículo en mención, pero no ha dejado de inquietarme algunas de sus afirmaciones.
El conflicto de Kosovo tiene conceptos mucho más realistas de los que se refiere el Sr. Yao. Ante todo, se trata de la lucha de un pueblo milenario que no soporta más el hecho que se les impida vivir en su propio territorio y ser desplazados de la manera más cruenta e inhumana que hemos sido testigos desde los años de la Segunda Guerra Mundial, sólo por el hecho de ser "albaneses kosovares". Cuando los reales "nazis" y las fuerzas inspiradas por Adolfo Hitler impusieron su maléfica doctrina, con una estocada en el corazón europeo, demostraron ante la faz de la Historia las consecuencias erróneas y estériles que provocaron los odios étnicos y regionalistas.
Sr. Yao, no cuestione la moralidad de nada ni de nadie, sobre todo si usted no muestra toda la verdad. No pierda el foco central del problema y concéntrese en el hecho de que el Presidente Milosevic es el verdadero protagonista de esta secuela de horror, y quien sin ningún remordimiento se ha dedicado a masacrar la vida de inocentes seres humanos. Si la OTAN no es el mejor recurso para impedir esta injusticia, llamemos entonces a Luke Skywalker, Superman, el Hombre Araña o el Chapulín Colorado para ver si tenemos otra alternativa "moralista" como usted la quiere llamar. El mundo fue testigo de la impotencia de gobiernos que durante los años 30 mostraron su inevitable indiferencia ante los atropellos de las hordas nazi-fascistas. Este capítulo de la Historia no puede volver a repetirse.
Finalmente, le sugiere que por respeto a la comunidad de pueblos inteligentes y democráticos, no utilice ni de referencia ese mal saludo a final de su artículo, que no sólo ha inspirado a dementes a cometer los más grandes crímenes que se tiene memoria, sino que recuerda uno de los capítulos más vergonzosos en la Historia de la humanidad, que hoy se repite en la figura del Presidente Milosevic y su ejército salpicado de sangre de hombres, mujeres y niños indefensos que tienen todo derecho a la vida. Es muy notable su conocimiento en materia histórica, pero su odio a Occidente acaba con el sentido de objetividad de su escrito.
Si usted posee una solución mejor a esta desgracia, le invito a que la comparta con el resto del mundo.

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