De reprobada y llorones...
"Cuando callas ante los fuertes y poderosos conozco tu temor y cobardía. Cuando callas ante la injusticia conozco tu miedo y tu complicidad". George Elliot, novelista inglés. Para quienes no vivimos en el engaño y optamos por discernir y analizar los hechos nacionales y políticos dentro del contexto de su realidad, la recién pasada semana fue generosa en obsequiarnos dos valiosos ejemplos de la calidad de gobierno que tiene nuestro país, así como de la clase de políticos que milita en el partido gobernante.
He sido altamente crítica con la doble moral, el doble discurso y la censurable demagogia que, con pasión y maestría, practican muchos integrantes de nuestra clase política. Es usual observar a esta clase política -cuando le conviene, pues es parte del poder- guardar silencio cómplice frente a la corrupción, la práctica antidemocrática de sus partidos, la impunidad y falta de justicia. Sin embargo, esos políticos se descomponen y revelan ante nosotros sólo, repito sólo, cuando las reglas y el ritmo antidemocrático que -antes- no les era desconocido, les adversa, especialmente después de un dedazo. Es entonces cuando reaccionan, pues se les afecta en sus más profundos intereses personales y políticos.
Nunca me engañé, ni permití que me engañaran. Segura estaba en 1994 como en 1999 que existía una diferencia marcada entre la astucia politiquera (caminar y sudar por cerros, veredas y calles, besar y cargar niños sucios y descalzos; abrazar y sonreír a viejitos bocachos; comer concolón y tasajo en taburetes; sonreír frente a los periodistas; ser amables con los adversarios) y las características concretas de capacidad, conocimientos, inteligencia y experiencia que se requieren para administrar y gerenciar con transparencia, firmeza y relativo éxito, un país.
He señalado, desde hace varios años, en mi programa radial y a través de mis artículos de opinión quincenales en este diario, que la actual gestión arnulfista con sus aliados de "Unión por Panamá" y compuesta por gente de carne y hueso que ocupa y nos gobierna desde los cargos públicos, es mediocre y corrupta. A medida que pasan los meses, reafirmo esa posición.
Para aseverar lo que con firmeza he sostenido, allí está otra vez el resultado de la última encuesta de CID/Gallup (El Panamá América, 16/junio/03), que muestra el vertiginoso descenso de Moscoso de 11 puntos, y quien -hoy- muestra una calificación de menos 31%, como resultado, entre otras cosas, de su innegable y visible incapacidad administrativa para gerenciar con eficiencia y eficacia la cosa pública.
He aquí el primer ejemplo. Dígame, ¿cómo no evitar una calificación como ésta, si los reportes del sector público para el año 2002 de los auditores de su arnulfista defensor Alvin Weeden, Contralor General de la República, demuestran que ninguno -lea bien- ninguno de los ministerios del gabinete de Moscoso logró una calificación óptima y de limpia? (La Prensa, 9/junio/03). ¿Cómo explica Moscoso que en el Ministerio de Obras Públicas de su ayer favorito fiscal, Víctor Juliao, existan diferencias entre la cuenta de inventario y registros en el almacén por 12.2 millones de dólares y este ministerio no haya presentado estado de flujos de efectivo? ¿Cómo negar u ocultar la ausencia absoluta de capacidad gerencial de Moscoso, cuando en el Ministerio de Salud sus estados financieros muestran un saldo en cuentas de caja y banco por 17.2 millones de dólares, pero en efectivo sólo existían 3 mil dólares? ¿Se atreverá a reclamarle a José Terán? ¿Cómo no cuestionar el silencio de la gobernante del país frente a la diferencia que revela la cuenta de bienes patrimoniales y contabilidad de 12.2 millones de dólares del Ministerio de Gobierno y Justicia? ¿Se atreverá la mandataria a cuestionar a Spadafora, a Salas y ahora a Escalona por esta inaceptable irregularidad? ¿No le preguntará a Barés por qué la cuenta de inventario de la Policía Nacional tiene una diferencia de 1.4 millones entre los libros contables y el control del almacén? ¿Qué clase de conocimientos y controles administrativos practica la mandataria como para que el Ministerio de Economía y Finanzas reporte en su cuenta de anticipos la entrega de 12.2 millones de dólares de manera inadecuada y no se refleje en los estados financieros dónde están los 63 millones de los programas de Desarrollo Sostenible de Darién, y el de Fortalecimiento y Modernización de la Gestión Económica y Fiscal? ¿Acaso no le roba el sueño a la presidenta de los pobres que se hayan extraviado de los libros de contabilidad tantos millones? ¿No le importa a la mandataria del dedazo de oro que en el Ministerio de Relaciones Exteriores de su elegido ex canciller José Miguel Alemán, existan registros mal efectuados en las cuentas por pagar por 874 mil dólares? (La Prensa, 9/junio/03, plana 3).
Le pregunto, después de este informe, ¿usted aún duda de la incapacidad administrativa que demuestra la gestión Moscoso? Yo...¡para nada! No en vano sigue reprobada.
Veamos el segundo ejemplo. Esta semana nos impactó e inundó de reflexiones el llanto desconsolado, sentido y amargo de dos de los tres malqueridos precandidatos arnulfistas quienes no daban crédito y rechazaban el terminante sentimiento de desamor político que, con pasión y firmeza, les demostraba su caudillista y antidemocrática líder, Mireya Moscoso.
En la lucha por el poder político se desnudan rasgos, valores y principios que bien nos revelan o reafirman la clase de conducta que domina a quienes nos gobiernan o aspiran a ello. Como todas las cosas, cada quien tiene su sello particular que los distingue y, en el berrinche que escenificaron los precandidatos arnulfistas Ameglio y Juliao, quedaron claras las diferencias de estilo. Ameglio, con la fogosidad del verbo que ha perfeccionado con tantos años como legislador, trajo en su llanto público la inestimable confesión de malestar que sentía por la burla de la que era objeto y por el goce del juego del dedazo que observaba en Moscoso con la elección de su candidato. Ameglio cuestionó -ahora- la falta de palabra de la mandataria, censuró -ahora- la falta de transparencia del proceso interno de las primarias y calificó -ahora- de antidemocrático la forma de actuar de la presidenta arnulfista. Sólo ahora que la situación le es adversa, Ameglio llora, grita y denuncia lo que, desde hace años, hemos señalado muchos ciudadanos decentes.
Por su lado, Juliao, con su particular estilo ácido, desabrido y áspero, no pudo ocultar en su lloriqueo el impacto de desconcierto que le produjo la sucia jugada de su venerada líder, la misma a quien él ayudó, con entrega absoluta y devoción, a conquistar el poder. Juliao, con 35 años de leal militancia y escrupulosa constancia arnulfista, no da crédito al hecho que -ahora- él es víctima de las prácticas oscuras, antidemocráticas y caudillistas que ese colectivo político ha practicado y reforzado a través de los años.
El brillante filósofo español Fernando Savater plantea en su libro Etica y Ciudadanía que "la gente lo que rechaza es el hecho de que los partidos políticos se conviertan en una especie de tribus dentro del Estado, con sus propios caciques, con sus propios médicos brujos, y que vivan al margen de la vida democrática...y entonces la cooptación dentro de esos partidos sustituya al debate abierto, democrático, como debiera ser".
Ameglio y Juliao fomentaron y guardaron silencio cómplice frente a prácticas similares del pasado. Hoy las resienten y vociferan contra ellas.¿No le parece a usted un poco tarde para semejante berrinche tan sentido y amargo? A mí sí.
He sido altamente crítica con la doble moral, el doble discurso y la censurable demagogia que, con pasión y maestría, practican muchos integrantes de nuestra clase política. Es usual observar a esta clase política -cuando le conviene, pues es parte del poder- guardar silencio cómplice frente a la corrupción, la práctica antidemocrática de sus partidos, la impunidad y falta de justicia. Sin embargo, esos políticos se descomponen y revelan ante nosotros sólo, repito sólo, cuando las reglas y el ritmo antidemocrático que -antes- no les era desconocido, les adversa, especialmente después de un dedazo. Es entonces cuando reaccionan, pues se les afecta en sus más profundos intereses personales y políticos.
Nunca me engañé, ni permití que me engañaran. Segura estaba en 1994 como en 1999 que existía una diferencia marcada entre la astucia politiquera (caminar y sudar por cerros, veredas y calles, besar y cargar niños sucios y descalzos; abrazar y sonreír a viejitos bocachos; comer concolón y tasajo en taburetes; sonreír frente a los periodistas; ser amables con los adversarios) y las características concretas de capacidad, conocimientos, inteligencia y experiencia que se requieren para administrar y gerenciar con transparencia, firmeza y relativo éxito, un país.
He señalado, desde hace varios años, en mi programa radial y a través de mis artículos de opinión quincenales en este diario, que la actual gestión arnulfista con sus aliados de "Unión por Panamá" y compuesta por gente de carne y hueso que ocupa y nos gobierna desde los cargos públicos, es mediocre y corrupta. A medida que pasan los meses, reafirmo esa posición.
Para aseverar lo que con firmeza he sostenido, allí está otra vez el resultado de la última encuesta de CID/Gallup (El Panamá América, 16/junio/03), que muestra el vertiginoso descenso de Moscoso de 11 puntos, y quien -hoy- muestra una calificación de menos 31%, como resultado, entre otras cosas, de su innegable y visible incapacidad administrativa para gerenciar con eficiencia y eficacia la cosa pública.
He aquí el primer ejemplo. Dígame, ¿cómo no evitar una calificación como ésta, si los reportes del sector público para el año 2002 de los auditores de su arnulfista defensor Alvin Weeden, Contralor General de la República, demuestran que ninguno -lea bien- ninguno de los ministerios del gabinete de Moscoso logró una calificación óptima y de limpia? (La Prensa, 9/junio/03). ¿Cómo explica Moscoso que en el Ministerio de Obras Públicas de su ayer favorito fiscal, Víctor Juliao, existan diferencias entre la cuenta de inventario y registros en el almacén por 12.2 millones de dólares y este ministerio no haya presentado estado de flujos de efectivo? ¿Cómo negar u ocultar la ausencia absoluta de capacidad gerencial de Moscoso, cuando en el Ministerio de Salud sus estados financieros muestran un saldo en cuentas de caja y banco por 17.2 millones de dólares, pero en efectivo sólo existían 3 mil dólares? ¿Se atreverá a reclamarle a José Terán? ¿Cómo no cuestionar el silencio de la gobernante del país frente a la diferencia que revela la cuenta de bienes patrimoniales y contabilidad de 12.2 millones de dólares del Ministerio de Gobierno y Justicia? ¿Se atreverá la mandataria a cuestionar a Spadafora, a Salas y ahora a Escalona por esta inaceptable irregularidad? ¿No le preguntará a Barés por qué la cuenta de inventario de la Policía Nacional tiene una diferencia de 1.4 millones entre los libros contables y el control del almacén? ¿Qué clase de conocimientos y controles administrativos practica la mandataria como para que el Ministerio de Economía y Finanzas reporte en su cuenta de anticipos la entrega de 12.2 millones de dólares de manera inadecuada y no se refleje en los estados financieros dónde están los 63 millones de los programas de Desarrollo Sostenible de Darién, y el de Fortalecimiento y Modernización de la Gestión Económica y Fiscal? ¿Acaso no le roba el sueño a la presidenta de los pobres que se hayan extraviado de los libros de contabilidad tantos millones? ¿No le importa a la mandataria del dedazo de oro que en el Ministerio de Relaciones Exteriores de su elegido ex canciller José Miguel Alemán, existan registros mal efectuados en las cuentas por pagar por 874 mil dólares? (La Prensa, 9/junio/03, plana 3).
Le pregunto, después de este informe, ¿usted aún duda de la incapacidad administrativa que demuestra la gestión Moscoso? Yo...¡para nada! No en vano sigue reprobada.
Veamos el segundo ejemplo. Esta semana nos impactó e inundó de reflexiones el llanto desconsolado, sentido y amargo de dos de los tres malqueridos precandidatos arnulfistas quienes no daban crédito y rechazaban el terminante sentimiento de desamor político que, con pasión y firmeza, les demostraba su caudillista y antidemocrática líder, Mireya Moscoso.
En la lucha por el poder político se desnudan rasgos, valores y principios que bien nos revelan o reafirman la clase de conducta que domina a quienes nos gobiernan o aspiran a ello. Como todas las cosas, cada quien tiene su sello particular que los distingue y, en el berrinche que escenificaron los precandidatos arnulfistas Ameglio y Juliao, quedaron claras las diferencias de estilo. Ameglio, con la fogosidad del verbo que ha perfeccionado con tantos años como legislador, trajo en su llanto público la inestimable confesión de malestar que sentía por la burla de la que era objeto y por el goce del juego del dedazo que observaba en Moscoso con la elección de su candidato. Ameglio cuestionó -ahora- la falta de palabra de la mandataria, censuró -ahora- la falta de transparencia del proceso interno de las primarias y calificó -ahora- de antidemocrático la forma de actuar de la presidenta arnulfista. Sólo ahora que la situación le es adversa, Ameglio llora, grita y denuncia lo que, desde hace años, hemos señalado muchos ciudadanos decentes.
Por su lado, Juliao, con su particular estilo ácido, desabrido y áspero, no pudo ocultar en su lloriqueo el impacto de desconcierto que le produjo la sucia jugada de su venerada líder, la misma a quien él ayudó, con entrega absoluta y devoción, a conquistar el poder. Juliao, con 35 años de leal militancia y escrupulosa constancia arnulfista, no da crédito al hecho que -ahora- él es víctima de las prácticas oscuras, antidemocráticas y caudillistas que ese colectivo político ha practicado y reforzado a través de los años.
El brillante filósofo español Fernando Savater plantea en su libro Etica y Ciudadanía que "la gente lo que rechaza es el hecho de que los partidos políticos se conviertan en una especie de tribus dentro del Estado, con sus propios caciques, con sus propios médicos brujos, y que vivan al margen de la vida democrática...y entonces la cooptación dentro de esos partidos sustituya al debate abierto, democrático, como debiera ser".
Ameglio y Juliao fomentaron y guardaron silencio cómplice frente a prácticas similares del pasado. Hoy las resienten y vociferan contra ellas.¿No le parece a usted un poco tarde para semejante berrinche tan sentido y amargo? A mí sí.