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“De su madre”


Seguramente, al rapero nacional DJ Black le será indiferente si es su madre o la ajena, si a fin de cuentas (contrario a lo que comentan quienes comentan sin escuchar) nada malo dice de la madre, de nadie. Pero bastó el título de su última canción y el estribillo "de su madre", que se repite en cada una de las pegajosas estrofas de su canción, para que el Gobierno la censurara.

Irónicamente, si el lector presta atención a la letra y a la música (que aunque parezca mentira, la tiene), concluirá que es de las más sanas de entre tanta basura que graban sus colegas raperos y reggaeseros de aquí y allá, con o sin Grammy. Porque una estatuilla no les quita lo cochinas, y su condición de típica y decadente denegación de la esencia del arte y, en especial, de la música.

La canción se limita a pintar con implacable fidelidad cosas que ocurren a diario a un negro panameño de estrato popular. Su éxito radica, además del buen ritmo y contenido de prosa, en la sencillez y honestidad del mensaje. Trata del trabajo que se le niega por su color, del taxista que no lo lleva por lo mismo, del policía que lo arresta igual, y de su mujer que lo recibe a palos sin preguntar por qué llegó al día siguiente de estar tras las rejas, sin excluir el latrocinio de los políticos.

Desde los tiempos de Pedrito Altamiranda y de las "crónicas urbanas" de Rubén Blades, pasando antes por Popo Valderrama y sus Miserables, no escuchábamos una canción (esta vez lo reconocemos, aunque nos hayamos referido antes al género como "música de tarados") tan fiel en la pintura de la sociedad panameña contemporánea. DJ Black puede darse por satisfecho. Como profesional ha dejado su impronta en la historia musical popular de nuestro país, aunque jamás se escuche "de su madre" en festival de jazz alguno y se haya prohibido su difusión. Si le sirve de consuelo, estará bien acompañado en el exclusivo club de autores censurados que encabezan Rubén Blades y Pedrito Altamiranda.

101 años de Panamá América

 
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