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De vacas locas, gusanos y pobreza


Los directivos del Programa de Erradicación del Gusano Barrenador del Ganado -COPEG- han declarado "técnicamente" libres de este mal a las provincias de Chiriquí y Bocas del Toro. Estas gusaneras ocasionan pérdidas en la ganadería nacional por unos B/. 8 millones anuales. Se trata de un hecho notable si se tiene en cuenta que enfermedades como el de las "vacas locas" y la aftosa, están azotando a gran parte del mundo.Tres o cuatro elementos son a mi entender, los responsables de este resultado. Primero, el profesionalismo del Programa en atención al mérito. En segundo lugar, la amplitud de recursos, bajo una administración seria y calificada. Tercero, la credibilidad del programa que hace 37 meses se efectúa conjuntamente entre la Secretaría de Agricultura de EU y el MIDA, basado en una divulgación efectiva, en la cual cada funcionario se ha convertido en un promotor consciente. Como aspecto culminante y decisivo, está el posesionamiento del programa por parte de los productores.
El esquema y estilo de trabajo de COPEG, bien pudiera servir a otros programas de desarrollo en el agro. No obstante, el camino recorrido desde que la Asamblea Legislativa realizó la vista presupuestaria del sector agropecuario en Las Tablas (oct. 14-00) pareciera indicar lo contrario. Antes de finalizar el siglo (dic. 7-00; Ponuga de Veraguas), la propia Comisión respectiva de la Asamblea en un encuentro de productores se ocupó de comprobar mediante encuesta, que el agro panameño está muy lejos de ser un mar de leche. En aquella oportunidad se insistió en la baja ejecución presupuestaria del sector.
Más de la mitad (56%) de las 16 organizaciones más importantes encuestadas (avícolas, porcinos, ganaderos, arroceros, plataneros) que representan el 40% de los productores de sus respectivos gremios, dijo "no conocer las medidas arancelarias pactadas con la OMC"(Sic. p.7) . El 50% indicó haber sido afectado por la OMC. Un 57% aseguró estar participando en los programas de reconversión y modernización del MIDA; otro 38%, no lo hace. El 50% afirmó que a estos programas les hace falta divulgación y capacitación. Un 50% sostiene no recibir ninguna información sobre el comportamiento de los mercados, mientras que un 31 % recibe alguna información. El 88% aceptó que "no existe apoyo estatal o de otras organizaciones en manejo post cosecha".(Sic. p. 5). Aquí se pierde un 30% del producto, anoto.
Como conclusión del informe que comento, el Encuentro de Ponuga, restableció verdades añejas: "baja productividad (...) débil organización (...) bajo nivel educativo-escolar (...) indiferencia por parte de los productores hacia las instituciones del Estado, debido a que éstas no presentan resultados" (Sic. p. 8). Otras cifras, esta vez de la Autoridad del Canal de Panamá, basadas en datos de la Contraloría General sobre seis distritos (17 corregimientos); 34.995 habitantes de 6.815 viviendas de la Cuenca Occidental del Canal, revelaron que el 62 % de las viviendas tienen piso de tierra; el 33% no tiene agua potable y el 93% no tiene luz eléctrica. El 28% de los jefes de familia no tienen ingresos monetarios y el 40 % gana menos de B/. 100 al mes. Con toda razón muchos de los cientos de productores reunidos hace un par de semanas en Chiriquí, se preguntaban sobre la posible bomba migratoria del campo empobrecido hacia las ciudades, tal como ya está ocurriendo en varios distritos canaleros. Lo del Darién es página aparte.
Pero más que lamentos y presuntos culpables, lo que el país requiere, en este caso el campo, es mayor presencia y empuje por parte de los diferentes programas dirigidos a reactivar y desarrollar nuestro sistema productivo primario. En otras palabras, de impactos efectivos y reales más allá del papel y los "data shows". En verdad no me sorprende que el sector primario no figure en el Plan de Reactivación Económica presentado recientemente. Es que para muchos, el sector agropecuario y ambiental del país pareciera no existir.
Como si fuera poco, las noticias que nos llegan sobre el cambio climático y el regreso de El Niño y La Niña, no son halagadoras. Tampoco la expansión de enfermedades tan devastadoras y globalizadas, como el de las vacas locas. La aftosa se aproxima amenazadoramente. Sobre todo esto, debo insistir en que el país, en este conversatorio de sordos, tiene que unificar esfuerzos y voluntades, precisando metas y objetivos reales. El éxito alcanzado por COPEG en esta primera fase de erradicación del Gusano Barrenador del Ganado, no puede verse como una experiencia aislada del cuerpo total del país, sino como un aporte colectivo, eficiente y altamente profesional.
Ojalá sirva de ejemplo para darle ánimo a otros programas orientados a hacer de nuestros campos algo más humano.

101 años de Panamá América

 
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