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De vuelta al campo


Las importaciones de granos, indispensables en la canasta básica de los panameños, es un paliativo digno de elogiar, pero se hace pertinente aplicar medidas más agresivas en el sector productivo de Panamá. En la década del ‘70, el país era deficitario en la producción de arroz para el abastecimiento nacional y no fue hasta los años '80 que se estableció una política de fortalecimiento del agro y de sustitución de importaciones. Se crea el MIDA como regente de la política agropecuaria y, a la vez, otras instituciones como parte de una estrategia diseñada para crear las condiciones de un efectivo desarrollo del sector primario y así mejorar la calidad de vida de los habitantes en áreas rurales.

Con el fortalecimiento de la Reforma Agraria, también se creó la Asociación de Productores en Cooperativas y Asentamientos Campesinos para facilitar las tierras y legalizar los terrenos de los productores que no contaban con el amparo legal. Adicional, se estimuló a la Escuela Nacional de Agricultura en Divisa y a de Agronomía, hoy, Facultad de Ciencias Agropecuarias.

Todo ello obedecía a un interés claro de fortalecer las políticas alimenticias a tal nivel que los productores lograban equiparse a precios muy razonables y con todas las facilidades crediticias, a través de la Endema (Empresa Nacional de Maquinarias Agrícolas), la cual hoy no existe. En el caso del arroz, se logró autosuficiencia en su producción a comienzos de la década del ‘80, gracias a un plan agresivo; así como la aplicación de tecnologías modernas en el uso de semillas certificadas, asistencia técnica y, sobre todo, en el aspecto del seguro agropecuario. A la vez, se estableció el precio de sostén y apoyos para el uso de silos, secadoras, y molinos.

Las políticas del FMI y del Banco Mundial crearon en los últimos años una desaceleración por la eliminación de los estímulos a la producción de los granos básicos y otros rubros presumiendo que éstos podían ser importados a precios más bajos, obligando prácticamente a nuestros arroceros a incursionar en la producción de rubros no tradicionales. Lastimosamente, nuestros productores no escapan de la realidad del alza del petróleo, de la energía y de los fertilizantes, ni hablar de los intermediarios que con la práctica del "juega vivo" incentivan una especulación salvaje en el precio final a los consumidores, duplicando, y hasta triplicando, el precio del producto que compran al productor bajo la excusa de la imperante inflación en distintos rubros.

Las recientes medidas adoptadas por el Gobierno y las importaciones son un paliativo valioso para el consumidor, pero no es una solución permanente a la futura crisis de escasez de alimentos a nivel mundial.

Hoy día se necesita una política de vuelta al campo que incluya a los micros, medianos y grandes productores, considerando que se hace inevitable intensificar los programas agropecuarios que permitan a ciertos sectores de la población tener la facultad de producir sus propios alimentos. Todo esto debe servirnos para reflexionar sobre el rumbo que va tomando nuestro sector primario y de la ineludible necesidad de implementar políticas de Estado encaminadas a preservar y fortalecer nuestra soberanía en la producción de alimentos.

101 años de Panamá América

 
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