¿Debemos retirarnos del Parlacen?
Opino que todavía no. Entiendo que debido al alto costo de nuestra participación en esa institución que, al ser comparada con la poca utilidad que nos rinde, muchas voces se alcen para solicitar nuestro retiro. Sin embargo, no creo que esa sea la solución. El Parlacen, como una de las piezas claves del Sistema de Integración Centroamericano puede ser útil, pero debe ser reformado radicalmente.
El nuevo gobierno antes de considerar, como se viene anunciando, desvincularnos del Parlacen, debe proponer a los otros gobiernos de la región cambios como los siguientes: 1) Eliminar la condición de “diputados automáticos” que se les otorga a los expresidentes y exvicepresidentes. No existe ninguna justificación para concederles esa prerrogativa que, además de un salario considerable, conlleva otras prebendas similares a las que tienen los diputados nacionales, incluida la de exonerar vehículos. 2) Dejar a cada uno de los países miembros en libertad de decidir como escoge sus representantes al Parlacen. En Panamá, en lugar de elegir diputados especiales para el Parlacen, se crearía en la Asamblea Nacional una comisión, que se denominaría “Comisión del Parlacen”, con representantes de todas las bancadas, de la misma manera en que se integran las actuales comisiones del Órgano Legislativo. Si nuestra representación le correspondiera a una comisión de la Asamblea, no habría que pagar salarios adicionales ni duplicar otras prebendas y el costo de nuestra participación se reduciría, a lo sumo, a la cuarta parte del actual.
Uno de los señalamientos que con mayor frecuencia se le hacen al Parlacen, es su desvinculación con los parlamentos nacionales. Por un lado andan los diputados al Parlacen y por otros rumbos nuestras asambleas. Y en las actuales circunstancias, en que gracias al fallo del Tribunal Electoral que anuló las candidaturas del Partido Cambio Democrático, el PRD controla 14 de las 22 diputaciones centroamericanas, esa desvinculación se hará más evidente.
Las decisiones del Parlacen “no son vinculantes”. Ello quiere decir que para que tengan efectos en nuestro país, deben ser prohijadas, o sea, convertidas a leyes por la Asamblea Nacional. Si nuestra representación la llevara una comisión de la Asamblea el puente y la coordinación estarían asegurados y los resultados de las deliberaciones del Parlacen tendrían posibilidad de proyectarse internamente, cuando el tema lo amerite, y dejarían de ser declaraciones intrascendentes.
Por otra parte, el Parlacen no debe sesionar más de treinta días en el año. Bastaría que se reuniera en dos períodos de quince días cada uno. No hace falta más.
Antes de pensar en una denuncia del Tratado Constitutivo del Parlacen, que conllevaría a nuestro retiro total de ese organismo, que es pieza importante del proceso de integración centroamericana, lo recomendable sería que nuestro país propusiera cambios como los antes indicados y buscara que sean apoyados por los otros países de la región. Sólo si ese intento resultara fallido, cabría, en mi opinión, el retiro que algunos proponen.