Deberes de la prensa libre
La prensa libre debe estar exenta de toda compulsión, gubernamental o social. Es imposible determinar qué criterio será el que decida lo que es bueno y conveniente que el público lea. Sólo el apoyo público puede aceptarse como criterio seguro. Las publicaciones indignas hallarán pocos lectores que obtengan algún beneficio de ellas. La prensa debe ser independiente y, para serlo, necesita sostenerse por sí misma, obtener utilidades sin subsidios. Es decir, no puede servir al público que la apoya si tiene "cola que le pisen".
John Thadeus Dalane, el gran director de The Times, de Londres, de 1841 a 1877, expuso con elocuencia este principio, señalando: "Para desempeñar sus deberes con entera independencia y, en consecuencia, con la mayor ventaja para el público, la prensa no puede pactar ninguna alianza estrecha con los estadistas del momento, ni puede prescindir de su interés permanente, para conveniencia del poder efímero de cualquier gobierno. El primer deber de la prensa es obtener la comprensión más rápida y más correcta de los sucesos del día y, al revelarlos sin demora, convertirlos en propiedad común de la nación. La prensa vive de sus revelaciones. Cualquier cosa que llega a su conocimiento se convierte en parte del conocimiento y de la historia de nuestra época.
El deber de la prensa es hablar; el de los estadistas guardar silencio. Los gobiernos deben tratar a otros gobiernos con respeto extremo, por negro que sea su origen y por infame que sean sus actos; pero, afortunadamente, la prensa no se encuentra sujeta a tales impedimentos".
En consecuencia, se pudiera decir que el deber del periodista es el mismo que el del historiador: buscar la verdad, sobre todas las cosas, y presentar a sus lectores no aquello que los gobernantes desearan que conociesen, sino la verdad, hasta donde le sea posible alcanzarla. Por eso, el periodismo considera la imparcialidad como un ideal. Y el ideal de la imparcialidad lo alcanza el periodismo que evita el error, la predisposición, el prejuicio, el colorido falso. Los mejores escritores y los mejores periódicos tratan de evitar la parcialidad deliberada e intencional. La prensa debe ser exacta, honrada y decente, y, además, tener un alto sentido de responsabilidad. El esfuerzo por lograr una exactitud imparcial es la medida del carácter periodístico, cualquiera que sea el medio que se emplee.
La buena reputación no se adquiere o se sostiene fácilmente, sin luchar por ella a diario. Ningún negocio se encuentra tan sujeto como el periodismo a multitud de cambiantes contactos con el público, a tan variados problemas que demandan decisiones inmediatas.
Pero los elementos sencillos de la buena reputación en todas las formas de periodismo son siempre los mismos: honradez en la noticias y en los anuncios.