Decálogo del funcionario público
Para un mejor servicio y rendimiento en el servicio público, ofrecemos a los interesados el contenido de este decálogo:
Desempeñar la tarea que se le ha encomendado, con cabal sentido de responsabilidad.
Comprender que la función administrativa es un servicio público, que debe ofrecerse con diligencia y son seriedad.
Entender que la Carrera Administrativa es un proceso natural, en donde el ascenso digno se alcanza en razón de la aplicación, el celo y demostrada capacidad.
Hacer un culto del compañerismo, pero advertir que el compañerismo no es aparcería indecorosa dedicada a apañar inconductas, ni menos abuso de la ajena tolerancia o aprovechamiento indebido de la condescendencia de los demás.
Ser lo más eficaz o útil en la labor confiada, evitando caer en la indolencia desmoralizante y en el parasitismo desdoroso.
Poner empeño en superar las propias calidades y las personales condiciones, firme el concepto de que hay que evolucionar no en busca de materiales recompensas, sino obediente a un imperativo de la dignidad.
No manchar el buen nombre y la reputación aceptando dádivas que tuercen la rectitud de procederes. La prebenda y el soborno son baldones que estigmatizan la personal nombradía y ofender la probidad.
Recordar que los recursos financieros utilizados para retribuir los empleos administrativos se forman con el aporte de la comunidad, y que, por lo tanto, quien contribuye a sostener la organización estatal, tiene justificado derecho a ser servido con cortesía, diligencia, corrección y ecuanimidad.
No envanecerse con la posición que otorga el puesto alcanzado o discernido. La función no jerarquiza al hombre o la mujer que la desempeña si el hombre o la mujer no jerarquiza el cargo.
Aplicar la mayor contracción a la tarea específica que le compete y ejercitar la posible colaboración en el propósito de facilitar gestiones, obviar obstáculos y agilitar tramitaciones, eliminando el mal de la recámara burocrática que dilata soluciones, lesiona legítimos intereses y entorpece la acción del progreso social".
Desempeñar la tarea que se le ha encomendado, con cabal sentido de responsabilidad.
Comprender que la función administrativa es un servicio público, que debe ofrecerse con diligencia y son seriedad.
Entender que la Carrera Administrativa es un proceso natural, en donde el ascenso digno se alcanza en razón de la aplicación, el celo y demostrada capacidad.
Hacer un culto del compañerismo, pero advertir que el compañerismo no es aparcería indecorosa dedicada a apañar inconductas, ni menos abuso de la ajena tolerancia o aprovechamiento indebido de la condescendencia de los demás.
Ser lo más eficaz o útil en la labor confiada, evitando caer en la indolencia desmoralizante y en el parasitismo desdoroso.
Poner empeño en superar las propias calidades y las personales condiciones, firme el concepto de que hay que evolucionar no en busca de materiales recompensas, sino obediente a un imperativo de la dignidad.
No manchar el buen nombre y la reputación aceptando dádivas que tuercen la rectitud de procederes. La prebenda y el soborno son baldones que estigmatizan la personal nombradía y ofender la probidad.
Recordar que los recursos financieros utilizados para retribuir los empleos administrativos se forman con el aporte de la comunidad, y que, por lo tanto, quien contribuye a sostener la organización estatal, tiene justificado derecho a ser servido con cortesía, diligencia, corrección y ecuanimidad.
No envanecerse con la posición que otorga el puesto alcanzado o discernido. La función no jerarquiza al hombre o la mujer que la desempeña si el hombre o la mujer no jerarquiza el cargo.
Aplicar la mayor contracción a la tarea específica que le compete y ejercitar la posible colaboración en el propósito de facilitar gestiones, obviar obstáculos y agilitar tramitaciones, eliminando el mal de la recámara burocrática que dilata soluciones, lesiona legítimos intereses y entorpece la acción del progreso social".