Decálogo del gobernante
El presente Decálogo, redactado por la Liga Pro Comportamiento Humano, que vela por la vigencia de los valores éticos y espirituales, lo hemos publicado en varias épocas (años 70, 80 y 90 del siglo XX, y ahora en la primera década del siglo XXI), como una contribución docente al adecentamiento de la Administración Pública en Panamá, y por un desempeño digno de nuestros gobernantes de ayer a hoy y del futuro.
1º - Desempeñar la función encomendada con cabal sentido de responsabilidad, conciencia de la propia idoneidad y espíritu de sacrificio.
2º - Entender que la posición escalada no es una canonjía ni un bien de uso indiscriminado sino un mandato que da derechos pero que también deberes indeclinables.
3º - Saber abstraerse a las influencias partidistas, presiones de grupo y a toda demanda unilateral del interés creado, comprendiendo que la única causa que ha de servirse es la del bien de la colectividad.
4º - Proceder con ecuanimidad, juicio sereno y decisión firme en la solución de los problemas que se plantean a su personal consideración y obrar sin flaquezas ni dubitaciones cuando se trate de reprimir la ilegalidad y castigar las violaciones de las prescripciones normativas.
5º - Escoger colaboradores capaces, honestos y laboriosos, librándose de los males del favoritismo, de la oligarquía y de los afectos familiares, valores negativos si no se hallan acompañados con el testimonio de una probada eficiencia y una indiscutible capacidad moral.
6º - Cumplir lealmente los propósitos expuestos en la toma de posesión del cargo, avalando la seriedad de la promesa con actitudes de consecuencia principista y rectitud funcional.
7º - No olvidar que para exigir a la ciudadanía orden, honradez, conducta y esfuerzo, es preciso obrar en los planos superiores con fuerza de ejemplaridad.
8º - Convenir en que no existe una moral privada y una moral pública porque la moral es una sola e indivisible y no admite una interpretación dual.
9º - Servir sin defecciones la doctrina del interés público y no ceder ante los juegos políticos que conspiran contra la dignidad. Comportarse con cordura y exento de pasiones, firme el convencimiento de que no existen amigos y adversarios sino integrantes de una única entidad institucional.
10º - Tener la valentía de abandonar el cargo que se desempeña o a la representación que se inviste, cuando está en peligro el mantenimiento de una recta línea de conducta o cuando la vindicta pública señala con su dedo acusador la violación de los deberes, la incapacidad funcional o el abuso de las facultades otorgadas, entendiendo que honra más una retirada digna que un poder detentado por razón de empecinada prepotencia y sin contar con la confianza de los gobernados y el respeto de la sociedad.