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Decepción e incomprensión


En días pasados, la Presidenta Mireya Moscoso manifestó que su mayor decepción en el gobierno han sido los medios de comunicación social. Desde su perspectiva, los medios escritos, televisivos y radiales se han dedicado a criticar su gestión severamente, ignorando sus buenas obras. En sus palabras, "había que pagar para poder publicar una noticia". Advirtió que "el gobierno no ha tenido medios de comunicación".
Evidentemente, casi cinco años en el gobierno y una larga trayectoria política, no le han enseñado a la mandataria cuál es el papel de los medios de comunicación en una democracia. Estos son un grupo importante en la promoción, protección y permanencia de la democracia. Algunos han llegado a tildarlos de "cuarto poder", y atribuirles un poder institucional que no tienen. Sí, en cambio, los medios en su diario desenvolvimiento pueden coadyuvar en la fiscalización de la conducta de los funcionarios y la marcha del Estado, a más de servir como vínculo de comunicación entre éste y los ciudadanos.
Pero los medios de comunicación no son una persona, ni un grupo reducido de éstas como para imputarles posturas unidireccionales. En Panamá, son muchos. La radio está demasiado fragmentada para poder aseverar que opinan al unísono. La televisión abierta es controlada por cinco grupos, al menos dos de los cuales son apolíticos. Y los diarios son siete, editados por cuatro empresas distintas, al menos una de las cuales está vinculada al gobierno de Moscoso. Y los otros son independientes. Pero dentro de cada uno de todos estos medios hay cientos sino miles de personas, cada una con sus propias opiniones, quienes lidian con las noticias a diario. Difícilmente se puede sostener que todas ellas han estado consistente y permanentemente remando en una sola dirección, siempre en contra de este gobierno.
La misma diversidad de opiniones en los medios de comunicación la encontramos en la ciudadanía. En sus respectivas comunidades deben haber tenido oportunidad, haber visto o haberse percatado de las obras y los cambios que el gobierno ha ejecutado. En lo social, tienen que haberse beneficiado de los programas habitacionales, las construcciones de infraestructura, las edificaciones de escuelas, hospitales y centros de salud. Pero, al menos cuatro de cada cinco votantes, enviaron un mensaje claro el 2 de mayo: ¡No nos gusta lo que han hecho y queremos un cambio!
La incomprensión de los gobernantes sobre el rol de los medios de comunicación también es decepcionante. Llevan tantos años conviviendo con éstos y aún no los entienden y continúan culpándolos por su situación, cuando en el fondo lo que simplemente exponen es lo que ellos hacen. Ellos son los protagonistas. Ahora bien, la incomprensión de los gobernantes sobre la frustración del electorado, manifestada claramente a través del sufragio, es aún peor, porque deja de manifiesto una absoluta desvinculación e ignorancia.
Tal vez debamos preguntarnos con Maurice Joly en su "Diálogo en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu": "¿Qué forma de gobierno creéis posible en una sociedad donde la corrupción se ha infiltrado por doquier, donde la riqueza se adquiere por la sorpresa del fraude, donde únicamente las leyes represivas pueden garantizar la moral y el mismo sentimiento patriótico se ha disuelto en no se qué cosmopolitismo universal?".

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