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Decepción y éxtasis



El partido final de la Copa Mundial del Fútbol produjo toda la gama de emociones que se puedan prever. El éxtasis del triunfo italiano fue precedido por la decepción que produjo el absurdo cabezazo de Zidane. El gran "Zizou" que debía terminar su carrera futbolística caminando por la alfombra roja del triunfo, salió expulsado con tarjeta roja por una conducta inaceptable en este deporte. El gran portero Buffon fue la estrella del partido, al evitar los goles que hubiesen inclinado la balanza en la dirección de la selección gala. Fue un partido intenso y ágil que mantuvo la adrenalina fluyendo en todo el evento. Materazzi fue quien anotó el gol del empate y Materazzi fue el receptor del iracundo cabezazo de Zidane, que selló la suerte de la selección francesa. Todavía no sabemos qué le habrá dicho Materazzi para desencadenar esta reacción de un jugador tan experimentado como Zinedine Zidane pero por esa misma razón, Zidane nunca debió reaccionar así. El partido debió ir a tiempo extra y a penales para ser definido, eso muestra la calidad de las escuadras enfrentadas. Ambas podrían haberse coronado campeonas con igual legitimidad. El triunfo de la escuadra Azurra ayuda a rehabilitar el prestigio, que en las últimas semanas fue tan vapuleado por escándalos que involucran a directivos y árbitros. Se terminó el Mundial y el mundo vuelve a su cotidianeidad. La emoción, la decepción, el éxtasis y el dolor se mezclaron en un final intenso. El mundo se empieza a preparar para Sudáfrica 2010. Ojalá allá Panamá pueda estar, más allá de la consabida y orgullosa bandera, que apareció siempre en los estadios.

101 años de Panamá América

 
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