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Decíamos ayer


Fray Luis de León, fraile agustino, estuvo retirado por cierto tiempo de las aulas donde leía una cátedra, y cuando retornó, inició sus prelecciones magistrales con estas palabras: "como decíamos ayer". Yo no soy fray Luis, ni nada parecido, ni estoy en ninguna aula, sino en una columna de uno de los periódicos de este país en donde, por cierto tiempo, he tratado de intercambiar opiniones quizás anodinas pero que, sin duda, a mí y a otros nos sirven de punto de referencia en el diálogo continuo.
Antes que nada millones de gracias a los que descubrí con motivo de mi visita al quirófano con todas sus secuelas. Mi agradecimiento a ese grupo distinguido de ex alumnos y amigos que me han sorprendido con la "vaca" para sufragar los gastos de hospital y todas sus secuencias. Francamente aunque supongo que ya habrá existido precedentes similares, para mí y más aquí en mi propia tierra, Panamá, no asumía que existiera ni que pudiera existir tanto aprecio y ese, fuera de lo común, sentido de solidaridad. No sé cómo agradecerles de otra manera sino con mis oraciones y mi oferta permanente en sus asuntos religiosos y piadosos.
Todos más o menos, unos ahora, otros más tarde, estamos abocados a distintos achaques. Aun los que normalmente nos consideramos invulnerables, siempre tenemos una tripa colgando, una extraña dolencia sin una causa aparente que la cauce. O lo que es peor, los enemigos silenciosos. Me contaba un amigo que fue a visitar un médico al Seguro Social y que luego de la visita, buscó un teléfono público para llamar a su familia e informarles que no volvería a su casa, pues él no sabía por qué le habían ordenado hospitalización inmediata por las maravillas que habían demostrado sus exámenes.
"Salus suprema lex" ("la salud es lo primero"). Es un don de Dios que hay que agradecer, apreciar y cuidar. También es cierto, cosa que aborrecemos, que hay que estarse chequeando periódicamente, no sea que cuando lo tengamos que hacer sea muy tarde. Hay que superar la aversión que naturalmente nos provoca la visita al médico y a lo que nos va a decir. Sorpresa ha causado el hecho de que tres ex alumnos de la misma promoción del Javier, cada uno por separado, jóvenes profesionales en plena madurez, se encuentran en una lucha contra la enfermedad por cuya recuperación no cesamos de ofrecer oraciones al Señor a fin de que se haga su voluntad y que si fuere para mayor bien espiritual de ellos, que les devuelva la salud, lo que la mayoría de sus compañeros siempre les desean.
Hoy, domingo de Ramos, se lee la Pasión según San Lucas. Sobre el tapete en nuestro ambiente se encuentran los comentarios diversos, a favor y en contra de la película "La Pasión", de Mel Gibson. Se ha escrito con autoridad sobre el tema. He percibido que jamás se había tratado como ahora para bien, suponemos, y mal para aquellos que siempre están en contra de todo. "No sé de lo que están hablando, pero me opongo".
Ya en Semana Santa o Semana Mayor, porque lo Santo dependerá de cómo tratemos de vivirla sin mayores aspavientos, sino con sinceridad interior meditando los grandes misterios y las grandes realidades espirituales que se derivan de la consideración de la Pasión del Señor que en último término viene a ser la historia de cada uno de nosotros. Si El llevó su cruz, también nosotros debemos seguir tras de El, llevando las nuestras.
Entre las muchas consideraciones que normalmente ofrecen las narraciones diversas de los evangelistas sobre la Pasión, queremos llamar la atención sobre dos aspectos de Lucas: una de la no violencia y la otra, la capacidad de perdonar. ¿Usamos la espada"? preguntaron los discípulos. La respuesta de Jesús fue inconfundiblemente negativa. Y Lucas nos refiere que "Jesús tocó la oreja de Malco y la curó". Tanto que advirtió de amar al enemigo, como él lo hizo, y actuaron como actuamos nosotros hoy, con la campaña sucia que tanto gusta. Jesús no permitió la violencia en ninguna circunstancia. Colgando de la cruz, luego de haber sido abandonado, traicionado y rechazo por los poderes existentes, Jesús en un acto solemne he inspirado oró a su padre Dios pidiendo perdón por aquellos que injustamente le habían tratado con tanta violencia, porque no sabían lo que hacían y aún no lo saben, o mejor no lo sabemos, ya que en la consideración de la pasión de Cristo nosotros somos los actores invisibles. Sin violencia y con capacidad para perdonar acompañemos al Señor estos días.

101 años de Panamá América

 
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