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“Decisiones” de Martín


Lo que ya algunos habíamos exteriorizado unas semanas atrás, lo acabó disparando “El Centenario”. Rubén Blades podría ser elegido por Martín Torrijos como uno de sus vicepresidentes. Vicepresidentes, por cierto, que en la historia del país han servido más para conspirar contra el titular que para asistirlo. Decisiones difíciles, íntimas del candidato presidencial, intransferibles porque pueden conllevar su ascenso al poder o su muerte política. Pese a lo menguada de sus funciones, los vicepresidentes en una cartelera pueden sumar o restar a mucha gente, y pueden ser factor en una victoria o una derrota. Además, lo más importante, pueden y deben constituirse en parte vital del equipo de trabajo, con funciones concretas.
En materia política, los pueblos como el nuestro no piensan tanto como sienten. Y se siente con el corazón y las vísceras. En estas efemérides del Centenario, Rubén sonó, cantó, se sintió, llegó a los tuétanos. Fue, gracias a la chambonada protocolar, a la patinada del que aconsejó a Mireya Moscoso y le sopló al oído a Lorena Castillo no darle tarima oficial a la estrella panameña, el mayor regalo de los arnulfistas al perredé. El extraordinario artista fue la estrella del evento, sin duda alguna. Ni Sean Connery, ni ningún presidente invitado pudo competirle; es más, a nivel popular ni sonaron ni tronaron. Además, tampoco cantaban. Blades y su “Patria, son tantas cosas bellas” ocuparon el primerísimo lugar de audiencia, polémica y expectación. La muchedumbre abarrotada queriendo oírlo fue la más grande encuesta de carne y hueso de verdad.
Cualquier caudillo hubiese envidiado esa euforia. Naturalmente, no nos equivoquemos, fueron a ver al artista, no al político. Que son cosas distintas. Pero si algún momentum ha tenido el destino para Blades, que no necesita más cámaras, pues se las ha ganado sólo, es éste. Nadie es saludado hoy como él, por todos los círculos. Y si le agregamos a eso que usan los panameños, el voto castigo, el apoyo a “la víctima”, aunque sea por joder, Rubén hoy es un factor inmenso de popularidad y de poder de convocatoria. Y creo que tanto José Miguel como el propio Endara darían la mitad de su reino por llevarlo en su nómina.
Los grandes líderes han tenido eso que les atribuyen como “dones especiales” a caudillos como Juan Domingo Perón, Velasco Ibarra, en Argentina y Ecuador; o a Arnulfo Arias o al propio Omar Torrijos Herrera, ese olfato de sentir por dónde andan caminando las emociones de sus connacionales, eso a lo que se le denomina “el sentido de los tiempos” que les permitía actuar en sintonía con las multitudes, lo que hoy nos hereda el anglicismo “el timming”. Ese sentido de la oportunidad lo demostraron Martín y Juan Carlos, Vivian en el medio, para hacerle una tarima popular a Rubén y ponerlo a cantar para el pueblo, que pagó con creces el esfuerzo e incluso la saboteada al acto. Blades fue la mayor nota del evento y de abajo para arriba surgió el asunto: “Puede ser el vicepresidente natural de Martín”. Ni lo negó ni lo aceptó el cantautor, y Martín se sigue reservando sus decisiones.
Decisiones bien difíciles dentro de un partido como el perredé, tan colectivista y ya sectario por espíritu de cuerpo. Difíciles, porque habría que medir cómo se percibe al Blades artista del Rubén en una nómina.
Con sus ventajas y desventajas: empezando por las últimas, el cantante tiene décadas acostumbrado a la adicción del aplauso, que infla el ego, ese ego “argentino” que todos los famosos llevan por dentro. Y que acompaña siempre al liderazgo occidental (los sabios chinos lo comprendían muy bien y elevaban la humildad a la mayor cualidad de los líderes). ¿Cómo podría repartirse el protagonismo y el aplauso entre Blades y Martín subidos ambos a las tarimas políticas, ya no cantando sino en los temas nacionales, tan complejos? Allí puede estar lo más complejo para dos nativos del signo de Cáncer, ambos hipersensibles, celosos, cardinales; lo que equivale a decir líderes ambos por esencia. Ser un segundo, y ser talentoso, es algo excepcionalmente complicado. De eso conocemos.
El cantautor es, además, un ser complejo, difícil en equipo, según la historia, y muy huidizo del país, demasiado famoso en el mundo para quedarse trabajando en el país. Pero está crecido, pidió perdón en público por sus errores. Trascendió mucho espiritualmente. Puede ser que en un gobierno se vuelva un disidente rápidamente. Dependería de la alquimia y la altura de miras de ambos, Martín y él, en caso de que la idea popular cuaje.
Rubén puede, como ventajas, traer su expresión emocional vigorosa, su dinámica, su sentido de la metáfora oportuna, sus excepcionales contactos internacionales, su salsa para aportarlos a la formalidad y seriedad de Martín. El humor, la risa que están faltando, y que la tiene de su lado el mayor competidor del aspirante del perredé, Guillermo Endara, que ha sabido sacarle ventajas increíbles a su espontaneidad y ocurrencias. Blades ha reiterado que desea cooperar activamente en un futuro gobierno del PRD. Ha adelantado, incluso, sus parcelas de interés. Nada impide una alianza, más bien el Centenario lo propició. No obstante, quedan incógnitas dificilísimas para Torrijos; la principal es cómo resolver el espacio del Partido Popular. Un partido que, en efecto, sumará pocos votos, pero con gente de gran creatividad y peso intectual. ¿Es imprescindible darles un cupo en la nómina? Rubén Arosemena, actuando con cálculo y madurez, podría no hacer de eso un problema de principio si tuviese el liderazgo interno suficiente y si su estado mayor busca asegurar el triunfo más que la inclusión en una papeleta. Los espacios políticos se resuelven mejor desde el poder que perdiendo. Si no, que le pregunten a los molirenas, que al final ganaron tanto como los arnulfistas (aunque ahora se piensen ir en masa con Endara a partir de enero) Y Rubén Blades no es un pintado a la pared en política, no es un cuerpo extraño. Lo sabemos. Canta y suda por lo social.
Tremendas “decisiones” tiene que tomar Martín. Ser el neurocirujano de su propia operación, delicadísima. De unas escogencias que ahora, en la dureza de la competencia, pueden significar su vida o su muerte política. Responsabilidad íntima del candidato. Decisiones... alguien gana, alguien pierde... Ave María.

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