Declive de la impunidad
Constantemente leemos y escuchamos noticias atinentes a la descomposición social, y en particular, sobre el enriquecimiento ilícito de funcionarios que permanecen impunes. Pareciera que este es un mal generalizado en los países de nuestro hemisferio y muchas son las voces que se levantan expresando desesperanza y solicitando castigo.
No obstante, los que pasamos de los 70 u 80 años de edad hemos podido constatar que los tiempos de las patrias bobas y la impunidad han ido desapareciendo. Recordamos que en los albores de los años 30 un ex Ministro de Educación cubano llegó a Miami y al pasar por la aduana le preguntaron qué llevaba en sus maleta; dijo que cosas personales y dólares americanos. Era una cuantiosa suma que no recordamos ahora. Le dieron paso libre, porque el país no podía objetar que regresaran a su circulación sus propios billetes. Aunque parezca extraño, no se solicitó su extradición.
Cuando Batista abandonó Cuba y se fue a España con su fortuna, no tuvo problema alguno hasta el último día de su vida. Ya esos tiempos pasaron a la historia.
Actualmente en Costa Rica, hay dos ex presidentes en la cárcel. En Nicaragua un ex mandatario fue condenado a 20 años en prisión. Pinochet, ex dictador durante 17 años en Chile, fue apresado en Londres y terminó siendo procesado en Chile; el hermano de un ex presidente de México fue solicitado en extradición y está en la cárcel; también lo está en Perú el ex presidente Fujimori; en Colombia varios senadores fueron sacados de sus escaños para encarcelarlos. En Panamá hay varias condenas contra Manuel Antonio Noriega en su ausencia y asilados algunos ex mandatarios que tuvieron que abandonar sus países y los reclaman para juzgarlos. Denominador común en la mayoría de los casos: Enriquecimiento ilícito. Ahora en todos nuestros países funcionarios de las más altas esferas pueden, y harían bien en mirarse en ese espejo.
Evidentemente la impunidad está en declive.