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Dedo y corrupción


Pretender volver a los métodos autocráticos de selección, a través del cual el dedo del dirigente de turno señalaba al resto del conjunto o los sustitutos, es como pensar que el tiempo se ha detenido, que nada ha ocurrido desde entonces. El código electoral se ha renovado, y también los estatutos de los colectivos políticos y organismos sociales, precisamente para ampliar la cobertura de participación de todos los agremiados e independientes en la vida política. Tal proceder contrasta con los principios declarados por los partidos y aprobados en congresos extraordinarios.
Los discursos de dirigentes sobre una "nueva nación" y "un partido para todos" perderían fundamentos y conceptos doctrinales si estos mismos dirigentes impulsan en dirección contraria viejas prácticas antidemocráticas. Se desenmascararían la epidermis demagógica que cubren sus actos y ofertas. Se profundizaría la corrupción que tanto se denuncia y, lo que es peor, se perdería, si aún queda algo, la credibilidad en el liderazgo.
Justificar tal actitud, so pretexto de ganar un equipo de confianza, no es más que eufemismo y utopía. Cuando lo que se busca y requiere es la conformación de liderazgo producto de la contienda democrática y participativa, que es la única forma de fortalecer las estructuras, la disciplina y el respeto en el partido. Valores en extinción en la actual dirigencia. El tiempo ha sido el mejor juez. Quienes producto de esas mismas prácticas se hicieron de los cargos dirigentes, no han tenido la capacidad de conducir adecuadamente al colectivo, sumiéndolo en la vergüenza y el descrédito público.
Si existe un elemento que contribuyó en el mes que transcurre a elevar la confianza en las expectativas del dirigente Martín Torrijos en las encuestas, lo fue precisamente la proclamación de la candidatura de Hugo Torrijos. La posibilidad de dirigir adecuadamente al partido, con participación de todos sus frentes de masas amigos e independientes, hacia una victoria electoral, debido a su fortalecimiento y cambios de cuadros e imágenes. Buscar la "unidad" o (el "clinch") en términos boxísticos, cuando constatamos que no tenemos los apoyos ni la fuerza para imponernos. Es una jugarreta de vieja data de los usureros y oportunistas políticos (los "juega vivos"), no entender que la única alternativa de triunfo electoral en el 2004, está precisamente en el cambio de personalidad y cultura política de la actual dirigencia.
El pueblo y el partido están hastiados de la mediocridad, vulgaridad y el lumpenato político que expresan voceros y dirigentes del sector legislativo, quienes no son garantía de confianza ni credibilidad, quienes negocian acuerdos, proyectos o leyes para la conveniencia de los jerarcas del gobierno y las suyas propias. La complacencia o complicidad con tales actitudes son percibidas hasta por el más sencillo y humilde panameño. Lejos estamos de la autoridad moral y política de un general Torrijos. Los de hoy, flanqueados por intereses bastardos y mezquinos, se doblegan faltos de una personalidad propia ante los contrarios, haciendo concesiones y negociando prebendas. Esos no podrán cambiar la percepción de corrupción y demagogia con que el pueblo aprecia en estos momentos a la clase política. Menos aún podrán conducir a un partido disminuido, resentido en su moral y principios políticos a una victoria electoral en el 2004.

101 años de Panamá América

 
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