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Defensa arqueológica de Irak


"The Filadelfia Inquirer" recoge la preocupación de arqueólogos norteamericanos de las universidades de Chicago, Pennsylvania y el Massachusetts College of Art sobre el peligro que atraviesan las ruinas de las antiguas civilizaciones que antes de Cristo habitaron en el territorio bañado por las aguas del Eufrates y el Tigris. Aunque las autoridades militares de los aliados aseguran que sólo bombardean blancos seleccionados ya se han producido ataques de aviones que han destruido algunos de los tesoros arqueológicos de Irak. Se dice que los soldados aliados se precipitaron a recoger guijarros de los adobes fragmentados de los lugares bombardeados para recogerlos como "souvenirs". Un episodio revelador de la formación cultural de las tropas invasoras.
El arqueólogo McGuire Wilson de la universidad de Chicago y otros colegas se han dirigido al Pentágono para que se excluya los templos, mezquitas y ruinas arqueológicas, alarmados por los bombardeos sobre el sur de Irak donde yacen vestigios de ciudades construidas hace siete mil años. Asimismo los bombardeos someten a riesgo las colecciones de los tesoros arqueológicos que se guardan en los museos de Bagdad y Mosul y se extinga para siempre un patrimonio histórico que non sólo pertenece a Irak sino a la humanidad. Entre otros tesoros allí se conservan millares de tablillas de arcilla en la que la escritura cuneiforme( así llamada por su similitud a las cañas de las orillas de los ríos Tigris y Eufrates) relata la historia de civilizaciones que legaron al mundo los primeros códigos y normas de contratos comerciales, construyeron los primeros canales de riego y convirtieron la tierra desértica en campos de labor donde se cultivó trigo por primera vez.
Tan influyente es la presión de los arqueólogos que el Pentágono se ha comprometido a proteger los centros culturales de Irak. Ojalá se cumpliera esa previsión trascendente. Sería deplorable que los ejércitos de E.U. e Inglaterra no emularan los ejemplos del visigodo Alarico que no holló sus monumentos cuando saqueó Roma; de Napoleón que respetó las pirámides, aunque destrozó a los mamelucos egipcios que le opusieron resistencia; o el del Afrika Korps de Erich Rommel que en la campaña norafricana dejó indemnes las ruinas que encontraba a su paso por los corredores del desierto. " ¡Los bárbaros, cara Lutecia, los bárbaros" dijo el poeta Rubén Darío, premonitoriamente.
La lucha por la paz es, entonces, más compleja; no nos dejemos confundir por cantos de sirena. Recordemos que en los escritos sobre el Apocalipsis se habla del advenimiento de los falsos profetas, los falsos líderes que conducirán grandes masas, llevándonos a la debacle.
Mientras más veo manifestaciones a favor de Sadam Hussein, temo ver el advenimiento de un falso profeta. No confundamos el sagrado deber de manifestarse por la paz, con el apoyo a un grupo nefasto de dirigentes. Cada vez veo más demostraciones no por la paz, sino contra un gobierno y a favor de otro; algunas de éstas, inclusive, han sido extremadamente violentas.
El deber de los que creemos en la paz, es luchar por ella. Esta lucha debe ser mejor orientada y creo que esta orientación debe recaer, en gran parte, en las iglesias. Pero entendamos que esta lucha por la paz es más profunda que simplemente detener el evento actual en Irak. La detención de esta guerra no nos hará volver a la paz, porque hace muchos años que este mundo ya no es un mundo de paz. Está pendiente su construcción.
Hoy existe una leyenda. La gente cuenta que la bomba es como esos caracoles, en los cuales se escuchan a las olas del mar. Sólo que cuando se pega el oído sobre el frío acero del cascote, lo que se escucha no es el mar, ni tampoco sonidos de guerras, sino canciones y más canciones de paz. Algunos dicen que los sábados en la mañana, la bomba sonríe.
(leisarce@cwpanama.net)

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