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Definiciones del comercio exterior


Dos velocidades se advierten en la política gubernamental en materia de comercio exterior. Por un lado, con una velocidad a buen ritmo, se prepara el gobierno a través del Ministerio de Comercio e Industrias y el Vicomex para negociar acuerdos de libre comercio con los países centroamericanos y con ese propósito ha viajado una delegación para participar en una importante reunión en Costa Rica. Pero, por otro lado, simultáneamente hay una desaceleración, un antiritmo de parálisis y aletargamiento en el Ministerio de Desarrollo Agropecuario, cuya política de proteccionismo a los productores locales ha llevado a la suspensión de importaciones de productos lácteos, carne, camarones etc. de diversos países, situación que poco a poco está atando de manos a los representantes panameños en las negociaciones bilaterales y multilaterales de la región, al momento de deliberar sobre las condiciones del comercio externo.
Panamá no debe continuar mostrando incongruencias de esta dimensión en materia de comercio internacional. O nos dedicamos a prohibir formalmente las importaciones, levantando barreras arancelarias y no arancelarias, y nos limitamos a consumir únicamente productos nacionales, asumiendo todos los riesgos. O seguimos abriéndonos al comercio internacional, ensanchando nuestro mercado interno a la competencia con productos foráneos, conforme a las obligaciones legales que contrajimos al aprobar por vía de una ley de la República, los alcances de la Organización Mundial de Comercio. Debemos definirnos cuanto antes, acogiéndonos a una de estas dos opciones, antes que la ambigüedad y la incoherencia agraven y extiendan sus consecuencias dentro y fuera del país.
El gobierno de Mireya Moscoso asumió ya la responsabilidad de elevar los aranceles a los productos importados para impedir la continuidad de los trastornos que la reducción arancelaria, aprobada por el régimen anterior, había suscitado en diversos sectores. Al parecer no ha sido suficiente el levantamiento de las barreras arancelarias, ya que, en los últimos meses, la dirección de Cuarentena del MIDA ha erigido barreras no arancelarias amparadas supuestamente en razones de defensa fitozoosanitaria, pero incumpliendo procedimientos y plazos de tramitación debidamente puntualizados por normativas de esa dependencia.
Bajo estas circunstancias, se impone la mediación del Poder Ejecutivo para corregir el rumbo desnivelado del MIDA y el MICI, uno volcado en un proteccionismo desmedido y el otro dedicado a la concertación de la política comercial panameña con las políticas comerciales regionales. La prevención del ingreso de agentes patógenos procedentes del extranjero como la mancha blanca y la cabeza amarilla que ataca a los camarones, al igual que la fiebre aftosa, puede conciliarse con la autorización de importación de productos que satisfagan los requisitos fitozoosanitarios. Asimismo, en el caso del mercado lácteo, en sus diversas variantes naturales y tecnológicas, no es imposible encontrar un espacio de concordancia entre la producción local y la extranjera. Hay que analizar la problemática en sus distintas aristas e instancias, antes de adoptar medidas unilaterales que perjudican la inserción de Panamá en el mercado mundial.


101 años de Panamá América

 
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