Degradación ambiental nacional
Todos los días, en medio de una gran indiferencia, se degrada el medio ambiente nacional; un crimen que pasa inadvertido, que sólo alcanza los medios de comunicación cuando el reducido número de ambientalistas de este país realiza una demostración pública. Son personas que se atreven a hacerlo en un medio donde se les considera como fanáticos, extremistas. Todos los días se lleva a cabo, en forma acelerada y progresiva, la destrucción del frágil ecosistema de nuestro bosque tropical, sin tomar en cuenta que cada vez que hacemos desaparecer una planta o un animal, al mismo tiempo se extinguen de 50 a 100 especies, como resultado de una reacción difícil de explicar.
Los manglares, en cuyas raíces y aguas cercanas los organismos marinos encuentran albergue permanente o utilizan estas áreas como criaderos, están siendo destruidos.
Cada año los ríos y quebradas en nuestro país se caracterizan por tener una mayor variación en su flujo y actualmente muchos desaparecen durante la estación seca. Solamente los grandes afluentes mantienen un flujo constante a través del año, y aún éstos muestran una gran variación estacional.
A consecuencia de los rápidos flujos de agua causados por la destrucción de la vertiente, la ausencia de árboles, así como la compactación del suelo y la acelerada erosión, muchos arroyos sólo registran flujos intermitentes, aún durante la estación lluviosa.
Debido a la extendida deforestación, el agua de los ríos en el país tiende a ser lodosa y muy sedimentada. En varias regiones de Panamá el micro clima ha sido afectado adversamente y la calidad del aire se ha empobrecido por la destrucción del bosque. La calidad del agua es también pobre por la predominante contaminación con desechos agrícolas, industriales y humanos. Las aguas residuales no tratadas son cada vez un problema mayor para las áreas urbanas.
Un agravante al problema de la contaminación ambiental es la exposición de personas, suelos, ríos y aguas subterráneas al incremento en el uso de plaguicidas aplicados en la agricultura, especialmente ahora que estamos incrementado la exportación de productos. Además del problema de las intoxicaciones por plaguicidas, la contaminación agrícola ha aumentado a través de otras fuentes.
La aplicación indiscriminada de fertilizantes ha causado contaminación por nitratos y fosfatos en arroyos, ríos y lagos alimentados por desechos y lavado de tierras, resultando en el rápido envejecimiento de los cuerpos de agua y contaminación de aguas subterráneas.
Tanto el uso irracional como la destrucción y la contaminación de los recursos naturales del país, son consecuencia de la poca prioridad que se le asigna a la conservación y restauración ambiental.
Por otro lado, es cuestionable en qué grado los grupos y clases sociales capaces de implementar medidas para, por lo menos, reducir el grado de avance del daño ambiental, disponen de voluntad política para realizarlo.
Dadas las acciones de nuestro gobierno, no se vislumbra una iniciativa destinada a proteger y restaurar el actual sistema ecológico en peligro.
Lo más desalentador es que en lo que va de la campaña electoral para el escogimiento del Presidente de la República el próximo año, el tema del medio ambiente parece no existir en los planes y programas de gobierno que han venido anunciando.
Los manglares, en cuyas raíces y aguas cercanas los organismos marinos encuentran albergue permanente o utilizan estas áreas como criaderos, están siendo destruidos.
Cada año los ríos y quebradas en nuestro país se caracterizan por tener una mayor variación en su flujo y actualmente muchos desaparecen durante la estación seca. Solamente los grandes afluentes mantienen un flujo constante a través del año, y aún éstos muestran una gran variación estacional.
A consecuencia de los rápidos flujos de agua causados por la destrucción de la vertiente, la ausencia de árboles, así como la compactación del suelo y la acelerada erosión, muchos arroyos sólo registran flujos intermitentes, aún durante la estación lluviosa.
Debido a la extendida deforestación, el agua de los ríos en el país tiende a ser lodosa y muy sedimentada. En varias regiones de Panamá el micro clima ha sido afectado adversamente y la calidad del aire se ha empobrecido por la destrucción del bosque. La calidad del agua es también pobre por la predominante contaminación con desechos agrícolas, industriales y humanos. Las aguas residuales no tratadas son cada vez un problema mayor para las áreas urbanas.
Un agravante al problema de la contaminación ambiental es la exposición de personas, suelos, ríos y aguas subterráneas al incremento en el uso de plaguicidas aplicados en la agricultura, especialmente ahora que estamos incrementado la exportación de productos. Además del problema de las intoxicaciones por plaguicidas, la contaminación agrícola ha aumentado a través de otras fuentes.
La aplicación indiscriminada de fertilizantes ha causado contaminación por nitratos y fosfatos en arroyos, ríos y lagos alimentados por desechos y lavado de tierras, resultando en el rápido envejecimiento de los cuerpos de agua y contaminación de aguas subterráneas.
Tanto el uso irracional como la destrucción y la contaminación de los recursos naturales del país, son consecuencia de la poca prioridad que se le asigna a la conservación y restauración ambiental.
Por otro lado, es cuestionable en qué grado los grupos y clases sociales capaces de implementar medidas para, por lo menos, reducir el grado de avance del daño ambiental, disponen de voluntad política para realizarlo.
Dadas las acciones de nuestro gobierno, no se vislumbra una iniciativa destinada a proteger y restaurar el actual sistema ecológico en peligro.
Lo más desalentador es que en lo que va de la campaña electoral para el escogimiento del Presidente de la República el próximo año, el tema del medio ambiente parece no existir en los planes y programas de gobierno que han venido anunciando.