Dejar de soñar es traicionar a México
Ciudad de México (AIPE)- Vicente Fox logró en 70 días lo que parecía imposible, sacar al septuagenario PRI de los Pinos. Su ¡hoy, hoy, hoy! del llamado "martes negro" lo han tomado los ciudadanos como una exigencia propia y como un compromiso del candidato triunfador. No puede ser de otra manera. Su terquedad y urgencia, las mismas que espantaron a muchos escribidores e intelectuales exquisitos del viejo sistema, reflejan exactamente el sentimiento de muchos ciudadanos. Los casi 16 millones de mexicanos que votamos por Vicente Fox no estamos dispuestos a esperar seis años más -ni tampoco tres- para ver cumplidas las promesas que hizo. El presidente Vicente Fox no puede ahora simplemente adoptar una estrategia de reformas gradualistas que pospongan sus compromisos de campaña.
Vicente Fox, el candidato, prometió el cambio. En el "Toreo de Cuatro Caminos" nos pidió a todos que "si avanzaba, lo siguiéramos, si se detenía, lo empujáramos y que si retrocedía, lo matáramos". Los ciudadanos creyeron en su palabra de honor y millones votaron por él. Su promesa no era hacer los cambios de la misma forma en que Labastida los prometía y Zedillo los había hecho. No, Vicente Fox -el candidato terco, el que había logrado transformar a pulso el miedo que muchos teníamos en esperanza y valor- no prometió cambios graduales que se alarguen hasta la eternidad. El se comprometió a hacer los cambios que México necesita hoy. ¡Hoy, hoy, hoy!
El primer cambio, el cambio inicial ya lo dimos todos juntos. Logramos derribar pacíficamente la "dictadura perfecta". Muchos todavía no lo pueden creer. Fox ganó las elecciones y esa misma noche asumió su papel de futuro presidente de todos los mexicanos. Fue conciliador y generoso. Se vio prudente y con los pies bien puestos en la tierra. Ojalá así siga siendo ya como presidente, pero sin renegar de sus promesas como candidato.
El poder es "canijo y corruptor". A los Césares romanos ayer y a los romanos Pontífices hoy se les recuerda lo transitorio que es el poder en este mundo, "sic transit gloria mundi". Vicente Fox tendrá que cuidarse bien de los enjambres de aduladores que lo rodearán y sobre todo de los burócratas mediocres que le sugerirán que "no se puede". No se puede crecer al 7%. No se puede lograr un superávit fiscal. No se puede reformar el país en un día. No se puede construir el país que prometiste. No se puede, no se puede, no se puede. Y seguro argumentarán apoyándose en las virtudes, prudencia y sabiduría, fortaleza y templanza. Sus pusilánimes voces sin duda susurrarán al oído presidencial la palabra clave, "statesmanship". Vicente, hay que parecer presidenciable. Despacio porque llevamos prisa. Recuerda que ya no eres el candidato opositor. Hay que ser realistas. ¡Dejemos de soñar lo imposible! ¿Dejar de soñar? ¡Eso es traición!
Los mexicanos te elegimos presidente porque compartimos tus sueños de un México rico y triunfador, de un México democrático y generoso, de un México en el que ya no haya miseria ni millones sufran de pobreza extrema. Soñamos con un México en el que todos tengan oportunidades de desarrollo. Tus sueños son nuestros sueños y no aceptaremos despertar y ver que mañana todo sigue igual. No aceptaremos un crecimiento mediocre e insuficiente como el que hemos tenido a lo largo del siglo XX. En el siglo que afortunadamente cerramos para siempre el 2 de julio, crecimos en promedio poco menos del 3% al año. Para esas tasas, el PRI era más que suficiente. Labastida nos prometía una tasa de crecimiento de 5% en el sexenio 2001-2006. No era suficiente y lo rechazamos. Zedillo, el presidente que dice que sí sabe, para finales de año habrá logrado un mediocre 3% de promedio en su sexenio.
Recuerda Vicente, que esas metas mediocres, metas de grises burócratas, no son tu mandato. Te elegimos presidente porque los mexicanos creímos en tus sueños de que sí es posible construir un país de alto crecimiento con oportunidades para todos. Y ese sueño sigue distante.
Las finanzas públicas siguen descuadradas. No se hizo la reforma fiscal. Pemex sigue siendo una vaca lechera -ya tuberculosa- a la que las exacciones de la burocracia esta matando. El déficit que cargamos -oficialmente 1,5%- no es aceptable. Ningún déficit en las finanzas del gobierno es aceptable si queremos crecer acelerada y sostenidamente. La deuda pública se incrementó en este sexenio en mas de 100.000 millones de dólares. Hay que desendeudar rápidamente al gobierno mexicano. La inflación sigue siendo demasiado alta. Todavía no alcanzamos la tasa de inflación que teníamos hace seis años. La corrupción no se ha acabado. La inseguridad pública es una llaga purulenta. Todavía hay muchas cosas que reformar en este país y el tiempo es corto. No son seis años. Tampoco son tres años. No te olvides Vicente lo que dijiste el llamado "martes negro," ¡hoy, hoy, hoy! Ten por seguro que tus conciudadanos no olvidarán. Recuerda Vicente, que sí se puede. Sí se pudo. Tienes 100 días para cambiar a este país. Eso, ¡sí se puede! ¡sí se puede! (c) www.aipenet.com
Investigador del Centro de Investigación para el Desarrollo AC.
Vicente Fox, el candidato, prometió el cambio. En el "Toreo de Cuatro Caminos" nos pidió a todos que "si avanzaba, lo siguiéramos, si se detenía, lo empujáramos y que si retrocedía, lo matáramos". Los ciudadanos creyeron en su palabra de honor y millones votaron por él. Su promesa no era hacer los cambios de la misma forma en que Labastida los prometía y Zedillo los había hecho. No, Vicente Fox -el candidato terco, el que había logrado transformar a pulso el miedo que muchos teníamos en esperanza y valor- no prometió cambios graduales que se alarguen hasta la eternidad. El se comprometió a hacer los cambios que México necesita hoy. ¡Hoy, hoy, hoy!
El primer cambio, el cambio inicial ya lo dimos todos juntos. Logramos derribar pacíficamente la "dictadura perfecta". Muchos todavía no lo pueden creer. Fox ganó las elecciones y esa misma noche asumió su papel de futuro presidente de todos los mexicanos. Fue conciliador y generoso. Se vio prudente y con los pies bien puestos en la tierra. Ojalá así siga siendo ya como presidente, pero sin renegar de sus promesas como candidato.
El poder es "canijo y corruptor". A los Césares romanos ayer y a los romanos Pontífices hoy se les recuerda lo transitorio que es el poder en este mundo, "sic transit gloria mundi". Vicente Fox tendrá que cuidarse bien de los enjambres de aduladores que lo rodearán y sobre todo de los burócratas mediocres que le sugerirán que "no se puede". No se puede crecer al 7%. No se puede lograr un superávit fiscal. No se puede reformar el país en un día. No se puede construir el país que prometiste. No se puede, no se puede, no se puede. Y seguro argumentarán apoyándose en las virtudes, prudencia y sabiduría, fortaleza y templanza. Sus pusilánimes voces sin duda susurrarán al oído presidencial la palabra clave, "statesmanship". Vicente, hay que parecer presidenciable. Despacio porque llevamos prisa. Recuerda que ya no eres el candidato opositor. Hay que ser realistas. ¡Dejemos de soñar lo imposible! ¿Dejar de soñar? ¡Eso es traición!
Los mexicanos te elegimos presidente porque compartimos tus sueños de un México rico y triunfador, de un México democrático y generoso, de un México en el que ya no haya miseria ni millones sufran de pobreza extrema. Soñamos con un México en el que todos tengan oportunidades de desarrollo. Tus sueños son nuestros sueños y no aceptaremos despertar y ver que mañana todo sigue igual. No aceptaremos un crecimiento mediocre e insuficiente como el que hemos tenido a lo largo del siglo XX. En el siglo que afortunadamente cerramos para siempre el 2 de julio, crecimos en promedio poco menos del 3% al año. Para esas tasas, el PRI era más que suficiente. Labastida nos prometía una tasa de crecimiento de 5% en el sexenio 2001-2006. No era suficiente y lo rechazamos. Zedillo, el presidente que dice que sí sabe, para finales de año habrá logrado un mediocre 3% de promedio en su sexenio.
Recuerda Vicente, que esas metas mediocres, metas de grises burócratas, no son tu mandato. Te elegimos presidente porque los mexicanos creímos en tus sueños de que sí es posible construir un país de alto crecimiento con oportunidades para todos. Y ese sueño sigue distante.
Las finanzas públicas siguen descuadradas. No se hizo la reforma fiscal. Pemex sigue siendo una vaca lechera -ya tuberculosa- a la que las exacciones de la burocracia esta matando. El déficit que cargamos -oficialmente 1,5%- no es aceptable. Ningún déficit en las finanzas del gobierno es aceptable si queremos crecer acelerada y sostenidamente. La deuda pública se incrementó en este sexenio en mas de 100.000 millones de dólares. Hay que desendeudar rápidamente al gobierno mexicano. La inflación sigue siendo demasiado alta. Todavía no alcanzamos la tasa de inflación que teníamos hace seis años. La corrupción no se ha acabado. La inseguridad pública es una llaga purulenta. Todavía hay muchas cosas que reformar en este país y el tiempo es corto. No son seis años. Tampoco son tres años. No te olvides Vicente lo que dijiste el llamado "martes negro," ¡hoy, hoy, hoy! Ten por seguro que tus conciudadanos no olvidarán. Recuerda Vicente, que sí se puede. Sí se pudo. Tienes 100 días para cambiar a este país. Eso, ¡sí se puede! ¡sí se puede! (c) www.aipenet.com
Investigador del Centro de Investigación para el Desarrollo AC.