Del 3 de noviembre al 22 de octubre
Así como los carnavales de Las Tablas, son típicamente panameños, típicamente panameño es el Canal de Panamá. Quizás, como bien haya dicho alguien, si de algo está sirviendo este a veces amargo debate entorno a la ampliación del Canal de Panamá , es para que todos los panameños nos familiaricemos más con el rol que juega el Canal de Panamá en la satisfacción de nuestras necesidades diarias y en la cercanía que debemos tenerlo, no sólo de nuestros corazones, pero también, de nuestras mentes.
Será la segunda decisión más trascendente que haya tomado generación de panameños alguna, luego de que conjurados en contra de Colombia, hayamos optado por nuestra independencia. A diferencia de aquel entonces, no tenemos todo el siglo XXI para madurar la idea de la ampliación del Canal de Panamá, como nuestros antepasados tuvieron el siglo XIX, para madurar la idea de la definitiva independencia de España y separación de Colombia.
A diferencia de aquél entonces, no es un grupo pequeño, clandestino, ilegal, que pone sus vidas en riesgo, el que lleva adelante tan noble tarea independentista. Hoy día, la ampliación del Canal de Panamá, se concibe como proyecto de Estado, grande, abierto a las sugerencias, legal y legalizado, con una gran legitimidad política.
A diferencia de aquél entonces, no proclamamos nuestra independencia, y casi simultáneamente firmábamos y aprobaba nuestra Asamblea de Diputados, no sólo el instrumento jurídico que permitiría la construcción de la genial obra de ingeniería humana jamás vista, sino el documento que abriría el amargo camino de los nacionales en pos de una auténtica independencia política.
Hoy día, el debate es abierto, sin agendas escondidas, y cada uno, abiertamente, no sólo ha dicho qué opción es la que lo motiva, sino por qué viene haciéndolo.
Finalmente, a diferencia de aquél entonces, el pueblo no podrá hablar de dirigencia vendida a ningún interés ni nacional ni foráneo, pues es el mismo pueblo quien decide en referéndum sobre la conveniencia para el país de la realización de la portentosa obra.
Lo único que sí se puede repetir es la historia de éxito en que se convirtió el 3 de noviembre de 1903, cuando el 31 de diciembre de 1999 comenzamos a ser soberanos sobre todo el Canal de Panamá y el área adyacente a él. Sólo que esta vez el reto es distinto: que las mieles en que se convertirán el sudor de ingenieros, contratistas y obreros en general, sirvan para transformar este país de uno subdesarrollado a otro de primer mundo. Que aprendamos de la clarividencia de nuestros próceres, que hoy como ayer, sí es posible.
La anécdota puede ser graciosa, pero esperamos que no se entusiasmen mucho con ella los varones.