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Delincuencia


Es un hecho innegable que la delincuencia en nuestro medio cada vez se incrementa. Estamos sujetos a todo tipo de violencias: física, psicológica y sexual; contra los niños, mujeres y ancianos; política, jurídica, racial; doméstica, en el trabajo y en las calles. Increíblemente, Panamá, según estadísticas de la CEPAL, está entre los 13 países más violentos, después de tener en 1980 la menor tasa de homicidio por cada cien mil habitantes, en 1990 pasó a ser uno de los líderes en frecuencia (acrecentó el porcentaje de 2.1 a 10.9), teniendo un incremento de casi cinco veces, igual que Colombia y Perú.
El ciudadano, hoy día, cuando sale a las calles y avenidas de la ciudad, se mantiene en constante estado defensivo, pendiente siempre de la agresividad o violencia de sus semejantes, lo que indubitablemente nos acarrea una precaria calidad de vida. Esto cada vez es un hecho más notorio y se incrementará mientras las autoridades competentes no encaren el problema tal cual como debe ser.
La delincuencia es la conducta desviada expresamente tipificada y castigada por las leyes penales. Desde una perspectiva sociológica, no es un fenómeno meramente individual, sino que hay que entenderla también como expresión anómala de las propias deficiencias y fricciones de la estructura social. Y es en este sentido cómo la sociología analiza casos y más casos de comportamientos delincuentes, intentando ver la relación causal con el medio sociocultural.
No hay duda de que la pobreza está íntimamente relacionada con la delincuencia, aunque ello no quiere decir que la riqueza es el antídoto ya que los ricos igualmente cometen delitos como los económicos o los de corrupción, que muchas veces son difíciles de probar por ser cometidos por delincuentes de mayor nivel educacional y económico. Tampoco queremos señalar que por el solo hecho de ser las personas pobres, han de convertirse en delincuentes; sino que la pobreza causa fragmentación social y se convierte en un obstáculo para el desarrollo. Recordamos hace algunos meses una entrevista que hizo la destacada periodista Luz María Noli de TV2, a un grupo de pandilleros juveniles del área del Chorrilo que al indagarlos sobre la causa del porqué delinquían, todos coincidieron en señalar que el día que encontraran un trabajo cesaban de su actitud hostil hacia la sociedad. Y es que la falta de empleo, sobre todo en la población joven, está asociada con los hechos de violencia. Si tomamos en cuenta que el desempleo de las zonas urbanas está representado por más de la mitad de los jóvenes, entonces debemos con especial cuidado poner atención a este grupo de ciudadanos e incorporarlos a la sociedad.
La pobreza genera frustración, la cual induce a conductas agresivas que crean situaciones de violencia. Claro que los gobiernos tienden a desconocer toda relación entre la pobreza y la violencia ya que la clase política no desean modificar el status quo, pretenden continuar usufructuando de toda la riqueza del país a sacrificio de las más elementales necesidades de sus conciudadanos. La actual grave crisis económica por la que atraviesa el país, sin duda, será el detonante para que se incremente la violencia en nuestro medio, ya que la frustración resultante impulsará los comportamientos agresivos.
A este respecto, existe la teoría que sostiene que la conducta delictiva depende de la capacidad de los individuos para alcanzar las metas-éxitos de acuerdo con su entorno social y con la importancia asignada al éxito económico. "La delincuencia entonces aparece como un camino de autodefensa de los desplazados sin fortuna o como la nueva forma de hacer dinero fácil por la vía de la corrupción."
Mientras el Estado no aplique políticas preventivas como programas educativos, evitando o disminuyendo la deserción escolar, que está plenamente comprobado conduce a los jóvenes a la conformación de bandas y pandillas responsables de parte importante de la delincuencia urbana; la organización de las comunidades como son los Concejos Barriales de Prevención, que tienen vínculos con los grupos policiales y que existen en otros países con gran éxito; el control de la venta de alcohol, tráfico de drogas y porte de armas que se ha comprobado son elementos íntimamente ligados a la comisión de delitos y el combate de la pobreza y desigualdad, mientras ello ocurra, el problema delictivo no podremos solucionarlo y lamentablemente cada vez se agravará más.
Lo primero que debe poseer la sociedad para combatir la delincuencia es voluntad de hacerlo. Pero ello no se logra mediante fórmulas simplistas, como el incremento de las penas, como el establecimiento de la pena de muerte, como algunos antisociales han expresado.
Es preciso que todos nos comprometamos a atacarla frontalmente y con el ferviente deseo de acabar con el mal y no estar estableciendo simples paliativos. Tenemos que entender que todos, los que tienen y los que no tienen, seremos víctimas de la delincuencia que está restando calidad de vida a todos los ciudadanos hasta tal punto que nuestra vida está sometida constantemente a peligro. Entre más nos dilatemos en hacerlo, menor serán las oportunidades de éxito.

101 años de Panamá América

 
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