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Delincuencia generalizada


SI HAY ALGO PEOR QUE UN estado de delincuencia generalizada es un estado de arbitrariedad proliferante. Y en Panamá, caminamos apurando el paso hacia un estado de cosas que nos llevará a perder la necesidad de ser una sociedad moderna, la urgencia de un Estado de Derecho.
Cada vez y cada día más, decenas de centenares de miles de ciudadanos, corroboramos que las autoridades cada vez menos cumplen con su mandato social y abusan cada vez más de la administración del poder, dando lugar a hechos de corrupción e impunidad que tienden a incrementar la desconfianza en el sistema político y en las instituciones formalmente establecidas para representar los intereses generales.
Durante estas últimas semanas las decenas de muertos en los hospitales de la Caja de Seguro Social y en el Santo Tomás; la tragedia de los calcinados en el bus, hablan mucho de la irresponsabilidad, negligencia y "no me importísmo" de las autoridades gubernamentales. El tratamiento de los casos de Vanessa Márquez y el coqueteo en el caso Rayo Montaño; la impunidad de los responsables de la inundaciones; las "facilidades legales" al negociado de la venta de Banistmo; las consideraciones para con Alleyne y Luciani y, para con la jueza de circuito que se robaba el papel higiénico de su juzgado; el pago de 16 años de vacaciones a los magistrados del Tribunal Electoral, el carro y la gasolina familiar y su casi asegurada reelección, las repetidas fugas del sistema penitenciario -el cual atraviesa su peor crisis-; los "ajusticiamientos", las pandillas, los robos, asaltos; las reuniones a puertas cerradas para aprobar el Presupuesto General del Estado; las lavanderías en la construcción de gigantescos edificios; el aguacero de coimas y prebendas con los PGP´s; el tráfico de influencias y los crecientes conflictos de intereses; son pequeñas muestras de cómo la criminalidad de los particulares se mezcla y se refuerza con el despotismo de los funcionarios hasta crear un circulo vicioso de cinismo, barbarie e irresponsabilidad que aherroja a la ciudadanía y se reproduce gracias a la impunidad.
Hace escasos tres años, la licitación de "La Casa de Punta Mala" evidenció el Pacto MaMi y la falta de credibilidad social en el sistema político, el manejo no transparente y deshonesto de los bienes públicos, la falta de independencia del sistema judicial que asegure la vigencia de un Estado de Derecho y la ausencia de una administración eficiente de las instituciones públicas que deben proveer servicios a los ciudadanos.
Entonces me decía un amigo: "Lo de Punta Mala es la mejor definición de varias cosas: "sofisticación para el atraco a bienes públicos; la irreverente actitud de desprecio hacia la opinión pública; la falta total y absoluta de ética y moral en la política...".
Entonces afirmé que "En un país donde la falsificación de valores y la doble moral es moneda de curso oficial y corriente y donde el poder político se niega a que se le racionalice el ejercicio del poder y aborrece someterse a la Ley, la ciudadanía tiene la obligación de combatir los extremos del privilegio y la marginación, que hacen peligrar la cohesión y supervivencia de la sociedad. Los ciudadanos debemos actuar como centinelas permanentes contra la acumulación irrestricta de riquezas, el uso del poder sin frenos ni contrapesos, la apropiación arbitraria del fruto del esfuerzo ajeno".
Hoy, ante la delincuencia generalizada, no cabe duda alguna que la justicia penal exige una reconstrucción radical que no podemos acometer más que en una perspectiva y desde una plataforma democrática, mediante un verdadero proceso deliberativo que debe involucrar a los actores relevantes. Pero sabemos que la reconstrucción penal no basta.
Es necesario que nos avoquemos a encontrar una respuesta legítima y eficaz a la quiebra de los derechos fundamentales en Panamá.
Como afirma el escritor René Girard, en "La Violencia y lo Sagrado": "El sistema judicial aleja la amenaza de la venganza. No la suprime: la limita efectivamente a una represalia única, cuyo ejercicio queda confiado a una autoridad soberana y especializada en esta materia. Las decisiones de la autoridad judicial siempre se afirman como la última palabra de la venganza... En tanto no exista un organismo soberano e independiente, capaz de remplazar a la parte lesionada y reservarle una venganza, subsiste el peligro de una escalada interminable... Sólo una trascendencia cualquiera, haciendo creer en una diferencia entre el sacrificio y la venganza o entre el sistema judicial y la venganza, puede engañar duraderamente a la violencia".
Urge entonces que la ciudadanía apure el paso para impedir que, si el precio que pagamos por este estado de delincuencia generalizada es la prosperidad material de un reducido sector de la sociedad o la continuidad de un discurso demagógico, entonces resulta evidente que el éxito macroeconómico o la estabilidad no pueden mantenerse a cambio de la impunidad, la arbitrariedad y la intolerancia.
Que quienes gobiernan o aspiran a gobernar, así como los gobernados, entendamos de una vez por todas que la justicia es -y seguirá siendo- mucho más importante que la imagen, y la dignidad humana tiene que prevalecer sobre los privilegios de unos cuantos y los discursos populistas y demagógicos.
Admitió que ha habido quejas al respecto y que algunas han sido retiradas.
Personal de la ATTT está revisando si las boyas fueron colocadas muy pegadas.
El objetivo de esta señalización colocadas a la mitad de ambos paños hacia Clayton y Albrook es la división de los carriles.
Jim Morales: "Si el conductor conoce la calle no hay peligro alguno, pero al transitarla debe hacerlo con cuidado y precaución".
Juan José Estribí: "La vía es sumamente peligrosa, no tiene luces, no cuenta con hombros ni hay señalizaciones apropiadas".
Alexander Barrios: "La avenida La Amistad es peligrosa, es una calle sin señales y sin luz donde podría haber delincuencia".
Javier Chacón: "Esa calle es muy oscura, hay que señalizarla cuanto antes. Cuando llueve la situación se torna peor".
Rubén Ho: "Esa avenida es horrible, no hay iluminación, se colocaron unas boyas que son demasiado peligrosas".
Abelino Aguilar: "Los "ojitos de gato" ayudan a la visibilidad en las noches, pero para un conductor que no conoce la vía hay peligro de accidente".

101 años de Panamá América

 
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