Delincuencia rural
Los titulares y noticieros nos pueden hacer creer que el problema de la delincuencia y la inseguridad es un mal capitalino o urbano, pero la realidad es otra. Las fuerzas del orden no sólo se muestran impotentes ante la ola criminal de nuestras ciudades, sino que les va tan mal o peor en las áreas rurales. Atención, que no estamos hablando sólo de los bandoleros, guerrilleros, "coyotes" y narcotraficantes que se pasean por nuestras fronteras sin Dios ni Ley, hablamos del azote de la delincuencia común que roba las cosechas y el ganado de los campesinos de las provincias centrales; hablamos de asesinatos y robos en despoblado a los más pobres entre nuestros pobres, en donde no sólo se quita una vida sino que se condena a la miseria a familias enteras; hablamos de expropiaciones de tierras por la Ley, pero la "Ley del más fuerte".
Es escandaloso que la sociedad panameña haya entrado en un proceso de disolución y colapso de las instituciones públicas mientras se vive una de las mayores bonanzas económicas de nuestra historia. La jefatura policial debe profundizar en los cambios que viene adelantando. Si no se hace, entonces la responsabilidad hay que asignarla más arriba.