Delincuencia y militarismo
Hace más o menos un año Panamá América llamaba la atención sobre los procesos de remilitarizacion que registra la región. Es decir, el intento por resolver problemas delincuenciales apelando al favor militar dada la supuesta incapacidad de la democracia por resolverlos.
Se advertía entonces que la incapacidad no sólo era ficticia, sino que la inseguridad encontraba en los viejos cuerpos militares una complicidad destinada a devolverlos al primer plano. Y ha ocurrido en Panamá. Quienes incrementaron hasta más no poder las críticas contra el recién renunciado director de Policía entenderán ahora el proceso. "Deben entender que sin nosotros, los militares, los profesionales de esta materia, no pueden detener a los maleantes", habría dicho en una ocasión un viejo militarista, nostálgico por décadas como los ´70 y los ´80 del siglo pasado.
La decisión constitucional ha sido aplicada en el contexto de lo que sus gestores llaman una necesidad, pero en un marco regional de gritos y amenazas, supuestamente contra el narcotráfico, supuestamente contra la delincuencia. Por alguna razón nadie ha mencionado la anarquía que amenaza la región. Escuchar las declaraciones de Mr. Robert Gates, hace sospechar que la medida posee más alcance, o por lo menos que integra una propuesta continental coherente con esta especie de guerra mundial que libra la democracia contra el terrorismo. Desde los años 40 cuando la beligerancia de la policía se fue acentuando en la vida nacional, hasta hoy, esos pasos siempre han contado con la bendición de Washington.