Delito y sociedad
La sociedad civilizada tiene el derecho a defenderse de aquellos que desean subvertirla o peor aún, destruirla. ¿Cómo debe enfrentar la sociedad al delito? ¿Debe esperar que el delincuente cometa el acto dañoso o debe atajarlo antes de que cause el perjuicio? ¿Debe tratar igual al delincuente individual que a las alianzas delictivas ocasionales o que a las bandas y organizaciones matrices de la actividad delincuencial? ¿Es el terrorismo un fenómeno distinto a la delincuencia o es la delincuencia organizada una precursora del terrorismo?
Conforme la Sociedad se sofistica, también lo hace el delito. Hoy en día no se sabe si los delincuentes tratan de alcanzar los recursos tecnológicos que el Estado pone a disposición de la lucha contra el crimen, o es el Estado quien va a la zaga de las organizaciones criminales. Por allá por la década del 80, un capo del Cartel de Medellín, que había sido arrestado por la DEA, describía en una audiencia del Senado de los Estados Unidos cómo era esa organización y con qué recursos contaba. Un senador le preguntó si los sistemas de aeronavegación que tenía el Cartel de Medellín eran tan sofisticados como los de los Estados Unidos y el capo le contestó con un lacónico "Ustedes no pueden pagar lo que eso cuesta". Pero el retraso del Estado frente al fenómeno delincuencial y terrorista es también de la Ley. Estas organizaciones criminales y terroristas terminan conociendo la Ley mejor que las autoridades que los combaten y encuentran cómo subvertirla y usarla para escudarse en ella y seguir delinquiendo con impunidad. La Ley pasa de ser un escudo contra los delincuentes a ser un escudo para los delincuentes. Ante las nuevas amenazas tienen que surgir nuevos instrumentos que cierren los resquicios por donde escapan los criminales, pero también deben surgir los mecanismos legales y tecnológicos para atajar al delincuente antes de que cause el daño.
Es válida la preocupación de dónde terminará una política de ataque preventivo a las amenazas delincuenciales, sobre todo después de ver películas futuristas dónde una policía del pensamiento lo podría arrestar a uno con sólo pensar en cometer un delito. Desde la segunda o tercera década del siglo pasado las autoridades norteamericanas comprendieron que no podían esperar a que los llamados gángsters cometieran el delito, sino que decidieron atajarlos creando leyes que además de penar el delito sancionaran la llamada "asociación para delinquir". Hoy los modernos gángsters locales se agrupan en pandillas que devienen en bandas y, según la experiencia de otros países, luego se conforman en movimientos guerrilleros o grupos terroristas.
Una política de "mano dura" y de adecuación de la Ley para adelantarnos a los delincuentes y cerrarles el paso a su actividad criminal, es lo que espera la sociedad. Sin embargo una política de "mano dura" contra la delincuencia, que no cuente con una política presupuestaria de "mano generosa" para los proyectos de construcción y rehabilitación de centros penitenciarios y programas de resocialización, sólo será efectista mas no efectiva en la lucha contra el crimen; y eso sí sería un crimen.
Es un silencio que deja la percepción de no querer exhibirse prematuramente como Jefe de Estado, cuando su período comienza exactamente el primero de septiembre, no un día antes, ni una hora antes. Sin hacerlo es ya blanco de señalamientos, imaginémonos si lo hubiera hecho.
En el fondo se evidencia cierta docencia en cuando a estilo de gobernar. Para nadie es un secreto la diferencia entre un candidato a la presidencia y un presidente, sobre todo si en algún momento alguien pudo pensar que, por lo joven, el nuevo mandatario sería fácilmente administrable.
Alguien que lo conoce desde muy niño me aseveró: "No coman cuento, que carácter es lo que le sobra".
Detrás de su silencio ruidoso, parece proyectarse un mensaje: yo soy el presidente, y con ello asumo toda la responsabilidad que se desprende del cargo.
Así que, interpretar con cierto grado de éxito el rumbo que va a tomar el país implica esperar hasta que Torrijos Espino comience a gobernar. Hacerlo antes no solamente encierra la aventura de equivocarse, sino cierta ausencia de seriedad.Alguien que lo conoce desde muy niño me aseveró: "No coman cuento, que carácter es lo que le sobra".
Conforme la Sociedad se sofistica, también lo hace el delito. Hoy en día no se sabe si los delincuentes tratan de alcanzar los recursos tecnológicos que el Estado pone a disposición de la lucha contra el crimen, o es el Estado quien va a la zaga de las organizaciones criminales. Por allá por la década del 80, un capo del Cartel de Medellín, que había sido arrestado por la DEA, describía en una audiencia del Senado de los Estados Unidos cómo era esa organización y con qué recursos contaba. Un senador le preguntó si los sistemas de aeronavegación que tenía el Cartel de Medellín eran tan sofisticados como los de los Estados Unidos y el capo le contestó con un lacónico "Ustedes no pueden pagar lo que eso cuesta". Pero el retraso del Estado frente al fenómeno delincuencial y terrorista es también de la Ley. Estas organizaciones criminales y terroristas terminan conociendo la Ley mejor que las autoridades que los combaten y encuentran cómo subvertirla y usarla para escudarse en ella y seguir delinquiendo con impunidad. La Ley pasa de ser un escudo contra los delincuentes a ser un escudo para los delincuentes. Ante las nuevas amenazas tienen que surgir nuevos instrumentos que cierren los resquicios por donde escapan los criminales, pero también deben surgir los mecanismos legales y tecnológicos para atajar al delincuente antes de que cause el daño.
Es válida la preocupación de dónde terminará una política de ataque preventivo a las amenazas delincuenciales, sobre todo después de ver películas futuristas dónde una policía del pensamiento lo podría arrestar a uno con sólo pensar en cometer un delito. Desde la segunda o tercera década del siglo pasado las autoridades norteamericanas comprendieron que no podían esperar a que los llamados gángsters cometieran el delito, sino que decidieron atajarlos creando leyes que además de penar el delito sancionaran la llamada "asociación para delinquir". Hoy los modernos gángsters locales se agrupan en pandillas que devienen en bandas y, según la experiencia de otros países, luego se conforman en movimientos guerrilleros o grupos terroristas.
Una política de "mano dura" y de adecuación de la Ley para adelantarnos a los delincuentes y cerrarles el paso a su actividad criminal, es lo que espera la sociedad. Sin embargo una política de "mano dura" contra la delincuencia, que no cuente con una política presupuestaria de "mano generosa" para los proyectos de construcción y rehabilitación de centros penitenciarios y programas de resocialización, sólo será efectista mas no efectiva en la lucha contra el crimen; y eso sí sería un crimen.
Es un silencio que deja la percepción de no querer exhibirse prematuramente como Jefe de Estado, cuando su período comienza exactamente el primero de septiembre, no un día antes, ni una hora antes. Sin hacerlo es ya blanco de señalamientos, imaginémonos si lo hubiera hecho.
En el fondo se evidencia cierta docencia en cuando a estilo de gobernar. Para nadie es un secreto la diferencia entre un candidato a la presidencia y un presidente, sobre todo si en algún momento alguien pudo pensar que, por lo joven, el nuevo mandatario sería fácilmente administrable.
Alguien que lo conoce desde muy niño me aseveró: "No coman cuento, que carácter es lo que le sobra".
Detrás de su silencio ruidoso, parece proyectarse un mensaje: yo soy el presidente, y con ello asumo toda la responsabilidad que se desprende del cargo.
Así que, interpretar con cierto grado de éxito el rumbo que va a tomar el país implica esperar hasta que Torrijos Espino comience a gobernar. Hacerlo antes no solamente encierra la aventura de equivocarse, sino cierta ausencia de seriedad.Alguien que lo conoce desde muy niño me aseveró: "No coman cuento, que carácter es lo que le sobra".