Democracia cuestionada
La situación política suscitada en los EE.UU., con motivo de las elecciones del 7 de noviembre, sólo nos está probando que la corrupción y la ambición de poder, que a muchos corroe, no tienen nacionalidad. No se trata de un mal congénito de las "bananas republics", como suelen afirmar despectivamente los norteamericanos, aunque hay quienes dicen que precisamente lo que acontece en los EE.UU. demuestra que hay libertad y democracia en ese país. En las "repúblicas bananeras", agregan, no puede haber errores ni recuentos, porque se conoce el resultado de antemano.
Las consecuencias de esta crisis tienen inconmensurables consecuencias, dentro como fuera del país norteño. Dentro, porque las elecciones que han sido un ejercicio cívico al que son ajenos muchos norteamericanos, ahora pueden constituirse en una profunda causa de divisionismo ciudadana. La autoridad del gobierno, que siempre se mantuvo como un monolito puede resquebrajarse. Y lo grave es que ello ocurrirá, independientemente a quien resulte el triunfador. El daño ya está hecho, resulte quien resulte ganador en los diferentes recuentos que se han realizado y que están pendientes. También tendrá repercusiones a lo exterior del país, pues la autoridad moral de los EE.UU. ha quedado en entredicho. Ya existen quienes afirman que la comunidad internacional debería amenazar con imponerles sanciones si no gana el candidato apropiado. ¿O acaso no hicieron ellos algo parecido en Yugoslavia? Lo cierto es que si esto mismo ocurre en cualquier país latino, toda clase de sanciones nos hubiésemos hecho acreedores. Parece que "el policía del mundo" está carcomido en sus entrañas y pudiera ser éste el inicio de su declive como potencia mundial.
El impasse que se ha dado definitivamente nos denota que el sistema electoral norteamericano está en profunda crisis y no parece ya responder a las necesidades actuales.
El vicepresidente de EEUU, Al Gore, quien se enfrentaba al dilema de impugnar o no la llamada papeleta mariposa del condado de Palm Beach, desistió de hacerlo consciente del peligro de judicializar el proceso político. La tentación de Gore fue criticada por los republicanos. Sin embargo, ha sido precisamente su candidato, George W. Bush, quien ha decidido solicitar a los tribunales que paralicen el recuento manual en los cuatro condados en los que se va a llevar a cabo este tercer escrutinio. Esta actitud de Bush resulta incoherente, pues en Texas favoreció una ley que le da prominencia al recuento manual sobre el mecánico. La solicitud de Bush puede dar lugar a una escalada que puede convertir el resultado electoral en una decisión judicial y además esconde su temor a que Gore haya sido perjudicado por el recuento automático. Muchas trampillas son posibles en estos conteos automáticos.
Los republicanos afirman que el recuento automático es más justo, porque las máquinas actúan igual para todos, mientras que las personas pueden equivocarse o introducir una indeseada subjetividad. Sin embargo, hechos como que en el condado de Miami-Dade se anularon unas 17.000 papeletas por haber sido contadas dos veces, que en el condado de Volusia se anularon 16.000 votos a Gore por supuestos problemas en un ordenador y que en el condado de Palm Beach miles de personas votaron a Pat Buchanan creyendo que estaban votando a Gore, porque la papeleta era un verdadero jeroglífico, denotan a todas luces la necesidad no sólo de realizar un recuento en esos condados sino en todo el Estado de la Florida, que es el que determinará, en este caso, quién será el primer mandatario de los EE.UU. Entonces, es precisamente el elemento subjetivo la principal aportación del recuento manual lo que les ayudará a determinar la voluntad última del votante que es, al fin y al cabo, lo que está en juego. Las significativas diferencias entre el primer y el segundo recuento, ambos automáticos, avalan la necesidad de poner todos los medios para garantizar que el resultado final es el que han querido los ciudadanos norteamericanos.
Y qué decir del recuento de los medios de comunicación que inicialmente anunciaron el triunfo de Gore en la Florida y después cambiaron sus proyecciones. Algunos afirman que las televisiones americanas y las proyecciones no se habían equivocado. Encuestas "a boca de urna" le daban el triunfo a Gore, el problema fue simplemente que la gente que pensó que había votado a Gore, lo había hecho por Pat Buchanan, debido a lo complicado de la papeleta de Palm Beach. Es inconcebible que Gore aparezca en el segundo lugar de la lista y para votarlo haya que marcar el tercer círculo. Estos son los mismos que certifican la conducta de los países y confeccionan listas negras en las que incluyen a los que no siguen al pie de la letra sus reglas.
Me preguntó un amigo que si acaso hay quien cree en la democracia de USA. Lo que de verdad funciona bien en USA, me expresó, son el FBI y la CIA. "¿Tú crees que el hermanito de Bush no sabía todo lo que pasaba en la Florida, me interpeló?" Lo cierto es que el espectáculo que está dando Estados Unidos es divertido y contradictorio y demuestra también que una gran potencia, que parecía ser lo más sólido en la tierra, es vulnerable hasta el punto de no acertar a contabilizar unas papeletas.
Las consecuencias de esta crisis tienen inconmensurables consecuencias, dentro como fuera del país norteño. Dentro, porque las elecciones que han sido un ejercicio cívico al que son ajenos muchos norteamericanos, ahora pueden constituirse en una profunda causa de divisionismo ciudadana. La autoridad del gobierno, que siempre se mantuvo como un monolito puede resquebrajarse. Y lo grave es que ello ocurrirá, independientemente a quien resulte el triunfador. El daño ya está hecho, resulte quien resulte ganador en los diferentes recuentos que se han realizado y que están pendientes. También tendrá repercusiones a lo exterior del país, pues la autoridad moral de los EE.UU. ha quedado en entredicho. Ya existen quienes afirman que la comunidad internacional debería amenazar con imponerles sanciones si no gana el candidato apropiado. ¿O acaso no hicieron ellos algo parecido en Yugoslavia? Lo cierto es que si esto mismo ocurre en cualquier país latino, toda clase de sanciones nos hubiésemos hecho acreedores. Parece que "el policía del mundo" está carcomido en sus entrañas y pudiera ser éste el inicio de su declive como potencia mundial.
El impasse que se ha dado definitivamente nos denota que el sistema electoral norteamericano está en profunda crisis y no parece ya responder a las necesidades actuales.
El vicepresidente de EEUU, Al Gore, quien se enfrentaba al dilema de impugnar o no la llamada papeleta mariposa del condado de Palm Beach, desistió de hacerlo consciente del peligro de judicializar el proceso político. La tentación de Gore fue criticada por los republicanos. Sin embargo, ha sido precisamente su candidato, George W. Bush, quien ha decidido solicitar a los tribunales que paralicen el recuento manual en los cuatro condados en los que se va a llevar a cabo este tercer escrutinio. Esta actitud de Bush resulta incoherente, pues en Texas favoreció una ley que le da prominencia al recuento manual sobre el mecánico. La solicitud de Bush puede dar lugar a una escalada que puede convertir el resultado electoral en una decisión judicial y además esconde su temor a que Gore haya sido perjudicado por el recuento automático. Muchas trampillas son posibles en estos conteos automáticos.
Los republicanos afirman que el recuento automático es más justo, porque las máquinas actúan igual para todos, mientras que las personas pueden equivocarse o introducir una indeseada subjetividad. Sin embargo, hechos como que en el condado de Miami-Dade se anularon unas 17.000 papeletas por haber sido contadas dos veces, que en el condado de Volusia se anularon 16.000 votos a Gore por supuestos problemas en un ordenador y que en el condado de Palm Beach miles de personas votaron a Pat Buchanan creyendo que estaban votando a Gore, porque la papeleta era un verdadero jeroglífico, denotan a todas luces la necesidad no sólo de realizar un recuento en esos condados sino en todo el Estado de la Florida, que es el que determinará, en este caso, quién será el primer mandatario de los EE.UU. Entonces, es precisamente el elemento subjetivo la principal aportación del recuento manual lo que les ayudará a determinar la voluntad última del votante que es, al fin y al cabo, lo que está en juego. Las significativas diferencias entre el primer y el segundo recuento, ambos automáticos, avalan la necesidad de poner todos los medios para garantizar que el resultado final es el que han querido los ciudadanos norteamericanos.
Y qué decir del recuento de los medios de comunicación que inicialmente anunciaron el triunfo de Gore en la Florida y después cambiaron sus proyecciones. Algunos afirman que las televisiones americanas y las proyecciones no se habían equivocado. Encuestas "a boca de urna" le daban el triunfo a Gore, el problema fue simplemente que la gente que pensó que había votado a Gore, lo había hecho por Pat Buchanan, debido a lo complicado de la papeleta de Palm Beach. Es inconcebible que Gore aparezca en el segundo lugar de la lista y para votarlo haya que marcar el tercer círculo. Estos son los mismos que certifican la conducta de los países y confeccionan listas negras en las que incluyen a los que no siguen al pie de la letra sus reglas.
Me preguntó un amigo que si acaso hay quien cree en la democracia de USA. Lo que de verdad funciona bien en USA, me expresó, son el FBI y la CIA. "¿Tú crees que el hermanito de Bush no sabía todo lo que pasaba en la Florida, me interpeló?" Lo cierto es que el espectáculo que está dando Estados Unidos es divertido y contradictorio y demuestra también que una gran potencia, que parecía ser lo más sólido en la tierra, es vulnerable hasta el punto de no acertar a contabilizar unas papeletas.