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Democracia es el paradigma


La democracia es hoy aterrorizada por dos demonios: El fundamentalismo de mercado y las guerras preventivas del "stablisment" estadounidense. Y, sin embargo, nunca ha sido tan necesaria la democracia. De manera que a los demócratas sólo nos queda un camino: unificar (respetando la diversidad) todas las fuerzas democráticas y humanistas de la sociedad civil, a objeto de construir una alianza estratégica de nueva Nación como alternativa viable, capaz de derrotar el proyecto salvaje y excluyente neoliberal. Disyuntiva cuyo paradigma, en esta etapa de imperialismo global y de imperio planetario, es la lucha permanente y sostenida por la democracia.
Para un mejor discernimiento de esta tesis, es necesario puntualizar sobre algunas concepciones y percepciones erróneas sobre el concepto de democracia. Primero, la democracia burguesa desde su aparición en los albores de la modernidad, no es algo acabado ni definitivo es, por el contrario, un proceso sin concluir. Segundo, en la historia de la modernidad, particularmente en la civilización occidental, la humanidad ha ensayado diversos tipos de democracia. Tercero, el modelo por excelencia vigente en las repúblicas latinoamericanas ha sido el de gamonalismo liberal primero, y el de la oligarquía neoliberal después; caracterizados ambos, por prácticas elitistas y excluyentes causantes de la inestabilidad e ingobernabilidad de los pueblos que en su conjunto constituyen la nación latinoamericana, desde Río Grande hasta Cabo de Hornos.
Así las cosas, el prototipo de democracia que proclamamos en la segunda modernidad es el de democracia participativa. ¿Por qué democracia participativa? Porque el proyecto oligárquico neoliberal, fundamentado en la exclusión social y el capitalismo salvaje está agotado. Y la mejor demostración de sus estertores, es la profunda crisis política, producto de la corrupción pública y privada de las clases dirigentes, que recorre los gobiernos del continente latinoamericano, para no hablar de Estados Unidos polarizado y de Europa postrada.
En el caso particular del istmo de Panamá -que según palabras de un reconocido científico nacional, hace 15 millones de años unió a las dos masas continentales (norte y sur) al surgir del fondo del océano como resultado de una explosión volcánica- la democracia neoliberal agoniza al igual que en el resto de nuestra América. No obstante, el problema básico para la comprensión y dilucidación de dicha angustia política, reside en el hecho cierto de que no se cuenta con el instrumental teórico, sencillamente, porque la cultura política preexistente en la modernidad no permite analizar y sintetizar el desarrollo producido en el mundo occidental en los últimos 30 años, manifestación mejor conocida como globalización y que se caracteriza por la interacción de 3 componentes: La revolución técnico-científica de la comunicación y la informática, el fenómeno del imperialismo planetario y la causa incierta del imperio terrenal.
Hoy, ninguno de los tipos tradicionales de la democracia formal burguesa del siglo pasado es una respuesta adecuada para las nuevas realidades. Por un lado, en nombre del pueblo produce líderes mesiánicos, charlatanes políticos, regímenes autoritarios, en el peor de los casos; y en el "mejor", gobiernos populistas, producto del clientelismo político. En tanto que el reduccionismo social y económico no permite iniciar la colosal tarea que tiene por delante la humanidad: Derrotar la barbarie, acabar con las guerras, construir la democracia participativa y propiciar la paz.
Una vez más le corresponde al Istmo jugar un papel estelar en el desenvolvimiento del planeta tierra. En el pretérito geológico fue la fusión del continente americano, así como hacer "vivible" el europeo. Mucho más tarde, se irguió como la propuesta de la capital del sueño bolivariano (inconcluso) de unidad latinoamericana. Y, ahora, la pluralidad, la multitud, lo común, el "crisol de razas" del ser nacional panameño -que no es otra cosa que la presencia en el país de una multiplicidad de culturas, de razas, de etnicidad, con diferentes formas de trabajar, de vivir, de ver el mundo, diferentes deseos y expectativas- nos permiten pronosticar que Panamá, y en este caso también los panameños, jugaremos un papel de primer orden en la estructuración del proyecto político de la segunda modernidad, esto es, la democracia participativa. Arquetipo que se fundamenta en dos categorías políticas de posmodernidad: "producción biopolítica" que significa, además de la producción material, la producción de otras facetas de la vida social, económica, cultural y política; y la "expansión de lo común" (no de el común) que expresa básicamente la unidad dentro de la diversidad.
(*)Coordinador del Movimiento Democrático Torrijista (MDT).
(avidquoc@latinmail.com)

b) Administración:
Independientemente del sistema de financiamiento a utilizar, ya sea con aporte de los propios interesados o con aportes del Estado tendientes a garantizar la igualdad de oportunidades y el derecho a la educación, la administración o gestión de los establecimientos de educación, manteniéndose sujetos a las normas y programas del Ministerio de Educación deberá ser traspasada progresivamente a las organizaciones intermedias de la comunidad.
Estas organizaciones deberán acatar las directrices impartidas por el Ministerio de Educación en cuanto a programas de estudios, pautas de evaluación y demás normas pertinentes.
El Estado estará obligado a asumir la administración en la enseñanza en aquellos casos en que las organizaciones intermedias no sean capaces de asumir esta responsabilidad o que existan dificultades especiales. Algunos ejemplos de estos casos pueden ser zonas de extrema pobreza, escuelas fronterizas, poblados rurales, etc.
La educación superior generará sus propias formas de organización y administración de manera de poder contar con la autonomía necesaria para el desarrollo de sus importantes actividades.

101 años de Panamá América

 
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