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Democracia a la panameña


A partir del primer día hábil de este enero comenzaron los plazos electorales que finalizarán su cómputo eleccionario el 2 de mayo próximo. Esta vez, sólo uno de los tres magistrados del Tribunal Electoral remitió a los medios de comunicación la estereotipada arenga electoralista, que antes, como es lógico, hacia el triunvirato electoral en pleno.
El magistrado electoral que publicó su arenga, se ufanó de que "el T.E. está muy comprometido con la democracia y con un proceso transparente, tal como ya lo demostró en dos elecciones anteriores y en un referéndum, donde la voluntad soberana y popular se ha respetado". ¡Qué poco tiempo de hazañas se le reconoce así a un Tribunal que existe desde la reforma constitucional de 1956, pero que tiene en su haber de superioridad jerárquica una cadena notoria de fraudes electorales, siendo los más espectaculares los que ocurrieron de 1968 en adelante. A nosotros no nos interesan tanto los términos personales, sino los institucionales, de esa historia.
Pasemos por alto el período iniciado en octubre de 1968 y que duró veintiún años de dictadura policíaca de Torrijos, primero y de narcodictadura de Noriega, en su última etapa, de lo que los aficionados al Derecho llamaron en un principio "la revolución de octubre", que luego pasó a llamarse "proceso revolucionario", para concluir, en materia terminológica, con la seca palabra de "proceso".
Los recuerdos suscitados por el primer Centenario de la República, también tuvieron su expresión política, pues una empresa de seguros reprodujo la fotografía de los ocho miembros de la Junta conspirativa de octubre y noviembre de 1903, y pocos días después utilizó la misma fotografía, para conmemorar su fundación empresarial en 1910, prueba máxima y fotográfica de que la Independencia fue, en mucho, monopolio de la oligarquía aristocrática, en los primeros tiempos, convertida poco a poco, después, y consolidada hoy, en oligarquía plutocrática y siempre monopólica.
El poder político máximo ha continuado con su esencia oligárquica, pero el aumento centenario y vegetativo de la población ha sido la base del incremento plutocrático del país, lo que el sagaz Guillermo Andreve denominaba como "el avance de lo material". Pero si tal incremento era pecuniario en las alturas de la pirámide social, el incremento correspondiente de la miseria en los estratos populares también fue notorio, y comprobado hoy estadísticamente. Así, la solución del problema político de la República con su anémica y minoritaria democracia se alejaba a causa del afianzamiento progresivo y la transformación de la oligarquía aristocrática, hasta su coronación en oligarquía plutocrática, según lo acabamos de señalar.
Por diversas causas, también en la política el que paga la orquesta, manda la pieza. Recordemos que la oligarquía tradicional (mal de la colonia española y mal de la república bolivariana) optó como regla sucesoria la confinada en las elecciones periódicas de cada cuatro o cinco años, como método más racional de disputarse el poder político, en vez de las guerras civiles.
La República de los primos, mal del siglo XIX en toda la América Latina, fue el mal político de la primera mitad del siglo XX panameño, a través de las elecciones cuatrienales o quinquenales, suspendidas de vez en cuando y de tarde en tarde, por los golpes semisecretos o públicos del Ejército nacional.
Debemos insistir en que los períodos espasmódicos del régimen militar, se agregaron a los períodos oligárquicos de elecciones, y por ello también la democracia panameña, excepto en el largo período policíaco de 1968-1989, es una democracia quinquenaria, que sólo admite el voto el día eleccionario, desconociendo cualquier otra expresión participativa. A lo que vino a agregarse el control oligárquico de la partidocracia constitucional de 1983, como también el rígido feudo del circuito electoral, alimentado por el soborno de las partidas circuitales legalizadas o secretas. Un panorama poco propenso al cambio.
La euforia exterior creada superficialmente por el Centenario parece trasvasada, por la cercanía al proceso electoral, a este último.
El número crecido de candidatos para los cargos de elección moviliza a ciertos sectores del pueblo, que buscan la alternancia de figuras para que, por nexos familiares o partidistas, algo les toque a tales sectores.
La mayoría de votantes potenciales observa en silencio el panorama y es verdad que el grueso del electorado, el cual no pertenece a ningún partido político, se define en las últimas dos o tres semanas antes del gran día. Parece que midiendo desde hoy no habrá gran entusiasmo, aunque el pueblo panameño le gusta votar. Amanecerá y veremos.

101 años de Panamá América

 
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