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¿Democracia o plebiscito?


En Chile, los neodemócratas (PS-PPD) y los neosocialistas (PDC-PRSD) han insistido en estos días en la urgencia de un plebiscito para que la mayoría ocasional imponga reformas que le den todo el poder al Ejecutivo. El candidato Lagos y el presidente Frei estiman que quedan resabios de la dictadura en el texto constitucional que en su momento aceptaron, que la mayoría ciudadana aprobó y que ha funcionado por una década, sin grandes problemas. Más aún, con la actual normativa la Concertación ha hecho lo que ha querido: nos ha metido las manos en el bolsillo, el Estado ha crecido y ha gastado en "equidad" lo que nunca antes, con tan óptimos resultados que ahora el candidato oficialista dice que se requiere otro gran cambio.
Para democratizar de verdad habría que entregar más poder, libertad, decisiones y dinero a la gente, lo que se podría hacer de inmediato reduciendo el tamaño del Estado y los tributos, cerrando ministerios, comisiones y programas inútiles, que sólo sirven para el parasitaje político.
No me gustan los senadores designados, pero sí los contrapesos que le quiten poder al gobierno de turno. El plebiscito que se pide tiene excesivo olor a dictadura legal, y se parece al experimento totalitario del venezolano Hugo Chávez, que ya cerró, de hecho, el Parlamento y que tiene anulado el Poder Judicial.
No corresponde a una verdadera democracia, en la que se respeten la libertad y los derechos individuales, el que por la vía de plebiscitos la mayoría haga lo que quiera. Chávez no puede hacer lo que se le ocurra aunque tenga el 80 por ciento de los votos, así como tampoco Hitler, quien gozaba de un enorme respaldo popular, tenía derecho a matar y torturar a judíos, gitanos y disidentes.
A los compañeros neodemócratas y neosocialistas habría que recordarles que en democracia las mayorías eligen a los gobernantes, pero no para hacer lo que se les ocurra. Aunque les cueste aprenderlo, los derechos personales son anteriores al Estado, y las reglas del juego e instituciones que permiten el desarrollo libre de los individuos no se pueden cambiar a cada rato por mayorías ocasionales. Hay que hacer una mesa de conversación suelta y tranquila para revisar las leyes electorales y de partidos para ampliar y democratizar el mercado político. Se puede estudiar también el cambio de las actuales fórmulas de control sobre el Ejecutivo por otras mejores, que limiten más su poder. También se deberían ver formas de reducir el Estado, su tamaño y poder, para aumentar el de los ciudadanos.
¿No es acaso la democracia el gobierno del pueblo y no el de los monarcas, burócratas, ministros o funcionarios?
Así como la mesa de derechos humanos debiera llegar a un punto final, la de la Constitución tendría que hacer otro tanto, pero con calma, con amplios consensos y para más adelante. Pero nada de plebiscitos como el que quieren Lagos y Frei o el Chávez aplicó en Venezuela.
Decano de economía de la Universidad Finis Terrae, fue presidente del Banco Central

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