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Democracias endebles


La nuestra es una democracia débil, como lo es la mayoría de las que existen en América Latina. Vienen de un largo y sanguinario apagón de veinte o treinta años de dictaduras militares o gobiernos civiles de fachada de finales de los años 60. A partir de la última década de la recién pasada centuria fueron resurgiendo los gobiernos libremente electos y las satrapías militares fueron pasando de moda. Ese sólo detalle contribuye a la fragilidad del nuevo sistema, sin que sea la principal causa la cual corresponde a la corrupción que carcome a nuestros gobiernos e instituciones.
Hace pocas semanas, el Dr. Ricardo Arias Calderón publicó una serie de tres artículos en los que listó a manera de ilustración los casos de diez presidentes latinoamericanos libremente elegidos que en las últimas dos décadas no pudieron terminar su mandato o que habiéndolo concluido fueron a parar a los tribunales y a la cárcel acusados de actos criminales y de corrupción. Con la diferencia, respecto a otros tiempos, que en esta ocasión fueron las masas populares o la presión ciudadana las que forzaron su dimisión prematura, en lo que el profesor uruguayo, Gerardo Caetano, llama "golpes de estado de nuevo cuño".
Los resultados de una reputada encuesta continental denominada Latinobarómetro, arrojan que la desigualdad, la corrupción y el descrédito de las instituciones está incrementando año tras año el descontento con el sistema democrático, lo que - a nuestro juicio - abre las puertas a la tentación totalitaria o a las aventuras demagógicas. Según el documento, el apoyo a la democracia viene descendiendo desde un 61% en 1996 a 56% en el 2002 y 53% en el 2003.
De 18 países estudiados, el que registra mayor satisfacción con la democracia es Costa Rica con 47% y el menor es Paraguay con 9%. Entre ambos extremos tenemos a Panamá en el lugar 12 con 24% de satisfacción, Chile de sexto con 33%, México en el lugar 16 con 18% y Honduras en el 4 con 37% gobernado por un presidente panameño. Padecemos, pues, de una preocupante insatisfacción ciudadana con la democracia, de la cual, conocidas las causas, queda en manos de los políticos, los partidos y los gobiernos poner remedio. De no hacerlo, es de esperar que estaremos en cualquier momento de vuelta al otro extremo del péndulo.

101 años de Panamá América

 
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