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Democratización


El desarrollo de la democracia, si es que ésta se entiende en su sentido profundo, significa la construcción de una sociedad de hombres y mujeres libres. Esto no sólo apunta a la satisfacción de las necesidades básicas de todos los ciudadanos, la que genera la libertad sobre la penuria en el sentido de Amartya Sen, sino también hacia un conjunto de condiciones que permitan el pleno desarrollo de todas las capacidades de cada persona, lo cual, entendiendo que el ser humano las desarrolla por medio de la práctica transformadora y creadora, significa la instauración de una sociedad profundamente participativa.

La actual situación de la sociedad panameña contrasta en todos los ámbitos con este ideal de democracia real. En el plano económico nos encontramos con una situación en la que, a manera de ilustración, se puede señalar que, de acuerdo con la OIT, la mitad de los trabajadores recibió en el 2007 una remuneración mensual inferior al salario mínimo. En estas circunstancias no es de extrañar que, según datos de la FAO, cerca de una quinta parte de la población panameña esté subalimentada. Se trata de una situación que, además, se ve tensada por las recientes presiones inflacionarias, que han encarecido la canasta básica en más de un 30%.

La ausencia de una efectiva democracia en lo económico se manifiesta en una profunda falta de equidad social, la que, entre otras cosas, significa que el ingreso por persona de quienes hacen parte del 10% más rico de la población sea 49 veces mayor al que reciben los que son parte del 10% más pobre de la misma. Se trata de una matriz profundamente sesgada que diferencia radicalmente las posibilidades y oportunidades de los diversos sectores sociales. Es así, por ejemplo, que mientras que en el caso del 20% de la población de mayores ingresos, la tasa neta de matriculación en secundaria supera el 95%, dicho indicador alcanza apenas al 42% para el 20% más pobre de la población.

La falta de una efectiva democracia en la esfera económica y social tiene su correlato en las carencias democráticas del plano político. En este se observa una democracia apenas formal, en la que la efectiva participación de la población y la expresión de sus intereses resultan bloqueadas por un sistema de partidos carentes de democracia interna, diseñado para asegurar el imperio de los sectores económicamente dominantes. El mismo también se caracteriza por los costosos procesos de inscripción electoral, las campañas multimillonarias que entregan el poder a los donantes y a los dueños de los partidos, así como por un sistema de seudorepresentación, que no asegura la participación, la descentralización, la rendición de cuentas y, mucho menos, la posibilidad de revocatoria de mandato por parte de los electores.

En esas circunstancias resulta evidente que la tarea fundamental es la de poner en marcha un profundo proceso de democratización económica y social que permita abrir un camino hacia la sociedad de los hombres y las mujeres libre, siendo indispensable la construcción de una fuerza política popular con capacidad de lograr una democratización de la esfera política, a partir de la cual será posible la construcción de un Estado radicalmente democrático y la concreción del objetivo aquí planteado.

101 años de Panamá América

 
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