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Dengue hemorrágico


En recientes declaraciones el señor Ministro de Salud ha informado sobre el inminente peligro de que en nuestro país haya un brote del muy contagioso y mortal dengue hemorrágico. Ha solicitado la cooperación de la comunidad para mantenerse vigilante y suprimir los focos de criaderos del mosquito que lo provoca, los cuales son todas las aguas estancadas.
El peligro será muy serio durante la época lluviosa que se avecina, dada la sordera e indiferencia de un pueblo alegre y confiado como el nuestro.
Creemos que para prevenir el mal convendría iniciar una sólida campaña publicitaria de inmediato. Nuestra prensa podría presentar cintillos conminando a la población a mantenerse activa y combativa para prevenir el dengue hemorrágico. La radio podría desempeñar un papel muy importante por su capacidad de penetración hasta las más recónditas comunidades del país. Además, convendría que el Ministerio de Gobierno y Justicia conmine a los señores gobernadores de nuestras provincias para que con los representantes de sus respectivas comunidades, alcaldes y corregidores, inicien una campaña de saneamiento mediante visitas a predios tan comúnmente usados como crematorios donde se echan receptáculos en los que se pueden acumular aguas de lluvia.
En esa labor de saneamiento podrían establecerse comisiones de inspección y vigilancia integradas por vecinos de buena voluntad para lograr el más óptimo rendimiento de la campaña. Estamos justamente a tiempo para actuar afrontando el peligro que constituyen los que, prematuramente, desafían a la muerte. Así lo dice un viejo que nada tiene ya que regatearle al tiempo y está a favor de los que, cronológicamente, pueden aún abrigar la esperanza de que Dios les conceda una larga vida a ellos y a sus descendientes.
A nadie se le ocurrieron dos fórmulas realmente eficaces. La una, con efectos inmediatos, es obtener medidores nuevos, que no sean como los que usan las distribuidoras, y seguidamente llevar a cabo un programa de pruebas selectas en los hogares de los quejosos y también al azar.
Así se comprendería cómo es posible que el suscrito consuma hoy tres y cuatro veces lo que consumía en 1990, sin haber comprado ni un sólo foco nuevo, y cómo, en un mes de febrero, con la casa cerrada durante dieciséis días de hospitalización, la cuenta subió considerablemente porque marcaba un consumo mayor que en los otros meses.
La solución duradera, por cierto, obliga a recordar que, cuando era la Compañía del Canal la que generaba y distribuía electricidad, nunca había apagones y los precios eran realmente irrisorios en comparación con lo que son ahora. Por cierto, no está de más recordar igualmente que las utilidades públicas, como su nombre lo dice, son función del Estado y no de particulares. En efecto, durante la presidencia de Endara, si llegaba al Gabinete una sugerencia de privatización del IRHE y del INTEL, Jorge Rubén Rosas intervenía para advertir que eso sería inconstitucional, por lo que siguieron siendo públicas hasta caer en el ruedo frente a la embestida globalizadora que la constitución de un paisito no iba a frenar.
Soluciones hay. Lo que parece haberse acabado es lo que la liturgia tradicional denomina "hombres de buena voluntad".

101 años de Panamá América

 
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