Dentro del área de influencia de Colombia
Los vacíos se hicieron para ser llenados. A medida que iban saliendo los norteamericanos, llegaban los colombianos. Hoy día, la presencia de nuestros vecinos es abrumadora. Hasta un periódico a colores, repleto de información y anuncios, publican. Los principales colegios privados acusan una notoria presencia de hijos de colombianos en sus aulas. Y por doquier proliferan los comercios de colombianos.
En efecto, ya empezamos a acostumbrarnos a la presencia de dependientes colombianos en almacenes, restaurantes y locales de servicios, inconfundibles por su acento, aspecto simpático y jovialidad, que contrasta con la displicencia de los panameños, quienes empiezan a resentir la competencia.
En Coronado, los constructores locales se quejan de colegas colombianos que se han adueñado del mercado y , en la misma área, un herrero y artesano de igual origen, visita las mansiones del área y más allá, hasta Altos del María, a ofrecer muebles personificados y a la medida.
Si damos crédito a información aparecida en el periódico El Colombiano, las inversiones directas de nacionales del vecino país, habrían excedido en los últimos cuatro años los mil millones de balboas. Hemos de recordar que la empresa más grande del país, después del Canal, la Cervecería Nacional, pertenece a colombianos, al igual que la mayor fábrica de cemento, en asocio con capitalistas europeos. La Cámara Panameña de la Construcción, llegó a decir que más de un tercio de la inversión de la industria, era capital colombiano. La Calzada de Amador, casi toda está en manos de comerciantes colombianos, al igual que la mayoría de los salones de belleza, centenares de boutiques y varios hoteles, incluyendo al de mayor éxito en captación de turistas.
En fin, vinieron para bien, para quedarse. Después de Miami, quizás ningún otro país del continente les atrae tanto como el nuestro. No en vano, el presidente Alvaro Uribe, en vías de reelección, ha delineado su estrategia de corto y mediano plazo. Y en ella, nuestro país queda dentro de su esfera de influencia.
En varias oportunidades ha referido a la interconexión eléctrica de ambas naciones, la cual está casi terminada, al igual que al gaseoducto que nos abastecerá de combustible colombiano, para lo cual se construirá una red de tuberías por toda la ciudad y, finalmente, a la carretera costera que rompa el Tapón del Darién. La momentánea negativa de Panamá no los amilana. Seguramente, mientras nos convencen, irán adelantando su parte.
En efecto, ya empezamos a acostumbrarnos a la presencia de dependientes colombianos en almacenes, restaurantes y locales de servicios, inconfundibles por su acento, aspecto simpático y jovialidad, que contrasta con la displicencia de los panameños, quienes empiezan a resentir la competencia.
En Coronado, los constructores locales se quejan de colegas colombianos que se han adueñado del mercado y , en la misma área, un herrero y artesano de igual origen, visita las mansiones del área y más allá, hasta Altos del María, a ofrecer muebles personificados y a la medida.
Si damos crédito a información aparecida en el periódico El Colombiano, las inversiones directas de nacionales del vecino país, habrían excedido en los últimos cuatro años los mil millones de balboas. Hemos de recordar que la empresa más grande del país, después del Canal, la Cervecería Nacional, pertenece a colombianos, al igual que la mayor fábrica de cemento, en asocio con capitalistas europeos. La Cámara Panameña de la Construcción, llegó a decir que más de un tercio de la inversión de la industria, era capital colombiano. La Calzada de Amador, casi toda está en manos de comerciantes colombianos, al igual que la mayoría de los salones de belleza, centenares de boutiques y varios hoteles, incluyendo al de mayor éxito en captación de turistas.
En fin, vinieron para bien, para quedarse. Después de Miami, quizás ningún otro país del continente les atrae tanto como el nuestro. No en vano, el presidente Alvaro Uribe, en vías de reelección, ha delineado su estrategia de corto y mediano plazo. Y en ella, nuestro país queda dentro de su esfera de influencia.
En varias oportunidades ha referido a la interconexión eléctrica de ambas naciones, la cual está casi terminada, al igual que al gaseoducto que nos abastecerá de combustible colombiano, para lo cual se construirá una red de tuberías por toda la ciudad y, finalmente, a la carretera costera que rompa el Tapón del Darién. La momentánea negativa de Panamá no los amilana. Seguramente, mientras nos convencen, irán adelantando su parte.