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Depuración


El intercambio de ideas en mesas redondas tan usual en nuestras radioemisoras y televisoras constituye un ejercicio muy interesante e ilustrativo.

Desgraciadamente, a veces hay en ellas participantes que pareciera que carecen del suficiente control emocional e interrumpen a los demás con marcada frecuencia y hacen sentirse incómodos y hasta enojados a quienes siguen el desarrollo de esos programas.

Sería de desear que los moderadores o dirigentes de tales eventos advirtieran a los concurrentes que frenaran sus ímpetus sin convertir el programa en un triste cotorreo de dimes y diretes, a veces hasta con resabios de disputa avillanada.

En tales eventos los actores deberán tomar en cuenta, aunque discrepen los unos de los otros, que los caballeros dirimen sus diferencias calzando guantes blancos y de seda sin desenfundar espadas ni esparcir vitriolo.

Es de desear también que los organizadores y conductores de tales programas tomen en cuenta el grado de cultura de los participantes. Hay casos de tan alarmante revelación de la supina ignorancia en que se encuentran algunos, que cuando hacen uso de la palabra inspiran a la par lástima y preocupación, dado el daño que causan, tanto a la empresa que los presenta, como a la imagen del país.

Conviene, y hasta se hace ya necesario, que empecemos a depurar y no se repitan invitaciones a quienes no sepan hablar para el público.

101 años de Panamá América

 
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