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Depuración de la justicia


Recientemente, unos funcionarios judiciales fueron destituidos tras un proceso por faltas a la ética judicial. En buen español, hay que decir que fueron destituidos por corruptos. Es una buena noticia porque la Corte Suprema al fin comienza a asumir su rol de promover la limpieza en su propia casa, pues nadie lo puede hacer por ella. Pero en estos casos no se puede ser selectivo y echar a unos por la puerta y a otros echarlos debajo de la alfombra. Instamos a los magistrados de la Corte Suprema, o por lo menos a la mayoría sana de ellos, a que profundicen las tareas de profilaxis dentro de la propia institución. Pues los estándares éticos que deben caracterizar a los funcionarios judiciales son muy superiores a los que se encuentran en el área de la administración pública.

Sólo cuando los funcionarios judiciales -¡Todos!, desde el escribiente y el mensajero, hasta el juez y el secretario- sean conocidos por su rectitud e intachable conducta, podrá la ciudadanía volver a confiar en la justicia y sentirse segura en la protección de sus derechos. Mientras tanto, tenemos que hacer énfasis en que hay corrupción en el sistema de justicia, como tantas veces se ha denunciado, y como, en efecto, lo confirman las investigaciones de la propia Corte. Esperamos que continúen las buenas noticias.

101 años de Panamá América

 
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