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Derecho y educación sexual


La injustificada polémica que han desatado algunos grupos fundamentalistas en torno a la presentación, ante la Asamblea Nacional de diputados, del Anteproyecto de Ley Integral sobre Salud Sexual y Reproductiva, exige por respeto a la opinión pública, por respeto a la consolidación de un proceso democrático basado en Derechos Humanos (DD.HH.), que presentemos algunas explicaciones puntuales sobre el tema.

En primer lugar, somos fieles creyentes de que debemos promover un modelo de democracia participativa, sin exclusiones con respeto a lo que reza la Declaración Universal de Derechos Humanos, en su artículo 2, acápite 1: "Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición". Es importante que la comunidad conozca que este anteproyecto de ley fue amplia y debidamente consensuado con todos los sectores que durante un agotador proceso de más de tres años, aportaron sus puntos de vista; entre estos sectores, se encuentran los que hoy, patológicamente lo adversan, e incluyo a las Iglesia católica. Este anteproyecto se elabora sobre la base de convenios y tratados internacionales de los que nuestro país es signatario, entre los que destacan, además del enunciado, la Convención sobre los Derechos del Niño, y teniendo a la familia como base primaria de la formación de niños y niñas.

En segundo lugar, es inaceptable la malévola desinformación que vulnera los más elementales derechos humanos de los panameños, sobre todo, cuando proviene de connotadas figuras políticas que, en adición siendo mujeres, desvirtúan un concepto tan importante como el de perspectiva de género y que se incorpora en este anteproyecto, por la importancia impostergable de empoderar a nuestras mujeres con educación, cuando las estadísticas reflejan que la violencia intrafamiliar, violaciones, feminicidios, abuso sexual, prostitución infantil y pornografía se incrementan a diario; además del evidente aumento del turismo sexual, discotecas, bares y prostíbulos sin que ninguna de estas figuras se pronuncie, aunque se localicen a menos de cien metros de iglesias y centros de culto.

El Anteproyecto incorpora un glosario para no dar cabida a interpretaciones, y me permito compartirles la definición de perspectiva de género: "Enmarca las creencias, roles, gustos, valores, comportamientos y otros que en cada cultura se establece para hombres y mujeres, en un contexto geográfico, étnico e histórico determinado; es el cómo nos socializamos. Este enfoque busca mejorar la eficacia social de las intervenciones, programas y proyectos a través del reconocimiento de los derechos de hombres y mujeres."

Es obvio que para entender este anteproyecto, hay que ponerse las chancletas de la gente pobre, que es la que no recibe educación para tomar decisiones. Para algunos es mejor que se instruyan con la televisión, en la calle, o con los abusadores de menores; ya que para algunos la pobreza es funcional. El anteproyecto no es religión es derechos humanos.

101 años de Panamá América

 
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