Derechos, mesas, masoquismo y odio
Santiago de Chile (AIPE) - Edmundo Pérez Yoma, que preside la llamada "mesa de diálogo", es una gran y buena persona, como lo fue su padre, al que admiraba y del que pensaba iba a ser candidato a la presidencia de Chile en 1970, en lugar de Tomic. Como buen joven idealista, pajarón o democratacristiano, me equivoqué y mire todo lo que pasó después. Con Pérez Zujovic la historia habría sido otra.
Ahora tenemos una mesa para repasar, como en el colegio, las imbecilidades que los chilenos hicimos y que ya sería hora de olvidar y perdonar, como lo ha hecho nuestro Edmundo con los terroristas que asesinaron a su padre y a mi líder de entonces. Es de esperar que le vaya bien, pero dicen que la mesa está en problemas porque apareció Pinochet en Chile (dónde iba a aparecer) y sus colegas y amigos lo recibieron con entusiasmo. ¿Será lo normal que Pinochet viva en el extranjero, preso y sin juicio, como Arancibia Clavel en Argentina, y que al llegar a Chile no le den un abrazo?
Dicen que los autodenominados abogados de derechos humanos se molestaron y terminarían el diálogo que, supuestamente, se lleva a cabo para progresar en esta materia. Sus colegas no han reaccionado igual, quizás porque se dedican a las chuecuras humanas, los derechos inhumanos o no tuvieron la suerte de doctorarse en la materia, que se ve muy rentable en el mundo globalizado.
En Chile nos violaron los derechos personales a todos. Y pudo ser peor si hubiera habido la guerra civil que anunciaban los amigos de los que se retiran del diálogo. ¿Qué ganamos con seguir repasando la historia de la quiebra completa que vivió el país, con sus heridos y muertos por hambre o por asesinatos políticos? ¿Vamos a continuar inventando delitos, como el secuestro de muertos, o seguir en cientos de juicios interminables, quizás destinados a asesinar de depresión a pobres ancianos, algunos con una pata en el cajón? Parece ser la lógica de los nuevos especialistas en lo que conocí como derechos individuales, personales o del hombre y que ahora denominan humanos, quizás para darles una connotación grupal, social-socialista, de clase, impersonal y globalizada.
La persistencia en el tema tiene un ingrediente electoral y como el proyecto socialista clásico abortó, sirve bien de sustituto. Los derechos humanos se usaron hasta la primera vuelta presidencial, después se silenciaron y reaparecieron tras la segunda.
¿Votó la ciudadanía para elegir la mesa de diálogo? No. Se trata de "senadores" designados. Nosotros elegimos parlamentarios y gobernantes, a quienes les pagamos bien para que arreglen los problemas. No lo han hecho. Son unos flojos.
En crisis como la que Chile vivió hay que partir de cero. Indemnización a todos los afectados y término de los juicios y persecuciones, y, por de pronto, de las vejaciones externas de países, como los europeos, que han vivido matándose entre ellos. ¿Y los detenidos desaparecidos? Si hay real interés por ellos, la delación compensada es la solución. Poco elegante, pero funciona. Después de tres veces de escribir lo mismo, al menos podrían designarme para la mesa del pellejo: la de los derechos personales del cristianismo que perdona.
Decano de economía de la Universidad Finis Terrae, fue presidente del Banco Central.
Ahora tenemos una mesa para repasar, como en el colegio, las imbecilidades que los chilenos hicimos y que ya sería hora de olvidar y perdonar, como lo ha hecho nuestro Edmundo con los terroristas que asesinaron a su padre y a mi líder de entonces. Es de esperar que le vaya bien, pero dicen que la mesa está en problemas porque apareció Pinochet en Chile (dónde iba a aparecer) y sus colegas y amigos lo recibieron con entusiasmo. ¿Será lo normal que Pinochet viva en el extranjero, preso y sin juicio, como Arancibia Clavel en Argentina, y que al llegar a Chile no le den un abrazo?
Dicen que los autodenominados abogados de derechos humanos se molestaron y terminarían el diálogo que, supuestamente, se lleva a cabo para progresar en esta materia. Sus colegas no han reaccionado igual, quizás porque se dedican a las chuecuras humanas, los derechos inhumanos o no tuvieron la suerte de doctorarse en la materia, que se ve muy rentable en el mundo globalizado.
En Chile nos violaron los derechos personales a todos. Y pudo ser peor si hubiera habido la guerra civil que anunciaban los amigos de los que se retiran del diálogo. ¿Qué ganamos con seguir repasando la historia de la quiebra completa que vivió el país, con sus heridos y muertos por hambre o por asesinatos políticos? ¿Vamos a continuar inventando delitos, como el secuestro de muertos, o seguir en cientos de juicios interminables, quizás destinados a asesinar de depresión a pobres ancianos, algunos con una pata en el cajón? Parece ser la lógica de los nuevos especialistas en lo que conocí como derechos individuales, personales o del hombre y que ahora denominan humanos, quizás para darles una connotación grupal, social-socialista, de clase, impersonal y globalizada.
La persistencia en el tema tiene un ingrediente electoral y como el proyecto socialista clásico abortó, sirve bien de sustituto. Los derechos humanos se usaron hasta la primera vuelta presidencial, después se silenciaron y reaparecieron tras la segunda.
¿Votó la ciudadanía para elegir la mesa de diálogo? No. Se trata de "senadores" designados. Nosotros elegimos parlamentarios y gobernantes, a quienes les pagamos bien para que arreglen los problemas. No lo han hecho. Son unos flojos.
En crisis como la que Chile vivió hay que partir de cero. Indemnización a todos los afectados y término de los juicios y persecuciones, y, por de pronto, de las vejaciones externas de países, como los europeos, que han vivido matándose entre ellos. ¿Y los detenidos desaparecidos? Si hay real interés por ellos, la delación compensada es la solución. Poco elegante, pero funciona. Después de tres veces de escribir lo mismo, al menos podrían designarme para la mesa del pellejo: la de los derechos personales del cristianismo que perdona.
Decano de economía de la Universidad Finis Terrae, fue presidente del Banco Central.