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Derrama tu amor


"María tomó entonces como medio litro de nardo puro, que era un perfume muy caro y lo derramó sobre los pies de Jesús, secándoselos luego con sus cabellos. Y la casa se llenó de fragancia del perfume.
Judas Iscariote, que era uno de los discípulos y que más tarde lo traicionaría, objetó: ¿Por qué no se vendió este perfume, que vale muchísimo dinero, para dárselo a los pobres? Dijo esto, no porque se interesara por los pobres sino porque era un ladrón y como tenía a su cargo la bolsa del dinero, acostumbraba robarse lo que echaban en ella. Déjala en paz respondió Jesús Ella ha estado guardando este perfume para el día de mi sepultura" JN12:37
Ya hay rumores: los fariseos, los saduceos, los herodianos están tramando la muerte de Cristo, porque Cristo ya incomoda. Cristo dice ya muchas verdades y hace daño a los poderes de su tiempo, entonces hay que matarlo. María, la hermana de Lázaro, intuye que a Jesús le quedan pocos días. ¿Y qué hace ella?. Expresa su amor y despide a Cristo con un gesto tan lindo, tan hermoso, que queda escrito para siempre en la Biblia.
Cristo sabe lo que esto significa. El comprende su gesto de amor. Solamente la gente que ama, entiende estos gestos. Los que no aman, como Judas, dicen: "¡qué ridículo!, ¡qué estupidez!, ¿qué le pasó a ella? "Ese frasco de perfume pudimos haberlo vendido y dar la limosna a los pobres". Judas, ya no entiende de amor. En su corazón había matado a Cristo, había matado el amor. Entonces ve los gestos de amor como ridículos, tonterías, bobadas y romanticismos baratos. El que ama, en cambio, sí sabe entender lo que son los detalles y los gestos de amor. Y esta muchacha, en un gesto impresionante de amor, bañó los pies de Cristo con el perfume, besó los pies del Maestro y le secó los pies con sus cabellos.
En este mundo, tan seco y frío, faltan muchos gestos sencillos y profundos de amor. Somos pocos expresivos. Lo positivo nos da pena. Sentimos vergüenza de besar a nuestra madre y abrazarla, de decirle a nuestro hermano que lo queremos y que lo estimamos; decirle a mi amigo, a mi amiga, que lo estimo, que la quiero, que es algo maravilloso que en mi vida me haya sucedido el tener su amistad. ¡Sin pena! Porque nos da mucha pena expresar lo que sentimos. Nos da pena reflejar lo que vivimos en el alma. Deberíamos ser más expresivos en el amor, mucho más cariñosos más efusivos con los demás y ¡qué se ría el que quiera!.
Deberíamos sentir pena en hacer lo malo, nunca en hacer lo bueno. Cuando uno ama y expresa el amor, uno expide un perfume espiritual que lo sienten todos aquellos que aman. Uno va dejando una estela, un olor perfumado donde vaya, porque uno está amando. Uno purifica el ambiente donde está con el buen olor del amor. El que ama se convierte en una persona simpática, agradable, fina, en una persona delicada. El que ama siente que esa persona es especial. En cambio, el que ama se hace grotesco, burdo, se hace seco, frío.
El que no ama despide una energía negativa. Cuando uno se encuentra con una persona que no ama, se siente como el filo de un cuchillo, de un machete, de una espada que atraviesa el aire. Esta persona provoca discordia en el grupo, división, agresividad. En cambio, cuando uno se encuentra con una persona que ama, en el ambiente hay algo nuevo y comienza la concordia, la armonía, la reconciliación, la alegría, la esperanza. Una vida nueva aparece en el ambiente como un rayo de luz, cuando llega una persona que ama. Necesitamos en este mundo, tan agresivo y violento, más gente que ame.
Oye, hermano, tú también tienes en tu corazón un frasco de amor, como esa mujer que derramó el frasco de perfume en los pies de Jesús. ¿Cuántas veces tu has amado de verdad? ¿Cuántas veces ese frasco de perfume, que es el amor en tu corazón, lo has depositado en los demás? ¿Alguna vez has sentido que has roto ese frasco de perfume y lo has vaciado en una causa noble, en una lucha por un bien auténtico, en los pobres, por ejemplo, en Cristo Jesús, en la Eucaristía, en el Santísimo? Responde hoy.
Dicen que el infierno será, entre otras cosas, una eterna soledad. Habiendo nacido para amar y ser amado, para estar encontrándome con Dios y con los demás, vivir eternamente solo. ¿Qué peor castigo que ese? Y ya en esta vida, por no amar, yo puedo convertirme en una persona solitaria, que vive en un infierno personal, solo.
Cada pecado trae su castigo. Y el pecado del egoísmo, ese frasco de perfume que no derramas en nadie, produce la soledad. Te vas a quedar solito, y eso es muy triste porque nacimos para amar y ser amados. Es posible que hoy mismo tú estés viviendo una vida sola y aburrida, ¿por qué? Porque ese frasco de perfume no lo derramas.
Hermano, ¿tienes el frasco de perfume intacto? Déjame decirte de una ley espiritual: cuando uno da mucho amor, uno recibe más amor de lo Alto. Cuando uno no lo da, se va secando, y ese perfume se va evaporando. Cuando te das, recibes mucho más; cuando tú no te das te quedas seco y te conviertes en una persona triste, amargada, vacía y sola.
Necesitamos un mundo de personas heroicas, que sacrifiquen su vida por causas nobles y que sigan el camino de Cristo, construyendo un mundo nuevo. Por eso, mi hermano mi hermana, amenos de verdad, como Cristo ama, como amó María derramando ese amor a los demás, entregándonos a nuestro prójimo, demostrando nuestro amor. Así estaremos unidos siempre a Dios, que es Amor y ¡con El somos... invencibles!.

101 años de Panamá América

 
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