Derroche
Es triste advertir cómo la vanidad derrocha el dinero ajeno, y peor aún, cuando éste es propiedad del pueblo. Irrita la noticia de que la Asamblea Nacional ha comprado dos automóviles para uso de su presidencia a un costo mayor a 74,000 dólares. Irrita también que el secretario de dicho organismo haya salido a justificar tan onerosa adquisición.
Es hora ya de actuar con sensatez. Si los rangos deben honrarse con dignidades, eso debe ser sin costosas exageraciones. Aparte de muy contadas excepciones, tales como el Presidente de la República, y de algunos otros funcionarios de elevada posición representativa en el engranaje gubernamental, al resto de aquellos a quienes se les suministra auto hay que limitarles el gasto. Por una lado, ellos no deberán adquirir auto nuevo cuando reemplacen a cualquier funcionario con derecho a él y que el mismo se encuentre aún en buenas condiciones. Además, conviene establecer un precio fijo que no alcance para automóviles de lujo y quienes así lo deseen, que cubran de su propio peculio la diferencia. Ante una comunidad llena de necesidades lo ostentoso resulta humillante y ofensivo. Si esta sugerencia se acogiera, nuestros gobiernos dispondrían de buen dinero para mejores menesteres.