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¿Desaceleración económica o recesión?


No hay banquero, comerciante o industrial que en estos días no se manifieste sumamente preocupado por el comportamiento de sus respectivos negocios durante los últimos seis meses. En general, los ingresos brutos están por debajo de los niveles alcanzados en estos mismos períodos, en los últimos cuatro años. Aunque existe diferencia de criterios en cuanto a las causas de esta situación económica, nadie discute que el país está frente a una desaceleración económica que en ausencia de correctivos acertados, podría convertirse en una recesión.
Los políticos, especialmente de oposición, señalan las políticas del nuevo gobierno, como la principal causa de dicha desaceleración. En su opinión, los inversionistas nacionales y extranjeros han disminuido su entusiasmo porque no ven con buenos ojos el trabajo del gobierno durante sus primeros meses, durante los cuales se dedicó a deshacer lo hecho a última hora por el gobierno anterior (por ejemplo, la derogatoria de la Sala Quinta) y a promover políticas económicas incoherentes. Indican que el nuevo gobierno carece de un programa económico coherente.
Algunos, como el expresidente de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (APEDE), Felipe Rodríguez; el ministro y el viceministro de Economía y Finanzas, Víctor Juliao y Ricardo Quijano, respectivamente, también reconocen la existencia de dicha desaceleración, y consideran que su principal causa es la partida de las bases militares estadounidenses de las riberas del Canal de Panamá, las cuales contribuían al menos B/.300 millones anuales a la economía local. También señalan la preocupante situación que prevalece desde hace un año en la Zona Libre de Colón, donde la actividad reexportadora ha sufrido una merma importante por la crisis económica en sus principales mercados, a saber, Ecuador, Venezuela y Colombia.
No obstante lo anterior, las autoridades de gobierno se manifiestan optimistas y señalan que en abril las cosas deben mejorar, ya que comenzará la franca ejecución del presupuesto nacional del Estado. Falta por ver, sin embargo, si cuentan con la capacidad ejecutiva para mantener andando la maquinaria burocrática, de manera que el gasto público presupuestado genere actividad económica multiplicadora.
Sin embargo, para reactivar la economía no será suficiente la ejecución mera presupuestaria. El país requiere de la inversión privada, nacional y extranjera, la cual sólo se producirá si el gobierno, en su discurso y actuar, envía las señales correctas: honestidad, transparencia, coherencia, regulación en lugar de intervención estatal en las actividades económicas y seguridad jurídica.


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